El embajador estadounidense en Argentina, Peter Lamelas, calificó el encuentro como una de las conferencias de mayor relevancia organizadas por Washington en materia de control de drogas, y cifró en cerca de un millar los agentes de la DEA y el FBI presentes junto a funcionarios del Ministerio de Seguridad argentino. La cita se celebra en un momento de estrecha sintonía diplomática entre las Administraciones de Donald Trump y Javier Milei, que han reforzado su cooperación en seguridad desde la llegada del segundo a la Casa Rosada en diciembre de 2023.
Según cifras difundidas en la apertura por representantes gubernamentales argentinos, el país ha detenido este año a 350 personas señaladas por narcotráfico y ha incautado 10 toneladas de cocaína junto a 65 toneladas de precursores químicos empleados en su elaboración. Los datos, atribuidos al Ministerio de Seguridad Nacional, se presentaron como balance oficial sin que se difundieran series históricas comparables de ejercicios anteriores que permitan valorar si el incremento reportado responde a una tendencia sostenida o a una intensificación puntual de operativos.
Qué es la IDEC y por qué se reúne en Buenos Aires
La IDEC —siglas en inglés de International Drug Enforcement Conference— es un foro impulsado por la DEA que desde su fundación en la década de 1980 convoca periódicamente a responsables policiales y judiciales de distintos continentes para intercambiar inteligencia sobre rutas de tráfico, blanqueo de activos y estructuras delictivas transnacionales. Ediciones anteriores se han celebrado en ciudades latinoamericanas vinculadas históricamente a la producción y el tránsito de cocaína hacia los mercados norteamericano y europeo.
Que la sede de este año recaiga en Buenos Aires proyecta a Argentina como socio prioritario de Washington en el Cono Sur. La relación entre Milei y Trump se ha consolidado como uno de los ejes más visibles de la política exterior argentina: ambos han coincidido en varias citas internacionales y sus gobiernos han estrechado la cooperación en seguridad, en un giro respecto a etapas previas de la diplomacia argentina marcadas por una relación más distante con Estados Unidos.
La agenda oficial se centra, según los organizadores, en el intercambio de inteligencia crítica, la cooperación judicial y el fortalecimiento de capacidades operativas conjuntas contra el tráfico de estupefacientes, el blanqueo internacional y el narcoterrorismo. La cooperación bilateral en la materia se apoya en convenios internacionales como la Convención de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas de 1988, que fija estándares de asistencia judicial mutua, extradición y control de precursores químicos suscritos por la mayoría de los países participantes, incluidos EE UU y Argentina.
El encuentro se inscribe en la política exterior más amplia de la Administración Trump hacia Iberoamérica. Desde su regreso a la Casa Blanca, el mandatario ha insistido en calificar a determinadas organizaciones de narcotráfico como estructuras «narcoterroristas», una etiqueta que en el ordenamiento estadounidense puede habilitar herramientas legales y presupuestarias distintas de las aplicadas al crimen organizado convencional, incluida la posibilidad de acciones militares o de inteligencia más allá de la cooperación policial tradicional.
Reservas regionales y el precedente del Plan Colombia
Esa aproximación ha suscitado cautela en algunos gobiernos de la región, que han expresado reservas sobre eventuales operaciones unilaterales en territorio latinoamericano sin el consentimiento expreso de los Estados afectados. No consta que la conferencia de Buenos Aires haya abordado ese debate de forma explícita. Organizaciones de derechos humanos y sectores académicos han cuestionado en el pasado el enfoque predominantemente policial y militar de estas estrategias, argumentando que no atacan de forma suficiente las causas estructurales del narcotráfico, como la pobreza rural o la debilidad institucional en zonas de cultivo y tránsito.
El precedente histórico de referencia es el papel de Colombia en las décadas de 1990 y 2000 como epicentro de la cooperación antinarcóticos con Washington a través del Plan Colombia, un programa de asistencia militar y policial que combinó erradicación de cultivos, fortalecimiento institucional y operaciones conjuntas. Aquel esquema sirvió de modelo —con resultados debatidos por analistas e instituciones académicas— para posteriores acuerdos de cooperación en la región, y marca el horizonte con el que se compara la actual apuesta por Argentina.
La conferencia concluye este jueves 20 de agosto con la previsión de que los delegados suscriban conclusiones conjuntas sobre prioridades de cooperación para el próximo periodo. No se ha anunciado si el encuentro derivará en acuerdos formales vinculantes o en declaraciones de intenciones, un formato habitual en este tipo de foros multilaterales. Queda por ver si la cumbre se traduce en mecanismos concretos de coordinación operativa entre las agencias de EE UU y sus socios latinoamericanos o si su alcance queda circunscrito al terreno diplomático.


