En su mensaje a Putin, Kim afirmó sentirse orgulloso «de vislumbrar un futuro todavía más excelente» para los vínculos entre la República Popular Democrática de Corea (RPDC) y Rusia, en lo que describió como continuidad de «una historia de lucha compartida por la justicia». El texto, difundido por KCNA, respondía a las palabras del mandatario ruso, quien según el Kremlin subrayó que la relación entre ambos países ha alcanzado «un alto nivel de asociación estratégica sin precedentes» porque «coordinan sus esfuerzos con el fin de garantizar la seguridad y estabilidad regional».
Kim fue más allá en su respuesta y expresó su «firme convicción» de que el Ejército y el pueblo rusos «lograrán, sin duda, la sagrada misión de defender la soberanía, los intereses de seguridad y la integridad territorial» de Rusia, además de desear la construcción de «una poderosa Rusia» bajo la dirección de Putin. El tono de la felicitación, según la versión difundida por el Kremlin y KCNA, refleja el grado de alineamiento que Pionyang exhibe públicamente con Moscú, muy superior al de hace apenas tres años.
El respaldo militar en la guerra de Ucrania
El telón de fondo de este intercambio diplomático es la implicación militar de Corea del Norte en la invasión rusa de Ucrania, iniciada en febrero de 2022. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, denunció esta semana que el ejército ruso emplea misiles balísticos de fabricación norcoreana contra objetivos en territorio ucraniano. Zelenski aseguró además que Pionyang habría alcanzado un acuerdo con Moscú para desplegar entre 30.000 y 50.000 soldados norcoreanos en territorio ruso, con el objetivo de proteger la frontera y liberar a tropas rusas destinadas hasta ahora a esa función defensiva, que quedarían así disponibles para el frente.
Ni Moscú ni Pionyang han confirmado oficialmente esa cifra, que de verificarse supondría una escalada notable respecto a los contingentes previamente reconocidos. Según la inteligencia surcoreana, Corea del Norte ha suministrado a Rusia misiles balísticos, vehículos de combate y proyectiles de artillería. A cambio, Pionyang habría recibido de Moscú sistemas de defensa antiaérea, tecnología de guerra radioelectrónica y petróleo refinado, en un intercambio que rompe años de relativo distanciamiento.
Esa transferencia de armamento choca con las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que, desde el primer ensayo nuclear norcoreano en 2006, prohíben a Pionyang el comercio de material militar. Rusia, miembro permanente con derecho de veto, ha respaldado en el pasado esas sanciones, de modo que su cooperación actual con Corea del Norte supone un giro respecto a su propia posición previa en el organismo.
Un pacto de defensa mutua sellado en 2024
El actual grado de cooperación tiene un origen fechado: el viaje de Putin a Pionyang a mediados de 2024, el primero de un líder ruso a Corea del Norte en 25 años, durante el cual ambos países firmaron un acuerdo que incluye una cláusula de defensa mutua en caso de agresión a cualquiera de las dos partes. Ese pacto marcó el punto de inflexión hacia el envío de tropas norcoreanas a la región rusa de Kursk, entonces bajo ofensiva ucraniana. El acuerdo evoca el tratado de amistad que unió a la Unión Soviética y a Pionyang durante la Guerra Fría, vínculo que se diluyó tras el colapso soviético de 1991, cuando Rusia priorizó sus relaciones con Seúl.
A mediados de julio, Putin recibió en Moscú por segunda vez en menos de un año a la ministra de Exteriores norcoreana, Choe Son-hui. En ese encuentro, el mandatario ruso agradeció de nuevo la asistencia militar de Pionyang y subrayó que Rusia «nunca olvidará» esa colaboración. La relación entre ambos Estados se remonta a la fundación del régimen norcoreano en 1948, cuando la Unión Soviética respaldó la instauración de Kim Il-sung, abuelo del actual líder, y su intervención en la Guerra de Corea (1950-1953).
Corea del Sur y Estados Unidos observan la consolidación de estos vínculos como un factor que podría acelerar el programa nuclear y de misiles norcoreano mediante la transferencia de tecnología rusa. Washington ha reclamado en foros de la ONU la aplicación estricta de las sanciones vigentes, mientras Moscú y Pekín han frenado en el Consejo de Seguridad los intentos de reforzarlas. Ni el Kremlin ni Pionyang han respondido públicamente a las acusaciones concretas formuladas por Zelenski sobre el número de soldados desplegados.
De cara a los próximos meses, la atención de Seúl y Tokio se centra en si el contingente norcoreano en Rusia alcanza las cifras señaladas por Zelenski y en si Moscú traslada a Pionyang tecnología sensible —de propulsión de misiles o submarina—, algo que ambas capitales consideran su principal línea roja. El aniversario de la liberación coreana, que cada 15 de agosto sirve de ocasión protocolaria para estos intercambios de felicitaciones, ha quedado este año marcado por un tono explícitamente militar que apunta a una cooperación bilateral prolongada mientras dure la guerra en Ucrania.


