Según el comunicado difundido por el Ejército israelí, Alaa «comandaba varios sectores de combate» de Hezbolá y había participado en ataques con drones. Su muerte se produjo en un bombardeo contra el municipio de Deir Zahrani, en el sur libanés, que dejó otras tres víctimas mortales.
El segundo ataque, de mayor magnitud, se dirigió contra un edificio en la ciudad sureña de Ansar. Allí murieron siete personas, entre ellas Ali Samir al Haj Hasán, comandante de batallón de la Fuerza Radwan, la unidad de élite de Hezbolá especializada en operaciones de infiltración terrestre. Junto a él perecieron dos mujeres y tres menores, de acuerdo con el balance del Centro de Operaciones de Emergencia del Ministerio de Salud Pública de Líbano.
El propio Ejército israelí reconoció en su comunicado que, «en el momento del ataque, la familia de Hasán se encontraba con él» y que, «según las denuncias, resultó herida», aunque insistió en que los familiares no constituían el objetivo de la operación. La versión oficial israelí definió el inmueble bombardeado como un «cuartel general militar» y acusó a Hasán de utilizar a su propia familia «como escudos humanos».
Desde Beirut, las autoridades libanesas ofrecen una versión distinta: sostienen que el edificio atacado en Ansar era una vivienda. La discrepancia entre ambos relatos reproduce un patrón observado durante la ofensiva israelí en la Franja de Gaza, iniciada tras los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023, que según el material citado ha dejado más de 74.000 palestinos muertos, en su mayoría civiles. Una investigación de la revista israelí-palestina +972 Magazine documentó que el Ejército israelí atacaba a presuntos milicianos de Hamás dentro de sus domicilios familiares, con riesgo de causar víctimas civiles.
El cuerpo de bomberos libanés ha denunciado además que Israel estaría provocando de forma intencionada incendios forestales en el sur del país. Israel no ha respondido públicamente a esta denuncia concreta.
El ministro israelí de Defensa, Israel Katz, reaccionó a través de la red social X con un mensaje dirigido al frente libanés: «Ninguna cuenta quedará sin saldar en ningún frente», escribió, y añadió que Israel defenderá «con firmeza» a sus soldados y ciudadanos. La oficina del primer ministro, Benjamín Netanyahu, había informado el sábado de que tres soldados israelíes resultaron gravemente heridos en un ataque atribuido a Hezbolá, presentado como el detonante inmediato de la respuesta militar.
Una tregua frágil sobre el marco de la Resolución 1701
El episodio se inscribe en el alto el fuego negociado a finales de 2024 bajo mediación internacional, que puso fin a más de un año de hostilidades abiertas entre Israel y Hezbolá tras el estallido del conflicto en Gaza. Ese entendimiento se apoya en la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU —el mismo marco que en 2006 puso fin a la llamada Segunda Guerra del Líbano—, que contempla el repliegue de Hezbolá al norte del río Litani y el despliegue del Ejército libanés y de la Fuerza Provisional de la ONU (FINUL) en la zona fronteriza. Pese a ese acuerdo, ambas partes han mantenido intercambios de fuego esporádicos: Israel los justifica por la necesidad de neutralizar la reconstrucción de capacidades militares de Hezbolá, mientras Líbano los denuncia como violaciones de su soberanía.
El trasfondo geopolítico remite a la posición estratégica del sur del Líbano, frontera con Israel y bastión histórico de Hezbolá desde su fundación en 1982, con apoyo de Irán, en el contexto de la ocupación israelí del sur libanés que se prolongó hasta el año 2000. La organización chií recibe financiación y armamento de Teherán, mientras Israel cuenta con el respaldo político y militar de Estados Unidos, lo que convierte cada escalada en un termómetro de las tensiones regionales entre Israel e Irán.
Hezbolá no ha emitido hasta el momento un comunicado detallado sobre las bajas de sus mandos. La organización suele confirmar el fallecimiento de sus comandantes días después, mediante comunicados propios o funerales públicos que operan de facto como reconocimiento oficial.
A partir de ahora, la atención se centra en si Hezbolá responde con nuevos ataques transfronterizos, en la reacción internacional ante las denuncias de víctimas civiles y en si la FINUL o el Consejo de Seguridad de la ONU convocan una sesión específica sobre el repunte de violencia. Queda por ver también si Líbano formaliza una denuncia ante instancias internacionales por el bombardeo de Ansar, en un contexto en el que la tregua sigue sin traducirse en una desescalada estable.


