La incursión de este martes se enmarca en una sucesión de operaciones terrestres israelíes en el suroeste sirio intensificada en las últimas semanas. Según informó Al Ijbariya, los vehículos militares se desplegaron por zonas habitadas de Jamla, en una maniobra que las autoridades locales describen como parte de un patrón repetido de entradas en territorio sirio desde posiciones avanzadas del Ejército israelí en la frontera suroeste, iniciado tras la invasión de parte de esa región en diciembre de 2024.
La agencia oficial siria SANA había informado días antes de la aparición de vehículos militares israelíes en las localidades de Saida al Hanut y en las afueras de Al Muallaqa, en la provincia de Quneitra, colindante con Daraa. En esa misma zona, el jueves previo, un joven sirio fue retenido temporalmente por uniformados israelíes durante otra operación, un incidente que Damasco cita como ejemplo de lo que califica de ocupación de facto de una franja del suroeste del país.
Israel defiende que estas operaciones responden a la necesidad de establecer una zona de seguridad adicional en el suroeste sirio ante la inestabilidad institucional que atraviesa el país desde la caída del presidente Bashar al Asad en diciembre de 2024. Aquella ofensiva, liderada por el grupo yihadista Hayat Tahrir al Sham, puso fin a más de cinco décadas de gobierno de la familia Asad y llevó al poder a Ahmed al Shara, antiguo comandante del propio grupo reconvertido en jefe de Estado de un país fragmentado y con múltiples milicias armadas operando fuera del control central.
Desde entonces, el Ejército israelí ha mantenido presencia militar en la franja siria adyacente a los Altos del Golán, apoyándose en el argumento de que el colapso del aparato de seguridad sirio bajo el nuevo Gobierno de transición ha dejado un vacío que podría ser aprovechado por grupos armados cerca de la frontera israelí. Israel mantiene la práctica habitual de no confirmar ni desmentir con detalle cada incursión concreta, remitiendo a comunicados genéricos sobre la seguridad de sus fronteras, una asimetría informativa que dificulta la verificación independiente en una región donde el acceso de la prensa internacional sigue siendo limitado.
De la anexión del Golán al acuerdo de 1974
Las nuevas autoridades sirias exigen la retirada israelí a las líneas de separación establecidas en el acuerdo de 1974, firmado tras la guerra de Yom Kipur bajo mediación de Naciones Unidas, que dio lugar a la creación de la Fuerza de Observación de la Separación de la ONU (UNDOF) en los Altos del Golán. Damasco considera que todas las medidas adoptadas por Israel en la zona «son nulas y carecen de validez legal según el Derecho Internacional», en referencia a los principios de integridad territorial recogidos en la Carta de la ONU.
El trasfondo de la disputa se remonta a la guerra de los Seis Días de 1967, cuando Israel ocupó los Altos del Golán, una meseta estratégica que domina el acceso al valle del río Jordán y ofrece una posición de vigilancia sobre el sur de Siria. Israel anexionó unilateralmente el territorio en 1981, en una decisión que el Consejo de Seguridad declaró «nula y sin efecto legal» mediante su Resolución 497, y que solo Estados Unidos ha reconocido formalmente, durante la primera Administración de Donald Trump en 2019.
La caída de Al Asad alteró el equilibrio que había mantenido esa frontera relativamente estable durante casi cinco décadas, pese a episodios puntuales de tensión durante la guerra civil siria iniciada en 2011. Israel aprovechó el vacío de poder de diciembre de 2024 para avanzar posiciones en la zona de separación de los Altos del Golán y en la campiña siria adyacente, argumentando que el colapso del Ejército sirio regular dejaba sin garantías el statu quo previo.
Ahmed al Shara, que ha buscado presentar ante Occidente una imagen de gobierno de transición y perseguir el levantamiento de las sanciones internacionales impuestas durante el régimen de Al Asad, afronta un doble desafío: consolidar su autoridad frente a facciones armadas rivales y responder a la percepción de una parte de la opinión pública siria, que interpreta las incursiones israelíes como una vulneración reiterada de la soberanía nacional en un momento de fragilidad institucional.
La UNDOF, desplegada en la zona desde 1974 con contingentes de varios países, ha visto reducida su capacidad de supervisión efectiva en los últimos años por la propia inestabilidad siria y la reconfiguración de las líneas de control tras la caída de Al Asad, lo que complica la constatación independiente de cuántas incursiones se han producido y con qué profundidad territorial.
La escalada en el suroeste sirio se produce en paralelo a la ofensiva israelí en Gaza y a episodios de tensión en Cisjordania, en un contexto regional en el que Israel mantiene frentes abiertos simultáneos que ponen a prueba tanto su capacidad militar como su posición diplomática ante aliados como Estados Unidos y ante los organismos multilaterales.
A corto plazo, la atención se centrará en si Damasco eleva una queja formal ante el Consejo de Seguridad de la ONU, en si la UNDOF documenta oficialmente el alcance de esta incursión y en si Israel mantiene o modifica el ritmo de sus operaciones en Daraa y Quneitra en las próximas semanas. La ausencia de un mecanismo de verificación ágil y aceptado por ambas partes seguirá alimentando versiones contrapuestas sobre lo que ocurre en esta franja fronteriza.


