Las fuerzas armadas israelíes han capturado el castillo de Beaufort, fortaleza cruzada del siglo XII situada en el sur del Líbano y bajo protección de la UNESCO, en el marco de la operación terrestre que Israel mantiene activa en territorio libanés. La bandera israelí ondea de nuevo sobre el emplazamiento por primera vez en veinticinco años, desde que el Ejército israelí se retiró del sur del Líbano en el año 2000 tras casi dos décadas de ocupación. La toma del enclave, símbolo histórico de los conflictos que han asolado la región desde los años ochenta, refuerza la presencia militar israelí en una zona de alto valor estratégico y simbólico.
El peso estratégico de Beaufort
El castillo de Beaufort —conocido en árabe como Qal'at al-Shaqif— domina desde un promontorio el valle del río Litani y ofrece visibilidad sobre amplias franjas del sur del Líbano y el norte de Israel. Su posición elevada lo ha convertido históricamente en un punto de control militar de primer orden: quien lo ocupa obtiene una ventaja de observación y de fuego difícilmente replicable en el terreno llano circundante. No es, por tanto, una captura meramente simbólica: su valor táctico explica que haya sido objeto de disputa en cada uno de los grandes enfrentamientos que han sacudido el Líbano meridional durante el último medio siglo.
Veinticinco años de ausencia israelí
Israel ocupó el sur del Líbano entre 1982 y el año 2000, periodo durante el cual el castillo de Beaufort permaneció bajo control de sus fuerzas armadas. La retirada unilateral decretada por el entonces primer ministro Ehud Barak en mayo de 2000 supuso la devolución del enclave —junto con el resto de la llamada 'zona de seguridad'— y fue interpretada en aquel momento como un punto de inflexión en la política de seguridad israelí hacia el norte. Hezbolá presentó esa salida como una victoria propia, narrativa que consolidó su posición política y militar en el sur del país durante los años siguientes. La actual captura revierte, al menos físicamente, ese símbolo.
Un sitio protegido en zona de guerra
El castillo figura en el inventario de sitios protegidos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), condición que le otorga una protección específica bajo el derecho internacional en caso de conflicto armado, regulada por la Convención de La Haya de 1954 para la Protección de los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado. Dicha convención, ratificada por numerosos Estados, prohíbe utilizar bienes culturales protegidos con fines militares y obliga a las partes beligerantes a abstenerse de actos de hostilidad contra ellos. La presencia de una bandera militar sobre un enclave de estas características abre, en consecuencia, un debate jurídico sobre el cumplimiento de esas obligaciones internacionales por parte de Israel, debate que corresponderá dirimir a los organismos competentes.
La guerra de los ochenta como referente
Para comprender la carga simbólica del castillo resulta imprescindible remontarse a la invasión israelí del Líbano de 1982, operación bautizada como 'Paz en Galilea', en la que Beaufort fue escenario de combates que quedaron grabados en la memoria colectiva israelí y libanesa. La fortaleza apareció posteriormente en producciones culturales y políticas de ambos países como icono de los costes humanos y estratégicos de aquella guerra. Su recuperación por parte de Israel en el contexto de la actual operación activa inevitablemente esa memoria histórica compartida, con lecturas radicalmente opuestas a uno y otro lado de la frontera.
La operación en el sur del Líbano
La captura de Beaufort se produce en el marco de una operación terrestre israelí que se extiende por el sur del Líbano, región históricamente vinculada a la presencia y la influencia de Hezbolá. El movimiento libanés, clasificado como organización terrorista por la Unión Europea y Estados Unidos pero reconocido como actor político y parlamentario dentro del propio Líbano, ha mantenido durante décadas el control efectivo de amplias áreas de ese territorio. Las características exactas de la operación en curso, su extensión geográfica, su duración prevista y las bajas producidas no constan en el material verificado disponible para esta pieza.
Posiciones de las partes
Israel no ha hecho pública, según el material disponible, una declaración oficial específica sobre la toma del castillo más allá de los hechos constatados sobre el terreno. La parte libanesa y Hezbolá tampoco han emitido, según los datos manejados, una respuesta formal que pueda ser recogida en esta pieza con garantías de exactitud. El derecho de réplica de ambas partes queda abierto.
Qué puede pasar ahora
La consolidación del control israelí sobre Beaufort plantea varios interrogantes de proyección inmediata: si Israel mantendrá posiciones permanentes en el interior del Líbano más allá de los plazos previstos por eventuales acuerdos de cese al fuego, qué respuesta articulará Hezbolá ante la pérdida de un enclave de alto valor simbólico, y si organismos internacionales como la UNESCO o el Consejo de Seguridad de la ONU activarán mecanismos de salvaguarda sobre el patrimonio cultural afectado. La historia de este mismo castillo —ocupado, devuelto y ahora nuevamente capturado— sugiere que su condición de símbolo lo convierte en un indicador fiable del estado real del conflicto en el sur del Líbano, con independencia de los marcos diplomáticos que se negocien en paralelo.


