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Irán y EEUU intercambian ataques con misiles en el estrecho de Ormuz

Teherán golpea petroleros y buques vinculados a Washington tras bombardeos que dejaron 19 muertos; un portaaviones y un destructor esquivan misiles iraníes

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
4 min de lectura
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La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) atacó este sábado, 5 de septiembre de 2026, tres petroleros en el estrecho de Ormuz y otras tres embarcaciones vinculadas a Estados Unidos, además de un dron naval que intentaba entrar en aguas que Teherán considera propias, según su propio comunicado.

El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) confirmó que la Fuerza Aeroespacial iraní disparó misiles balísticos contra un portaaviones y un destructor lanzamisiles de la Armada estadounidense desplegados en la zona. Según el comunicado castrense, ambos buques "lograron esquivar con éxito múltiples ataques iraníes" y no hubo bajas entre el personal norteamericano, una versión que ninguna fuente ajena a las partes ha contrastado de forma independiente.

La Armada de la República Islámica emitió a través de la radiotelevisión estatal iraní IRIB una advertencia a todos los buques que naveguen por el golfo Pérsico o se aproximen al estrecho de Ormuz: deberán "abstenerse de realizar cualquier movimiento sospechoso destinado a transitar por vías marítimas no autorizadas", bajo amenaza explícita de ataque. El mensaje refuerza la política que Teherán aplica desde el inicio de la guerra, cuando bloqueó el estrecho y pasó a exigir su autorización previa para cualquier tránsito.

El Ministerio de Exteriores iraní condenó "enérgicamente" los ataques contra lo que calificó de "mercantes iraníes" en el golfo Pérsico y el mar de Omán, y los definió como una violación de la Carta de las Naciones Unidas y un "crimen de guerra". La acusación, de enorme carga jurídica, corresponde dirimir en su caso a instancias como la Corte Internacional de Justicia o el Consejo de Seguridad, aunque Teherán no ha anunciado ninguna acción formal ante esos órganos. Washington, por su parte, sostiene que sus operaciones responden a la necesidad de garantizar la libertad de navegación en aguas internacionales y de proteger a las fuerzas que mantiene desplegadas en la región.

Origen de la escalada de la última semana

El intercambio de fuego de este sábado se enmarca en una espiral que se aceleró en los últimos días, cuando Washington ejecutó los bombardeos más intensos contra territorio iraní en más de un mes. Según las autoridades de Teherán, esos ataques causaron al menos 19 muertos, entre ellos cuatro personas que asistían a una boda, una cifra atribuida a fuentes iraníes que no ha sido confirmada por organismos independientes ni por Washington. Irán respondió con ataques —según su propia versión— contra bases militares estadounidenses en Kuwait, Jordania, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, sin que ninguno de esos cuatro países haya detallado públicamente el alcance de los daños ni confirmado la naturaleza de los objetivos.

El estrecho de Ormuz, con apenas 33 kilómetros de anchura en su punto más angosto, es el paso obligado para gran parte del petróleo y el gas natural licuado que exportan Arabia Saudí, Irak, Kuwait, los Emiratos y el propio Irán hacia Asia y otros mercados globales. Su bloqueo por parte de Teherán desde el 28 de febrero ha paralizado, según coinciden analistas del sector energético y de Oriente Medio, la práctica totalidad de las exportaciones petroleras iraníes y ha obligado a otros exportadores de la región a buscar rutas alternativas. Estados Unidos ha respondido con un cerco naval a puertos y buques vinculados a Teherán, una estrategia que en las últimas semanas ha permitido restablecer parcialmente el tráfico a lo largo de una ruta meridional próxima a Omán, según expertos consultados por medios especializados.

La incertidumbre sobre el suministro desde el golfo Pérsico —origen de en torno a una quinta parte del petróleo que se consume a diario en el mundo, según estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía previas al estallido de la guerra— ha mantenido la volatilidad en los mercados internacionales del crudo desde febrero. La vía alternativa por aguas próximas a Omán reduce la dependencia del paso bajo control efectivo iraní, aunque no compensa el volumen de tráfico previo al conflicto.

Un precedente naval y un marco jurídico en disputa

La guerra entre Irán y Estados Unidos, que arrancó a finales de febrero de 2026, se ha convertido en el conflicto abierto más prolongado entre ambos países desde la revolución islámica de 1979 y la posterior ruptura de relaciones diplomáticas. El precedente más directo de tensión naval en la zona se remonta a la llamada "guerra de los petroleros" de finales de los años ochenta, cuando Irán e Irak atacaban buques mercantiles en el golfo Pérsico y Estados Unidos escoltó petroleros kuwaitíes bajo bandera estadounidense para garantizar el tráfico.

El choque tiene también una dimensión jurídica. Teherán defiende su derecho a controlar el tránsito por lo que considera aguas adyacentes bajo el derecho del mar, mientras Washington invoca la libertad de navegación. La Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar reconoce el derecho de paso en tránsito por estrechos utilizados para la navegación internacional, un principio que ambas partes interpretan de forma opuesta y que Irán aplica solo parcialmente al no haberla ratificado.

Ni la Unión Europea ni la OTAN han anunciado hasta la fecha una intervención militar directa en el conflicto, pese a que varios países europeos dependen del golfo Pérsico para una fracción de sus importaciones de gas natural licuado, especialmente desde que redujeron su exposición al gas ruso tras la invasión de Ucrania en 2022. El Consejo de Seguridad de la ONU no ha adoptado hasta ahora una resolución vinculante sobre el conflicto, en parte por el previsible uso del veto por parte de Estados Unidos, miembro permanente del órgano.

Los países del golfo señalados por Irán como objetivo de sus represalias —Kuwait, Jordania, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos— mantienen acuerdos de cooperación militar y bases con presencia estadounidense, lo que los sitúa en una posición delicada: son a la vez vecinos de Irán, con quien conservan relaciones diplomáticas y comerciales, y anfitriones de fuerzas de un país en guerra abierta con Teherán.

A falta de una tregua o mediación efectiva, el patrón de estos más de seis meses de conflicto apunta a que los próximos días concentrarán la atención en si Washington ordena una respuesta militar directa a los ataques de este sábado contra el portaaviones y el destructor, y en si Teherán mantiene o amplía las restricciones de tránsito por Ormuz. La evolución de los precios del crudo y la eventual implicación de terceros países serán los indicadores más inmediatos de si la escalada se contiene o se intensifica.

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