El detonante ha sido la negativa iraní a retirar la que Teherán considera la condición previa no negociable: que Estados Unidos retire la cuarta fragata desplegada en el Estrecho de Ormuz antes de firmar cualquier documento vinculante. La fragata, el USS Chancellorsville, fue añadida al despliegue de Project Freedom hace tres semanas en lo que el Pentágono describió como «un refuerzo de presencia disuasoria», pero que Irán interpreta como una escalada provocadora diseñada para torpedear las negociaciones.
La ronda vespertina había comenzado a las 16:00 hora local con señales de optimismo. El mediador omaní, el ministro de Asuntos Exteriores Badr al-Busaidi, había distribuido un documento de trabajo que recogía los cuatro puntos sobre los que se habían registrado «avances sustanciales» durante la sesión nocturna del martes: la moratoria nuclear de doce a quince años, el calendario de inspecciones del OIEA, el mecanismo de verificación tripartita y la reducción gradual de sanciones secundarias. El documento proponía formalizar esos cuatro acuerdos parciales en un memorándum de entendimiento que pudiera ser firmado antes del viernes, dejando los diez puntos restantes para una segunda fase de negociaciones.
Pero la propuesta de al-Busaidi chocó inmediatamente contra el muro de la condición iraní. Zarif, que hasta ayer había mantenido un tono conciliador, llegó a la sesión con instrucciones endurecidas desde Teherán. Según fuentes diplomáticas presentes en la sala, el canciller iraní planteó la cuestión de la cuarta fragata en los primeros cinco minutos de la reunión y la formuló como un ultimátum: «No habrá firma mientras el USS Chancellorsville permanezca en aguas del Estrecho. Retírenlo y firmaremos los cuatro puntos esta noche».
Rubio respondió con una contrapropuesta que fuentes estadounidenses describen como «razonable»: retirar la fragata en un plazo de sesenta días tras la firma del memorándum, como gesto de buena fe condicionado al cumplimiento iraní de los compromisos de inspección. Pero Zarif rechazó la contrapropuesta sin consultar con Teherán, lo que los negociadores estadounidenses interpretaron como una señal de que la posición iraní había sido decidida al más alto nivel antes de la sesión. El intercambio posterior, que duró una hora y cuarenta y cinco minutos, fue descrito por un diplomático omaní como «el momento más tenso de todo el proceso».
La reacción de Donald Trump ha sido fulminante y ha eliminado cualquier ambigüedad sobre la posición estadounidense. A las 16:15 hora de Washington, el presidente ha publicado en Truth Social un mensaje de tres frases que ha sacudido los mercados globales: «Mi paciencia con Irán está agotada. Tienen 48 horas para aceptar los términos que están sobre la mesa o Project Freedom pasará a Fase 3. No habrá más conversaciones». La referencia a la «Fase 3» ha disparado las alarmas en las cancillerías europeas, porque el plan operativo de Project Freedom, según las filtraciones del Pentágono de la semana pasada, contempla en su tercera fase el bloqueo total del acceso iraní al Estrecho, incluyendo la interceptación de buques con bandera de terceros países que se dirijan a puertos iraníes.
Los mercados han reaccionado con la velocidad que caracteriza a las crisis de Ormuz. El Brent ha saltado a 98,40 dólares por barril, un incremento del 1,65% en la sesión que ha borrado las ganancias de los tres días anteriores de distensión. El oro ha marcado un nuevo máximo histórico en 2.768 dólares la onza, superando el récord establecido ayer. Y el índice VIX de volatilidad, el llamado «índice del miedo», ha subido un 8% en la última hora de negociación europea. Los analistas de Morgan Stanley han emitido una nota urgente en la que rebajan su previsión para el Brent a corto plazo de 94 dólares (escenario de acuerdo) a 105 dólares (escenario de ruptura) y advierten de que si Project Freedom pasa a Fase 3, el crudo podría alcanzar los 120 dólares antes de julio.
En Bruselas, la ruptura de Mascate ha transformado el Consejo Extraordinario de Ministros de Energía previsto para mañana jueves a las 10:00 de una reunión de seguimiento en una sesión de emergencia. La ministra española de Transición Ecológica, que llegará a Bruselas en el primer vuelo de la mañana, llevará una propuesta de ampliación del tope al precio del gas que España y Portugal impusieron durante la crisis energética de 2022. La propuesta, que cuenta con el respaldo preliminar de Italia, Grecia y Portugal, extendería el mecanismo ibérico al conjunto de la UE y fijaría un precio máximo de 85 euros por megavatio hora, frente a los 180 euros que el gas alcanzó brevemente durante la crisis anterior.
A las seis de la tarde hora española, mientras el sol se ponía sobre el palacio de Al Alam y los delegados omaníes intentaban contactar con ambas partes para organizar una nueva ronda en las próximas veinticuatro horas, la realidad geopolítica del Estrecho de Ormuz permanecía invariable: cuatro fragatas estadounidenses, dos submarinos nucleares, un portaaviones en la retaguardia y la flota de lanchas rápidas iraníes fondeadas en Bandar Abbas. Entre ambas fuerzas, un estrecho de treinta y nueve kilómetros de ancho por el que transita el veintiún por ciento del petróleo mundial. Y un reloj que, según el presidente de Estados Unidos, marca cuarenta y ocho horas.


