La sesión nocturna, que se inició a las 20:00 hora local del martes y se prolongó durante siete horas con solo dos pausas de quince minutos, ha sido la más larga y detallada de las cuatro rondas de negociación celebradas desde que comenzó la crisis del Estrecho de Ormuz. El mediador omaní, el ministro de Exteriores Badr al-Busaidi, ha emitido a las 04:00 un comunicado oficial en el que califica de sustanciales los avances logrados en cuatro de los catorce puntos del memorándum que ambas partes negocian desde hace diez días. Los cuatro puntos avanzados son la columna vertebral de cualquier acuerdo: la moratoria nuclear de doce a quince años, el calendario de inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica, el mecanismo de verificación multilateral y la reducción gradual de las sanciones secundarias estadounidenses.
El avance más significativo se ha producido en el punto de la moratoria nuclear. Hasta ayer, Irán insistía en que cualquier moratoria debía tener un límite máximo de diez años y debía incluir una cláusula de revisión a los cinco que permitiera a Teherán retomar el enriquecimiento si consideraba que las contrapartidas no se habían cumplido. Estados Unidos, por su parte, exigía un mínimo de veinte años sin cláusula de revisión. La sesión nocturna ha acercado posiciones: según las fuentes diplomáticas consultadas, ambas delegaciones han aceptado un rango de doce a quince años con una revisión de carácter consultivo — no vinculante — a los ocho años. La diferencia entre una revisión consultiva y una vinculante es la clave del acuerdo: en el primer caso, Irán puede expresar su descontento pero no puede retomar el enriquecimiento unilateralmente; en el segundo, sí podría hacerlo.
El calendario de inspecciones del OIEA ha sido otro punto de desbloqueo parcial. Irán ha aceptado inspecciones trimestrales en sus instalaciones declaradas — Natanz, Fordow y el reactor de Arak — a cambio de que las inspecciones no anunciadas, conocidas como visitas sorpresa, se limiten a dos por año y requieran un preaviso de cuarenta y ocho horas. Washington habría preferido inspecciones sorpresa ilimitadas, pero los negociadores han aceptado el compromiso como un punto de partida que puede ampliarse en las negociaciones futuras. El mecanismo de verificación, por su parte, contempla la creación de un panel internacional de cinco países — Estados Unidos, Francia, Rusia, China y Omán — que supervisará el cumplimiento de la moratoria y resolverá las disputas por mayoría cualificada.
Pero donde las negociaciones siguen encalladas es en la cuestión naval. Irán ha convertido la retirada de la cuarta fragata desplegada por el «Project Freedom» en el Estrecho de Ormuz en una condición previa para la firma de cualquier documento. Zarif ha argumentado durante la sesión nocturna que la presencia de cuatro fragatas y dos submarinos estadounidenses a menos de veinte millas de las aguas territoriales iraníes constituye una provocación que impide a Teherán negociar desde una posición de igualdad. Rubio ha rechazado vincular la presencia naval a las negociaciones nucleares, argumentando que se trata de dos cuestiones separadas y que la misión del «Project Freedom» es garantizar la libertad de navegación en el Estrecho, no presionar a Irán.
El incidente ocurrido a las 04:30 de esta madrugada, apenas hora y media después del final de la sesión, ha añadido una capa de tensión a la disputa naval. Una lancha rápida de la Guardia Revolucionaria iraní se ha aproximado a menos de trescientos metros de la fragata USS Carney, que patrullaba la zona norte del Estrecho. La lancha ha realizado dos pasadas a alta velocidad antes de alejarse sin que se produjeran disparos ni maniobras agresivas. El Pentágono ha calificado el incidente de rutinario, pero fuentes del Departamento de Estado han reconocido que Rubio fue informado inmediatamente y que el episodio ha reforzado su argumento de que la presencia naval es necesaria para disuadir acciones iraníes en el Estrecho.
Los mercados energéticos han reaccionado a los señales mixtas de Mascate con una moderación que refleja el equilibrio precario entre esperanza y escepticismo. El Brent matutino ha bajado a 96,80 dólares, un descenso del 0,3% respecto al cierre nocturno de 97,10 dólares. La caída, aunque mínima, es la primera en seis sesiones consecutivas de subida y sugiere que los operadores están descontando una probabilidad creciente — aunque todavía minoritaria — de acuerdo esta semana. Los analistas de Morgan Stanley han revisado su previsión a corto plazo: 94 dólares si hay acuerdo antes del domingo, 105 dólares si las negociaciones fracasan y el recorte iraní de 700.000 barriles diarios se consolida.
En Bruselas, el Consejo Europeo ha confirmado la convocatoria de una reunión extraordinaria de ministros de Energía para mañana jueves a las diez de la mañana. La reunión, que se celebrará por videoconferencia con opción presencial para los ministros que estén en Bruselas, tiene un doble objetivo: evaluar el impacto del recorte iraní sobre el abastecimiento energético europeo y discutir medidas de contingencia si las negociaciones de Mascate fracasan. España, que preside el grupo de trabajo sobre emergencias energéticas, llevará una propuesta de ampliación del mecanismo ibérico de tope al precio del gas — el llamado «tope ibérico» — al conjunto de la Unión Europea, una medida que ya propuso durante la crisis energética de 2022 y que entonces fue rechazada por Alemania y Países Bajos.
La propuesta española tiene esta vez más posibilidades de prosperar por dos razones. La primera es que el contexto ha cambiado: con el Brent acercándose a los cien dólares y Arabia Saudí bloqueando su espacio aéreo a aeronaves militares estadounidenses — una señal de que Riad no quiere aparecer como aliado de Washington en la crisis del Estrecho —, la UE necesita un mecanismo de protección que vaya más allá de las reservas estratégicas. La segunda razón es política: la ministra española de Transición Ecológica, Teresa Ribera, es ahora vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para la Transición Limpia, lo que le otorga una capacidad de influencia sobre la política energética comunitaria que España no tenía hace tres años.
La nueva ronda de negociaciones en Mascate está prevista para las 16:00 hora local, las 14:00 hora española. Según fuentes diplomáticas, el orden del día incluye los diez puntos restantes del memorándum, entre los que figuran cuestiones de enorme complejidad como el futuro del programa de misiles balísticos iraní, la normalización de relaciones diplomáticas, el mecanismo de resolución de disputas y el calendario de levantamiento de las sanciones primarias. Cada uno de esos puntos podría llevar semanas de negociación, pero tanto Rubio como Zarif parecen conscientes de que la ventana de oportunidad se cierra rápidamente: Trump dio a la UE hasta el 4 de julio para un acuerdo comercial, y si Ormuz no se ha resuelto para entonces, la presión arancelaria y la presión energética se fusionarán en una crisis de dimensiones impredecibles.
Para Europa, y especialmente para España, las próximas cuarenta y ocho horas son cruciales. Si Mascate produce un acuerdo marco — aunque sea provisional e incompleto —, el Brent podría retroceder hasta los 90 dólares y la presión sobre la economía española se aliviaría significativamente. Si las negociaciones fracasan, el escenario de un Brent a 105 dólares para julio amenaza con disparar la inflación, encarecer las hipotecas y profundizar el ERTE de SEAT Landaben hasta convertirlo en un expediente permanente. El Estrecho de Ormuz, a más de cinco mil kilómetros de Madrid, nunca ha estado tan cerca de las preocupaciones cotidianas de los españoles.


