La reunión de Mascate fue solicitada por el sultanato de Omán, que desde el inicio de la crisis del estrecho ha actuado como mediador discreto entre Teherán y las potencias occidentales. La delegación iraní estuvo encabezada por Abbas Bagherpour, director de la Dirección de Derecho Internacional del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, un diplomático de carrera conocido por su papel en las negociaciones del JCPOA de 2015 y en los acuerdos de transporte marítimo del golfo Pérsico de 2019. Por la parte omaní asistieron el viceministro de Exteriores y el comandante de la Guardia Costera Real, una presencia militar que subrayaba la naturaleza operativa del encuentro.
Según el comunicado conjunto emitido al término de la reunión, ambas partes acordaron establecer un «canal de comunicación permanente» para coordinar el tránsito de buques comerciales por el estrecho, crear un sistema de notificación previa de 48 horas para los petroleros de gran tonelaje y designar un corredor de navegación de emergencia en aguas territoriales omaníes para casos de incidentes en la zona iraní del estrecho. El comunicado no menciona la presencia militar de la Guardia Revolucionaria, una omisión que los analistas interpretan como el precio que Omán acepta pagar a cambio de mantener abierto el canal diplomático.
La expansión de la zona operativa de la Guardia Revolucionaria, confirmada por fuentes de inteligencia naval europeas a la agencia Reuters esta mañana, implica que las Fuerzas Navales del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGCN) han desplegado patrulleras rápidas de la clase Peykaap y sistemas de radar costero en un arco de 15 millas náuticas que se extiende desde la isla de Qeshm hasta la isla de Larak, cubriendo la totalidad del corredor de entrada al golfo Pérsico. Hasta ahora, la IRGCN había limitado su presencia operativa a las aguas circundantes de la isla de Abu Musa y a la entrada norte del estrecho.
En paralelo a las negociaciones diplomáticas y al despliegue militar, un nuevo indicio de que China está configurando una ruta propia a través del estrecho ha llegado en forma de superpetrolero. El buque Yuan Hua Hu, un VLCC (Very Large Crude Carrier) con capacidad para dos millones de barriles de crudo iraquí cargado en Basora, ha cruzado el estrecho de Ormuz con rumbo a Qingdao durante la madrugada del miércoles. Es el tercer petrolero chino conocido que transita el paso desde que la crisis comenzó el 28 de febrero, cuando la Guardia Revolucionaria detuvo al petrolero noruego Solas Harmony durante ocho horas antes de liberarlo.
El tránsito de petroleros chinos por el estrecho, mientras las navieras occidentales desvían sus buques por la ruta del cabo de Buena Esperanza —con un sobrecoste estimado de 15 días de navegación y 1,2 millones de dólares por viaje—, plantea una cuestión geopolítica de primer orden. Pekín no ha participado en las sanciones occidentales contra Irán y ha mantenido un flujo constante de importaciones de crudo iraní a través de intermediarios, lo que le otorga un canal de comunicación con Teherán que ninguna capital europea posee. La pregunta que se hacen los diplomáticos en Bruselas es si China utilizará esa influencia para moderar la posición iraní o si, por el contrario, la crisis del estrecho le proporciona una ventaja competitiva que no tiene incentivos para resolver.
La Agencia Internacional de la Energía, con sede en París, ha publicado esta mañana su informe mensual sobre el mercado del petróleo con un tono inusualmente alarmista. El documento habla de un «agotamiento rápido» de las reservas estratégicas de petróleo de los países miembros de la OCDE, que han caído a su nivel más bajo desde 2004 tras las liberaciones coordinadas de reservas realizadas en marzo y abril para compensar la caída del suministro del golfo Pérsico. La AIE estima que, al ritmo actual de consumo, las reservas estratégicas globales cubrirían 52 días de importaciones netas, frente a los 90 días recomendados por la propia agencia como umbral de seguridad energética.
La respuesta de Estados Unidos no ha tardado. El presidente Donald Trump, que mantiene una posición de máxima presión contra Irán desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, ha calificado la última respuesta iraní como «inaceptable» en una publicación en Truth Social. «Irán juega a negociar mientras bloquea. Lo hemos visto antes. Las consecuencias serán serias y rápidas», ha escrito Trump, sin especificar qué medidas concretas contempla. El Pentágono ha confirmado que el grupo de combate del portaaviones USS Abraham Lincoln permanece en el mar de Arabia, a 72 horas de navegación del estrecho de Ormuz.
En Bruselas, la Alta Representante para Asuntos Exteriores de la UE, Kaja Kallas, ha convocado una reunión de emergencia del Comité Político y de Seguridad para el viernes 15 de mayo, con el objetivo de evaluar las opciones europeas ante la crisis. La UE se encuentra en una posición incómoda: depende del estrecho de Ormuz para el 22% de sus importaciones de petróleo y el 35% de su gas natural licuado, pero carece de capacidad naval propia para garantizar la libertad de navegación sin el apoyo de la Armada estadounidense. La misión naval europea EMASOH (European Maritime Awareness in the Strait of Hormuz), con base en Abu Dabi, cuenta con apenas tres fragatas —una francesa, una italiana y una belga— que realizan funciones de vigilancia pero no de escolta.
Los precios del petróleo han reaccionado con contención al doble movimiento de Teherán. El Brent ha cerrado en 107,05 dólares por barril, un descenso del 0,67% que los analistas atribuyen al efecto compensatorio de dos fuerzas opuestas: la reunión de Mascate, que se interpreta como una señal de que Irán no desea un cierre total del estrecho, y los datos de inflación de Estados Unidos, que alimentan el temor a una destrucción de demanda si la economía norteamericana entra en recesión. El diferencial entre el Brent y el WTI se ha ampliado a 4,3 dólares, su nivel más alto desde octubre de 2025, reflejando la prima de riesgo específica del crudo del golfo Pérsico.


