"Ahora no tenemos ninguna negociación con Estados Unidos", afirmó Araghchi en declaraciones a los periodistas recogidas por la agencia iraní Tasnim. El jefe de la diplomacia iraní subrayó que, mientras "no terminen las violaciones del memorando de entendimiento por parte de Estados Unidos y Washington no compense aquello que ha incumplido, desde nuestro punto de vista no existe posibilidad de reanudar las negociaciones".
Pese al tono de ruptura, Araghchi matizó que los intermediarios "siguen intentando encontrar nuevamente vías para entablar negociaciones", una fórmula que sugiere que el canal diplomático no está cerrado del todo, sino congelado a la espera de gestos concretos. La Casa Blanca no ha respondido públicamente a la lista de seis exigencias difundida por Zolgadr.
Seis condiciones sobre la mesa
La lista presentada por Zolgadr el sábado combina exigencias económicas y militares. Entre las primeras figuran el fin del bloqueo naval estadounidense sobre puertos y buques iraníes, el levantamiento de las sanciones, la liberación de los activos iraníes bloqueados en el extranjero y el pago de reparaciones de guerra por los daños del reciente conflicto.
A ellas se suman el cese de las amenazas contra Irán, el fin de las operaciones militares dirigidas contra el país y contra sus aliados regionales en Líbano, Palestina, Yemen e Irak, y la retirada de las fuerzas militares estadounidenses desplegadas en torno a la República Islámica. El propio Zolgadr sostuvo que Estados Unidos debe cumplir esos seis puntos antes de que Teherán reabra el tráfico marítimo.
El origen de la crisis actual se remonta a mediados de julio de 2026, cuando Irán anunció un nuevo cierre de Ormuz en medio de intercambios de ataques con Estados Unidos. Washington respondió restableciendo un bloqueo naval sobre puertos y buques iraníes, lo que paralizó de facto las negociaciones abiertas tras la firma del memorando de entendimiento del 17 de junio, concebido como acuerdo de paz para poner fin a las hostilidades desatadas semanas antes.
El estrecho de Ormuz, de apenas unos 33 kilómetros de ancho en su punto más angosto, conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y constituye uno de los puntos de paso energético más sensibles del planeta. Por sus aguas transitan habitualmente los cargamentos de crudo de Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y el propio Irán, lo que convierte cualquier cierre prolongado en una amenaza directa para los mercados energéticos globales, especialmente para economías asiáticas como China, India, Japón y Corea del Sur, muy dependientes de ese suministro.
La ruta alternativa negociada con Omán
En paralelo, Araghchi confirmó que las conversaciones con Omán para establecer una ruta marítima alternativa se encuentran en su fase final, aunque fue tajante al advertir que ese acuerdo bilateral no implica automáticamente la reapertura de Ormuz. "Esto no significa que se vaya a abrir el estrecho de Ormuz. El acuerdo puede alcanzarse, pero la reapertura del estrecho de Ormuz está condicionada al cumplimiento de una serie de requisitos", señaló.
Según su descripción, especialistas de ambos países trabajan en el trazado de las nuevas rutas marítimas, que funcionarían como corredores provisionales hasta que se cumplan las condiciones fijadas por Teherán. Omán, con su posición estratégica en la península arábiga y su tradicional papel de mediador discreto, ha actuado en episodios anteriores como puente entre Teherán y las potencias occidentales.
El precedente más directo se remonta a las tensiones de 2019, cuando los ataques a petroleros en el golfo de Omán y el derribo de un dron estadounidense por parte de Irán llevaron a Washington a reforzar su presencia naval sin declarar entonces un bloqueo. La diferencia sustancial en 2026 es que ambas partes atraviesan ya un conflicto armado abierto y un acuerdo de paz formal cuyo cumplimiento mutuo está en entredicho, lo que eleva el riesgo de escalada respecto a episodios anteriores.
Desde el lado estadounidense, medios especializados en defensa han informado en las últimas semanas de que el Pentágono habría solicitado a sus mandos propuestas "creativas" para presionar a Teherán, en un contexto en el que la Administración no ha ofrecido públicamente una hoja de ruta para levantar el bloqueo naval ni atender las exigencias iraníes.
El memorando del 17 de junio, cuyo texto íntegro no ha sido publicado, recogía según la parte iraní compromisos mutuos de cese de hostilidades y normalización progresiva de relaciones, con mecanismos de verificación que ambas partes se acusan ahora de incumplir. La ausencia de un documento público completo dificulta a los observadores valorar con precisión qué cláusulas se habrían quebrantado y por parte de quién.
A corto plazo, el foco estará en si los intermediarios mencionados por Araghchi logran fijar una fecha para retomar contactos indirectos entre Teherán y Washington, y en si el acuerdo con Omán sobre la ruta alternativa se formaliza en las próximas semanas. Mientras tanto, el bloqueo naval estadounidense y el cierre iraní de Ormuz seguirán condicionando el tránsito de crudo por una de las arterias energéticas más vigiladas del mundo, con el consiguiente riesgo de volatilidad en los precios del petróleo si la parálisis diplomática se prolonga.


