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Trump decreta el bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz tras rechazar la última propuesta iraní: el Brent sube un 2,3% hasta los 113 dólares y las negociaciones quedan completamente estancadas

Irán propuso reabrir el estrecho a cambio de postergar la cuestión nuclear, pero Trump descartó la oferta y anunció que las conversaciones seguirán «por teléfono». El WTI alcanza los 102,4 dólares y el 20% del tránsito mundial de crudo permanece interrumpido. Las economías europeas sufren el impacto directo del encarecimiento energético mientras la diplomacia busca vías alternativas sin garantías de avance.

Por Redacción de El Hemiciclo· Bruselas·
17 min de lectura
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Trump decreta el bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz tras rechazar la última propuesta iraní: el Brent sube un 2,3% hasta los 113 dólares y las negociaciones quedan completamente estancadas
Foto: The White House (nov 2025), dominio público

El estrecho de Ormuz, ese corredor marítimo de apenas cincuenta y cuatro kilómetros de anchura que conecta el golfo Pérsico con el océano Índico y por el que transita cada día aproximadamente el veinte por ciento del petróleo que consume el mundo, permanece bloqueado esta mañana por octava semana consecutiva después de que el presidente Donald Trump descartara ayer la última propuesta diplomática de Irán y anunciara que las conversaciones para una desescalada del conflicto continuarán «por teléfono», una expresión que en el lenguaje diplomático internacional equivale a reconocer que no hay perspectivas de un acuerdo presencial a corto plazo. La propuesta iraní, transmitida a través de los canales omaníes que han servido de intermediarios durante todo el conflicto, ofrecía la reapertura inmediata del estrecho al tránsito comercial a cambio de postergar las conversaciones sobre el programa nuclear de Teherán para una fase posterior de la negociación, una secuenciación que Washington rechazó porque considera que el programa nuclear es precisamente la razón del bloqueo y no puede quedar fuera de la primera fase de cualquier acuerdo.

El bloqueo del estrecho de Ormuz, decretado por Trump el 6 de marzo como extensión de las operaciones militares contra las instalaciones nucleares iraníes, ha evolucionado desde una medida militar limitada hasta convertirse en el instrumento principal de presión económica de Estados Unidos sobre Irán. La lógica estratégica de Washington es sencilla: Irán depende del petróleo para financiar el 60% de su presupuesto estatal, y mientras Ormuz permanezca cerrado, Teherán no puede exportar crudo ni recibir los ingresos que necesita para sostener su economía y financiar sus programas militares y nucleares. Pero el bloqueo tiene un efecto colateral que Trump ha minimizado públicamente pero que sus propios asesores reconocen en privado: el cierre de Ormuz no solo afecta a Irán sino a todo el comercio marítimo de la región, incluyendo las exportaciones de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak y Qatar, países que juntos representan aproximadamente un tercio de la producción mundial de petróleo y que necesitan el estrecho para enviar su crudo a los mercados asiáticos y europeos. El resultado es un shock de oferta global que ha elevado los precios del petróleo un 46% en cuatro meses y que está provocando presiones inflacionistas en todas las economías importadoras de energía.

La propuesta iraní rechazada por Trump ayer era considerada por los diplomáticos europeos como «la más razonable que Teherán ha puesto sobre la mesa desde el inicio del conflicto». El canciller iraní, Hossein Amir-Abdollahian Araqchi, la transmitió a través del sultán de Omán, que ha actuado como mediador principal durante todo el conflicto, y su contenido era explícito: Irán se comprometía a reabrir el estrecho de Ormuz al tránsito comercial en un plazo de 72 horas a cambio de que Estados Unidos aceptase separar la cuestión nuclear de la negociación sobre la libertad de navegación, postergando las conversaciones sobre el programa atómico para una segunda fase que se abordaría en el marco de una conferencia internacional auspiciada por el Consejo de Seguridad de la ONU. La propuesta incluía, como gesto adicional de buena voluntad, la liberación de dos marinos estadounidenses detenidos en aguas iraníes desde el inicio del bloqueo y la reanudación del intercambio de información sobre seguridad marítima con la Quinta Flota estadounidense. Washington descartó la oferta en menos de cuatro horas, argumentando que «no se puede separar la navegación del nuclear porque el nuclear es la causa del conflicto».

La posición de la Unión Europea se encuentra atrapada entre su dependencia energética y su alineamiento estratégico con Estados Unidos. Bruselas ha expresado en múltiples ocasiones su «preocupación» por la duración del bloqueo y ha pedido a ambas partes que «reanuden las negociaciones sin precondiciones», pero no ha tomado ninguna medida concreta para presionar a Washington. El alto representante de Política Exterior de la UE ha mantenido contactos regulares con el canciller Araqchi y con el secretario de Estado estadounidense, pero los diplomáticos europeos reconocen en privado que su capacidad de influencia es «prácticamente nula» porque carecen de los instrumentos militares y económicos necesarios para modificar el comportamiento de ninguna de las dos partes. La única iniciativa europea que ha tenido algún efecto ha sido el despliegue de una misión naval de escolta comercial en el Golfo de Omán — la operación EUNAVFOR Aspides, ampliada en marzo — que protege los buques con bandera europea que transitan por la zona, pero esta misión no puede operar dentro del estrecho de Ormuz mientras el bloqueo estadounidense esté en vigor.

Para España, las consecuencias económicas del bloqueo se manifiestan en tres frentes simultáneos que se retroalimentan mutuamente. El primero es el precio del petróleo, que ha pasado de 78 dólares por barril en diciembre a los 113,8 actuales, un incremento que se traslada directamente al precio de los carburantes — el litro de gasolina 95 se sitúa en 1,72 euros, el nivel más alto desde julio de 2022 — y que encarece toda la cadena logística de la economía, desde el transporte de mercancías hasta la distribución de alimentos. El segundo es la inflación, que ha repuntado hasta el 3,8% interanual en marzo — frente al 2,6% de diciembre — impulsada por los componentes energéticos y alimentarios que el núcleo subyacente aún no ha absorbido plenamente. Y el tercero es el deterioro de la balanza comercial, que ha pasado de un saldo negativo de 4.200 millones de euros en el cuarto trimestre de 2025 a uno de 6.800 millones en el primero de 2026, un empeoramiento de 2.600 millones que se explica casi exclusivamente por el aumento de la factura de importaciones energéticas.

Las negociaciones diplomáticas, que durante las primeras semanas del conflicto se desarrollaron con una intensidad que permitía albergar cierto optimismo, se encuentran ahora en un punto muerto que ninguna de las partes parece dispuesta a romper. Trump, que ha construido su narrativa sobre Irán como una demostración de fuerza que le distingue de la «debilidad» de la administración Biden, no puede aceptar un acuerdo que no incluya concesiones significativas de Teherán en materia nuclear sin arriesgar su credibilidad ante su base electoral y ante los aliados del Golfo — Arabia Saudí e Israel — que han presionado durante años para que Estados Unidos adopte una postura más agresiva contra el programa nuclear iraní. Irán, por su parte, no puede aceptar la desmilitarización de sus capacidades nucleares — que considera un seguro de supervivencia del régimen — sin obtener a cambio la eliminación completa de las sanciones internacionales y garantías de seguridad que Estados Unidos no está dispuesto a ofrecer. El resultado es una situación de equilibrio inestable en la que ambas partes prefieren mantener el bloqueo — con sus costes económicos y estratégicos — a hacer las concesiones necesarias para resolverlo.

Los enviados diplomáticos se han desplazado esta semana a Pakistán para explorar la posibilidad de un diálogo indirecto que permita desbloquear al menos la cuestión de la libertad de navegación, pero las expectativas son mínimas. Islamabad ha ofrecido sus buenos oficios como mediador complementario a Omán, aprovechando su relación histórica con ambas partes — Pakistán mantiene relaciones militares con Estados Unidos desde la Guerra Fría y comparte frontera y vínculos culturales con Irán —, pero los diplomáticos paquistaníes reconocen que su capacidad de mediación está limitada por su propia dependencia de la ayuda económica y militar estadounidense. La reunión prevista para esta semana en Islamabad entre emisarios estadounidenses e iraníes se ha reducido a «contactos exploratorios informales» que, según fuentes diplomáticas, no abordarán los aspectos sustantivos del conflicto sino únicamente las condiciones para una eventual reanudación de las conversaciones formales.

El impacto del bloqueo sobre los mercados energéticos europeos se ha traducido esta semana en una serie de medidas de emergencia adoptadas por la Comisión Europea para mitigar los efectos del encarecimiento del petróleo sobre las economías más vulnerables de la Unión. La Comisión ha autorizado la liberación de reservas estratégicas de petróleo por un volumen total de 30 millones de barriles, distribuidos proporcionalmente entre los 27 Estados miembros, una medida que los analistas consideran insuficiente para alterar la tendencia de los precios pero que tiene un valor simbólico como señal de solidaridad intraeuropea. Además, Bruselas ha acelerado la aprobación de un mecanismo de subvención temporal a los transportistas que se financiará con fondos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, una decisión que ha generado polémica porque supone desviar fondos destinados originalmente a la transición verde hacia la compensación de los efectos de una crisis fósil, exactamente el tipo de contradicción que los críticos de la política energética europea llevan años denunciando.

La prolongación del bloqueo más allá de las ocho semanas ha generado una crisis logística en el comercio marítimo global que afecta no solo al petróleo sino a todo el tráfico de mercancías que transita por el golfo Pérsico. Las grandes navieras — Maersk, MSC, CMA CGM — han desviado sus rutas por el cabo de Buena Esperanza, añadiendo entre doce y catorce días de navegación a los trayectos entre Asia y Europa, un retraso que se traduce en un encarecimiento de los fletes marítimos del 35% respecto a los niveles previos al bloqueo. El impacto sobre las cadenas de suministro europeas es especialmente severo en los sectores del automóvil, la electrónica y el textil, que dependen de componentes fabricados en Asia que ahora tardan más en llegar y cuestan más transportar. Los fabricantes de automóviles alemanes y españoles han advertido de posibles paradas de producción en las próximas semanas si los retrasos en la llegada de semiconductores y baterías se prolongan, una amenaza que añade presión sobre unas economías europeas que ya acusan la desaceleración global.

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