El contraste es abrupto. Dos semanas antes, Infantino celebraba en público lo que calificó como «el mejor Mundial de la historia», un torneo que, según cifras difundidas por la propia organización, generó cerca de $15,000 millones en ingresos y reunió a 6.6 millones de espectadores en los estadios, además de audiencias televisivas de récord. Ese resultado comercial, sin embargo, no blindó al dirigente italosuizo, de 56 años, frente al rechazo que provocó su siguiente movimiento.
El plan buscaba permitir la entrada de capital privado en el Mundial y otras competiciones organizadas por la FIFA, una línea que gran parte de los actores del fútbol considera vedada. Presentado un martes, quedó descartado tres días más tarde ante la falta de apoyos suficientes dentro del organismo. La UEFA, que agrupa a 55 federaciones europeas, advirtió de manera unánime que impulsaría un boicot si la propuesta seguía adelante, una amenaza que resultó determinante para el retiro del proyecto.
Michael Payne, exresponsable de mercadeo del Comité Olímpico Internacional, describió lo ocurrido como una caída sin precedentes en el deporte organizado. «No creo que hayamos asistido nunca antes a una caída tan rápida de un dirigente deportivo», declaró a la agencia AFP, y agregó: «Hace apenas una semana, Infantino estaba en la cima de su gloria. Hoy nos preguntamos si llegará al final del mes. ¿Cómo ha llegado a eso? ¡Por un orgullo desmesurado!».
La FIFA funciona bajo un esquema de gobernanza en el que 211 federaciones nacionales, agrupadas en seis confederaciones continentales, eligen a su presidente mediante voto en el Congreso. Cada federación conserva un voto propio, con independencia del tamaño de su población o de su peso futbolístico, un mecanismo que en el pasado permitió a Infantino consolidar mayorías amplias. La Federación Panameña de Fútbol, afiliada a la Concacaf, participa en ese proceso a través de su propio voto, y decisiones como la sede del Mundial 2034 o la estructura de futuros torneos inciden de forma directa en el calendario y las condiciones de participación de los Canaleros.
De las controversias sorteadas al rechazo unánime
Antes de este episodio, el dirigente había sorteado sin mayores costos políticos una serie de controversias: la organización de los Mundiales de Rusia 2018 y Catar 2022, la adjudicación de la sede de 2034 a Arabia Saudita, la ampliación del torneo de 32 a 48 selecciones y la refundación del Mundial de Clubes. También resistió los señalamientos por su cercanía con el mandatario estadounidense, Donald Trump, y por las controvertidas «pausas de hidratación» introducidas en partidos disputados bajo altas temperaturas durante el torneo de este año.
Otro episodio comentado fue el conocido como «caso Balogun»: la eliminación sorpresiva de una suspensión disciplinaria a un futbolista estadounidense, decisión que, según trascendió, se produjo tras una llamada desde la Casa Blanca. El caso alimentó las críticas sobre la influencia política en decisiones deportivas del organismo.
Incluso la idea de una nueva ampliación del Mundial, esta vez a 64 selecciones, avanzaba con relativa fluidez. inglés The Guardian, Infantino conservaba el respaldo de unas 200 de las 211 federaciones afiliadas antes de que estallara la controversia por el plan de inversión privada. El mapa cambió de forma drástica en pocos días: siempre británica, los europeos de la UEFA y varios miembros de la Concacaf contemplan ahora presionar en favor de una dimisión o una moción de censura.
Terrence Burns, exresponsable de estrategia de mercadeo en dos candidaturas para organizar Mundiales, matizó que la posición del dirigente, aunque «precaria», no sería necesariamente irreversible, incluso si surgiera un aspirante dispuesto a competir contra él en las elecciones de la FIFA previstas para marzo de 2027. Burns recordó que en la votación presidencial las confederaciones no se manifiestan en bloque, sino que cada federación conserva su poder de decisión, lo que deja abierta la posibilidad de que regiones como África y Oceanía mantengan su respaldo pese a la fractura con Europa y parte de América.
La resistencia a la entrada de capital privado no es nueva en el fútbol. En años recientes, ligas y competiciones europeas han frenado intentos de introducir fondos de inversión o capital de Estados extranjeros en sus estructuras de gobierno, ante la oposición de federaciones y clubes tradicionales que reivindican el control de las asociaciones sobre el deporte. El episodio actual reactiva ese debate en la cúpula del organismo mundial.
De cara a los próximos meses, el calendario de la FIFA marca como hito central las elecciones presidenciales de marzo de 2027, en las que Infantino podría buscar la reelección si decide presentarse. Hasta el momento no se ha confirmado ningún aspirante alternativo, aunque los movimientos de la UEFA y de sectores de la Concacaf apuntan a que el respaldo casi unánime del que gozó el dirigente hasta hace pocas semanas ya no está garantizado.