La investigación, firmada por Daniele Morandi Bonacossi y Francesca Simi, del Departamento de Estudios Humanísticos y del Patrimonio Cultural de la universidad italiana, arrancó en el verano de 2025 con el objetivo de estudiar el urbanismo asirio desde la capital de mayor duración del imperio. La zona mapeada abarca 340 hectáreas y rodea la acrópolis, con sus palacios y templos, el único sector excavado desde el siglo XIX.
Nimrud ejerció como capital del imperio asirio entre el 879 a. C. y el 707 a. C., casi dos siglos, hasta que el imperio cayó en el 612 a. C. A diferencia de otras capitales asirias, nadie volvió a ocuparla de forma intensiva tras su caída. Las excavaciones de Austen Henry Layard, iniciadas en 1845, se concentraron casi en exclusiva en la acrópolis y dejaron la ciudad baja relegada durante 180 años. Solo un breve trabajo exploratorio de Paolo Fiorina, entre 1987 y 1989, se adentró en esa zona, interrumpido por la primera guerra del Golfo.
El equipo partió del análisis de imágenes de satélite desclasificadas, de las misiones de reconocimiento U2, CORONA y HEXAGON tomadas entre 1967 y 1974. Esas fotografías ya insinuaban fortificaciones, puertas y un sistema de calles bajo la superficie, indicios que sirvieron de base para planificar el trabajo de campo sobre el terreno iraquí.
El levantamiento topográfico combinó GPS diferencial y vuelos de dron, que generaron una ortofoto y un modelo digital del terreno de toda la ciudad baja. A ello se sumó una prospección pedestre con una cuadrícula de 40 por 40 metros, volcada en una base de geolocalización que permitió analizar la distribución de los restos en superficie. En sectores seleccionados, una prospección geofísica con magnetometría detectó bajo tierra los sistemas de calles, los barrios y los complejos de mayor tamaño sin necesidad de excavar, según recoge el estudio.
El arado de la zona apenas alcanza unos 0,2 metros de profundidad, lo que solo afecta de forma parcial a las capas arqueológicas y favorece su conservación pese a siglos de actividad agrícola sobre el yacimiento.
El análisis de la cerámica apunta a una ocupación intensiva en tres fases: la asiria media, entre mediados del siglo XIV y el siglo XI a. C.; la neoasiria, entre el siglo X a. C. y el 612 a. C.; y la posasiria, desde esa fecha hasta finales del siglo IV a. C. Esta última confirma que, tras la caída del imperio, alguna actividad continuó en el sitio, aunque nunca a la escala de sus siglos como capital.
Prismas reales de Senaquerib y Asurbanipal
Entre el material epigráfico figuran fragmentos de cinco prismas reales de los reyes Senaquerib, que gobernó entre el 704 y el 681 a. C., y Asurbanipal, entre el 668 y el 631 a. C. El equipo también ha identificado indicios que replantean el sistema hidráulico de la ciudad: hasta ahora se consideraba que el canal Patti-Hegalli era la vía principal de abastecimiento de agua de Nimrud, pero los primeros datos apuntan a que un sistema de canales situado más al norte pudo cumplir en realidad ese papel.

