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El bloqueo de Ormuz dispara el crudo a $107 y golpea a firmas que operan en el golfo Pérsico

El oleoducto East-West saudí, alternativa terrestre al estrecho, permanece cerrado tras un ataque con drones que habría borrado hasta 5 millones de barriles diarios del mercado.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Un conflicto entre Estados Unidos e Irán habría dejado el estrecho de Ormuz prácticamente cerrado desde inicios de septiembre, con apenas un puñado de buques transitando frente a un promedio de más de 80 antes de la guerra, según el relato de un ingeniero que dirige operaciones de una firma en Medio Oriente. El barril de petróleo Brent superaría los $107, mientras las grandes petroleras occidentales reportan ganancias históricas y las empresas que ejecutan proyectos energéticos en el golfo Pérsico afrontan pérdidas por la falta de barcos con carga.

El relato, firmado por un ingeniero civil y managing director para Medio Oriente de la firma Roll Group, describe una escalada que se habría producido entre el 5 y el 9 de septiembre: Estados Unidos habría hundido cinco petroleros iraníes, e Irán habría respondido atacando diez buques y disparando misiles contra una base estadounidense en Jordania. El intercambio convirtió las aguas del golfo Pérsico y del estrecho de Ormuz —por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial— en un escenario de guerra naval abierta.

La tensión no se habría limitado al mar. El 13 de septiembre, horas antes de una reunión prevista entre Irán y los países del golfo en Omán para negociar la reapertura del estrecho, el gobierno omaní la habría pospuesto de manera indefinida tras un ataque a un buque de carga iraní que dejó una persona muerta. Desde entonces, según el testimonio, no habría claridad sobre si existe una vía diplomática: Washington sostiene que hay conversaciones en marcha, mientras Teherán niega que las haya.

El oleoducto East-West, cerrado por drones

El cierre del oleoducto East-West de Arabia Saudita, la única alternativa terrestre para sacar crudo hacia el mar Rojo sin cruzar Ormuz, es el dato de mayor calado. Un ataque con drones lo habría dejado fuera de operación, borrando de golpe entre 4 y 5 millones de barriles diarios del mapa energético mundial. Las reservas en el puerto de Yanbu, uno de los puntos afectados, alcanzarían para apenas cuatro a siete días, mientras las reparaciones tomarían semanas.

La situación se agrava en el otro extremo de la ruta marítima: en el paso de Bab al-Mandab, los hutíes controlarían ya toda la costa yemení del mar Rojo, lo que pondría en riesgo el acceso al canal de Suez desde el sur. Ese estrangulamiento en dos frentes —Ormuz por el este, Bab al-Mandab por el oeste— ha obligado a la industria a improvisar rutas alternas que no existían hace un año, como Duqm, en Omán, y Nhava Sheva, en India, empleadas como puertos de descarga de emergencia aunque parte de la carga permanezca almacenada sin llegar a destino.

El precio del crudo refleja la magnitud del bloqueo. El Brent, que a inicios de año cotizaba con pronósticos de sobreoferta global y márgenes ajustados, habría superado los $107 por barril, un nivel que no alcanzaba de forma sostenida desde el repunte de 2022 tras la invasión rusa de Ucrania, cuando las sanciones a Moscú tensaron el mercado energético mundial. La guerra habría revertido de golpe ese escenario de precios bajos, disparando también el riesgo operativo para quienes dependen del tránsito marítimo de equipos pesados.

Las cinco grandes petroleras occidentales habrían ganado 48,000 millones de dólares combinados solo en el segundo trimestre; Chevron reportó su mejor trimestre de toda su historia, y Aramco de Arabia Saudita, pese a recortar producción en 25%, habría ganado 32,700 millones de dólares en tres meses. En paralelo, las empresas que ejecutan proyectos de infraestructura petrolera y gasera en la región afirman estar perdiendo dinero, porque sus negocios dependen de que lleguen equipos en barcos que, desde el inicio del conflicto, prácticamente no cruzan con carga de proyecto.

El autor resume esa asimetría como el núcleo de la crisis para su sector: quienes venden el barril caro obtienen un año récord, mientras quienes construyen la infraestructura que ese petróleo necesita esperan el barco que no llega. Duqm y Nhava Sheva, apunta, se volvieron puertos de descarga «no por ideales, sino por ser de los pocos accesibles», aunque la carga a veces quede almacenada sin alcanzar destino.

El paralelo con el Canal de Panamá

El testimonio traza un paralelo con la vía interoceánica panameña, que enfrentaría una versión propia de esa paradoja: intenta capitalizar la demanda que genera la crisis en Medio Oriente, pero las restricciones hídricas derivadas de El Niño se lo dificultarían cada vez más. La Autoridad del Canal de Panamá administra una de las rutas interoceánicas más relevantes del comercio mundial, y su capacidad de tránsito depende directamente de los niveles del lago Gatún, sensibles a los ciclos de sequía. Durante la sequía de 2023 y 2024, la ACP se vio forzada a reducir el número de tránsitos diarios y a subastar cupos de paso, con un impacto directo en los ingresos de la vía.

El reacomodo del tráfico marítimo global se observa en varios puntos estratégicos a la vez. El canal de Suez elevó 27% su tráfico en agosto pese a las restricciones en Ormuz, una señal de cómo las navieras buscan rutas alternativas mientras el estrecho permanece bloqueado. Esa dependencia hídrica limita, según el propio relato, la capacidad de la vía panameña para absorber de inmediato el tráfico desviado por la crisis en el golfo Pérsico, incluso cuando la demanda por rutas alternas al estrecho de Ormuz aumenta.

La escalada en el golfo Pérsico coincide con tensiones en otros frentes que también afectan al comercio marítimo y energético. Estados Unidos ha intensificado sus operaciones militares en el Caribe, donde un nuevo ataque a una embarcación dejó cuatro muertos según el Comando Sur, y Ucrania ha escalado su ofensiva con drones contra territorio ruso, en lo que se describió como el mayor ataque contra Moscú desde el inicio de la guerra.

El testimonio del directivo describe una rutina operativa transformada por la incertidumbre: cada mañana, dice, la prioridad no es revisar las noticias generales sino el reporte específico de cada sitio donde la empresa tiene personal desplegado, comenzando por confirmar que los trabajadores en zonas de riesgo, como Yanbu, están a salvo. La empresa mantiene varios proyectos activos en esa ciudad saudí, una de las cinco que, según el relato, quedaron bajo aviso de peligro simultáneo emitido por la Defensa Civil saudí.

Esa alerta —para Yanbu, Jeddah, Taif, Abha y Jazan— se levantó horas después de emitirse, según el testimonio, y quedó como el episodio más reciente de una tensión que, en palabras del autor, se intensifica en lugar de calmarse. El relato cierra sin fecha de resolución para el conflicto ni certeza sobre una salida diplomática entre Washington y Teherán: Estados Unidos afirma que hay conversaciones en marcha; Irán las niega.

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