El autor sostiene que el rechazo racial se atenúa según la posición social de la persona. «El racismo hacia una persona en situación de pobreza es alto. Después, si es famoso o es deportista va bajando. Y ya, si es de nuestro equipo, prácticamente desaparece», ha explicado, antes de resumir esa tesis en una frase sobre los aficionados que insultan al rival y celebran al propio.
«El jugador de nuestro equipo tiene nombre y apellido, pero el del rival ya es 'el negro' o 'el moro'. Evidentemente hay algo de aporofobia, de odio al pobre, en todo esto», Gabino Sánchez Llamazares, autor de 'Hogar fútbol'.
Sánchez Llamazares, que practicó balonmano, fútbol y atletismo antes de convertirse en aficionado y escritor, sitúa el origen del libro en la biografía de Luka Modric, futbolista croata que vivió refugiado en un hotel entre los 6 y los 17 años huyendo de la guerra de los Balcanes. Según el autor, Modric evita hablar del tema en público e incluso retrasó contárselo a sus hijos, algo que el escritor lamenta porque considera que su testimonio podría ayudar a otras personas.
El episodio que describe como más sangrante es el de un entrenador austrohúngaro del Inter de Milán cuya mujer y dos hijos murieron gaseados en Auschwitz, mientras él falleció meses después en el mismo campo de concentración por su condición de judío. El autor lo utiliza como ejemplo de que el deporte también ha sido escenario de la persecución nazi contra figuras que hoy serían recordadas como héroes.
Ceuta, Mbappé y la acción solidaria
El escritor ha abordado la polémica en torno a una acción solidaria con Ceuta en la que tres jugadores decidieron no participar. Sánchez Llamazares ha matizado que no vestir una camiseta solidaria no excluye un compromiso personal con la causa, y ha puesto como ejemplo a Kylian Mbappé, cuyas explicaciones públicas sobre el asunto habrían servido, a su juicio, para poner el foco en las personas migrantes fallecidas al cruzar fronteras.
Preguntado por el gesto de Borja Iglesias de pintarse las uñas, que generó insultos en redes, el autor ha defendido que el futbolista debería mantener la conducta pese a las críticas, porque la mayoría de la afición no le da importancia o lo ve con normalidad. En su análisis, son las minorías ruidosas en redes las que terminan marcando la percepción pública de estos gestos, un fenómeno que resumió como «un ruido espantoso» que se convierte en «eco».
Sánchez Llamazares ha expresado también su decepción con la elección de sedes para grandes eventos deportivos, citando el Mundial de fútbol celebrado en Qatar y la Supercopa de España disputada en Arabia Saudí, y ha extendido la crítica al golf, la Fórmula 1, el tenis y el ciclismo. A su juicio, los gobiernos, la Unión Europea y el Ejecutivo español deberían presionar más, aunque atribuye la responsabilidad principal a los propios aficionados como consumidores: si el público dejara de seguir esas competiciones cuando se trasladan a países señalados por vulneraciones de derechos humanos, el negocio dejaría de ser rentable.
Entre los deportistas más comprometidos con los derechos humanos, ha citado a Borja Iglesias, Héctor Bellerín, Lewis Hamilton y Ana Peleteiro, aunque ha evitado señalar una gran institución deportiva como modelo, apuntando que en ese nivel el dinero condiciona las decisiones, incluso en organismos como el Comité Olímpico Internacional. El fútbol español afronta estos días su propia actualidad deportiva, con la selección estrenándose en la Nations League ante Inglaterra en Wembley.
Hincha declarado del FC Barcelona, el autor atribuye el buen momento del conjunto azulgrana a la unión de una plantilla joven que, en sus palabras, siente la camiseta con independencia de su procedencia. «Hay muchos jugadores que sienten la camiseta, sean españoles, catalanes o de otros lugares. Y también, son muy jóvenes y parece que se llevan muy bien», ha señalado.

