La decisión se produce tras la segunda negativa de Israel a permitir el acceso consular al activista español Saif Abukeshek, cuya función renal ha descendido al 20% según los nefrólogos del Hospital La Paz que le trataron antes de su detención. Los especialistas advierten de que por debajo del 15% el riesgo de fallo multiorgánico es «inminente», y calculan que al ritmo actual de deterioro esa cifra podría alcanzarse en las próximas 72 horas. La huelga de hambre de Abukeshek supera ya los 22 días, y los médicos israelíes que le atienden en el centro de detención de Megiddo se han limitado a administrarle suero fisiológico.
La respuesta israelí fue tan rápida como incendiaria. Dos horas después de la retirada del embajador, la oficina de prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores israelí difundió un dossier de 14 páginas que acusa a Abukeshek de «mantener vínculos operativos con elementos de Hamás en la Franja de Gaza» y de haber «financiado actividades logísticas del movimiento a través de una ONG con sede en Barcelona». El dossier incluye supuestas transcripciones de llamadas telefónicas y registros bancarios que, según Israel, demuestran las transferencias.
La reacción del Gobierno español fue inmediata y categórica. El portavoz del Ministerio de Exteriores calificó el dossier de «fabricación sin valor probatorio» y señaló que las supuestas transcripciones «carecen de metadatos verificables, no identifican a los interlocutores por su voz y presentan anomalías de formato compatibles con una edición posterior». Fuentes diplomáticas españolas añaden que el CNI había investigado los vínculos de Abukeshek con organizaciones palestinas antes de su embarque en la Flotilla Sumud y que el informe de inteligencia «no encontró ningún indicio de conexión con Hamás ni con ningún otro grupo armado».
La escalada diplomática entre España e Israel es la más grave desde la Guerra del Golfo de 1991, cuando España retiró temporalmente a su embajador en protesta por los ataques con misiles Scud contra Israel. Pero el contexto actual es cualitativamente diferente: en 1991, España retiró al embajador por solidaridad con Israel; en 2026, lo retira contra Israel. El cambio de signo diplomático refleja la transformación de la política exterior española hacia Oriente Próximo que ha protagonizado el Gobierno de Sánchez desde el 7 de octubre de 2023.
En Bruselas, la alta representante Kaja Kallas ha convocado al Consejo extraordinario de Asuntos Exteriores para mañana lunes a las 10:00.
La presión diplomática se amplía. La declaración conjunta que inicialmente firmaron 16 países cuenta ya con 18 firmantes tras la incorporación de Portugal y Bélgica esta mañana. Los 18 países piden sanciones individuales contra los responsables israelíes de la interceptación de la Flotilla Sumud y de la detención de Abukeshek. El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha solicitado una sesión extraordinaria del Consejo de Seguridad, aunque Estados Unidos ya ha anunciado que vetará cualquier resolución que «señale exclusivamente a Israel».
El frente iraní se cruza con la crisis de la Flotilla. La disposición de Irán a reanudar negociaciones en Mascate, anunciada esta tarde, ha provocado una caída del Brent a 98 dólares que alivia parcialmente la presión sobre los mercados energéticos pero no resuelve la tensión diplomática. Si mañana el Consejo de la UE aprueba medidas contra Israel, la respuesta israelí podría incluir restricciones a las importaciones de productos europeos que afectarían especialmente al sector agroalimentario español, el tercer exportador europeo a Israel con 1.200 millones de euros anuales.
Para España, la retirada del embajador es un movimiento calculado que busca tres objetivos simultáneos: presionar a Israel para que permita el acceso consular y la liberación de Abukeshek; consolidar el liderazgo español en la política europea hacia Oriente Próximo; y desviar parcialmente la atención mediática nacional de la crisis interna del PSOE y de la deliberación del caso Koldo. Las fuentes de Exteriores niegan con vehemencia el tercer objetivo, pero la coincidencia temporal — la retirada del embajador se anuncia pocas horas después de la comparecencia de Montero en Ferraz — invita a una lectura que trasciende lo puramente diplomático.
Al cierre de esta edición, Abukeshek permanece en el centro de detención de Megiddo sin acceso consular español, con una función renal del 20% y una huelga de hambre que los médicos israelíes califican de «crítica pero reversible si el paciente acepta alimentación». La paradoja es brutal: el activista se niega a comer para protestar por su detención, e Israel se niega a liberarle para no sentar el precedente de que una huelga de hambre puede forzar decisiones de seguridad nacional. Mientras ambas partes se atrincheran en sus posiciones, los riñones de Abukeshek cuentan las horas.


