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Albares obtiene el respaldo del Congreso y anuncia la retirada del embajador si Israel no libera a Abukeshek antes del viernes: 15 países firman la mayor condena diplomática conjunta desde la guerra de Gaza

El ministro de Exteriores sale del pleno con 198 votos a favor de la proposición no de ley que exige la liberación inmediata de los detenidos de la Flotilla Sumud; el PP vota a favor pero critica el «calendario electoral» de la escalada; Abukeshek cumple su decimosexto día de huelga de hambre con valores de creatinina que apuntan a diálisis antes del lunes

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid·
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Albares obtiene el respaldo del Congreso y anuncia la retirada del embajador si Israel no libera a Abukeshek antes del viernes: 15 países firman la mayor condena diplomática conjunta desde la guerra de Gaza

A las 16:47 de esta tarde, cuando el presidente del Congreso levantó la sesión tras cinco horas y cuarenta minutos de debate, José Manuel Albares bajó de la tribuna con algo que ningún ministro de Exteriores español había logrado en una crisis de estas dimensiones: un mandato parlamentario casi unánime. Los 198 votos a favor de la proposición no de ley que exige la liberación inmediata de Saif Abukeshek y Thiago Ávila —con las únicas abstenciones de Vox y los votos en contra de dos diputados del Grupo Mixto— constituyen el respaldo más amplio que el Congreso ha dado a una iniciativa de política exterior desde el reconocimiento del Estado palestino en diciembre de 2024. Pero Albares sabe que los votos parlamentarios no abren celdas en la prisión militar de Megiddo, y por eso la frase que pronunció al abandonar el hemiciclo resume la estrategia que Exteriores desplegará en las próximas 36 horas: si Israel no presenta cargos formales o libera a los detenidos antes del mediodía del viernes, España retirará a su embajador para consultas.

La sesión de esta tarde ha sido, sin margen para la hipérbole, una de las más intensas de la XIV legislatura. Albares abrió su intervención con un gesto inhabitual en la liturgia parlamentaria española: proyectó en la pantalla del hemiciclo una fotografía del equipo consular tomada durante su última visita a Abukeshek en la prisión de Megiddo, una imagen que mostró al activista hispano-palestino con los pómulos hundidos, la piel cerúlea y una vía intravenosa en el brazo derecho que, según explicó el ministro, los médicos militares israelíes se negaron a retirar pero también a conectar a un gotero con nutrientes. La imagen provocó un silencio denso en el hemiciclo, interrumpido solo por el murmullo de los diputados que consultaban sus teléfonos para verificar la autenticidad de la fotografía. Albares aprovechó ese instante de atención absoluta para desgranar los datos médicos que el equipo consular recabó ayer: creatinina en 3,2 mg/dL —el doble del umbral de normalidad—, potasio en 5,8 mEq/L, presión arterial de 85/55 y un peso de 58 kilos, catorce menos que cuando fue detenido. El cuadro, según los nefrólogos consultados por Exteriores, sitúa a Abukeshek en el estadio III de insuficiencia renal aguda, una fase en la que la diálisis se convierte en necesidad clínica si no hay reversión en 48-72 horas.

El debate que siguió a la intervención de Albares evidenció las fracturas y las alianzas imprevistas que la crisis de la Flotilla ha provocado en el tablero parlamentario. García-Margallo, como se esperaba, subió a la tribuna para reprochar al Gobierno el calendario de la escalada diplomática —la convocatoria de Erlich, la amenaza de retirada del embajador, la declaración de los 15 países— sugiriendo que cada paso ha sido calibrado para coincidir con hitos de la campaña del 17-M. Pero el momento más revelador se produjo cuando el propio García-Margallo, tras catorce minutos de críticas procedimentales, anunció que el PP votaría a favor de la proposición no de ley porque «la vida de un ciudadano español no admite cálculos tácticos». La contradicción entre el discurso y el voto refleja el dilema que paraliza a la dirección popular: criticar la gestión sin parecer que se defiende a Israel en un momento en que el 78 por ciento de los españoles, según el último CIS flash, considera que el Gobierno ha sido demasiado tibio, no demasiado agresivo, en su respuesta. Feijóo, que siguió el pleno desde su despacho en Génova 13 según fuentes de la dirección nacional, habría dado la instrucción de votar a favor pero marcar distancia con el tono, una finura parlamentaria que permite al PP aparecer simultáneamente como patriota y opositor.

La adhesión de un decimoquinto país a la declaración conjunta —Sudáfrica, que formalizó su firma a las 14:20 hora de Madrid tras una reunión del gabinete de Ramaphosa— ha elevado la presión internacional sobre Israel a un nivel que los analistas comparan con el aislamiento que precedió a las sanciones europeas contra Rusia en 2014. La declaración, coordinada por Irlanda y copatrocinada ahora por España, Bélgica, Eslovenia, Noruega, Sudáfrica, Brasil, Chile, Colombia, Bolivia, Túnez, Malasia, Indonesia, Maldivas, México y Trinidad y Tobago, exige tres cosas concretas: la liberación inmediata de todos los detenidos, una investigación independiente sobre las condiciones de detención en Megiddo y la suspensión de cualquier procedimiento judicial que no cumpla con los estándares del Convenio de Ginebra. La presencia de Sudáfrica es particularmente significativa por su peso en el Sur Global y porque Pretoria mantiene abierta una causa contra Israel por genocidio ante la Corte Internacional de Justicia, lo que sugiere una posible convergencia entre la vía diplomática de la Flotilla y la vía judicial de La Haya.

La retirada del embajador para consultas, que Albares anunció al salir del hemiciclo con la cautela formularia de condicionar la medida a la falta de respuesta israelí antes del viernes al mediodía, constituye el penúltimo escalón del repertorio diplomático convencional antes de la ruptura de relaciones. En la práctica, supone que el embajador español en Tel Aviv, Fernando Carderera, regresará a Madrid para informar al Gobierno sobre la situación en primera persona, dejando la embajada a cargo del encargado de negocios. El gesto tiene precedentes recientes: España retiró a su embajador en Venezuela en 2019 durante la crisis de Guaidó, y Francia hizo lo propio con Italia en 2019 tras las declaraciones de Di Maio sobre el colonialismo francés en África. En ambos casos, la retirada duró entre tres y seis semanas y se resolvió sin ruptura formal. Pero Exteriores ha dejado claro, a través de fuentes que pidieron el anonimato, que si la retirada no produce movimiento por parte de Israel, el siguiente paso sería la declaración de persona non grata del embajador israelí en Madrid, una medida que ya sí se situaría en el territorio de la confrontación diplomática abierta.

El factor tiempo juega ahora un papel determinante que entrelaza la crisis internacional con el calendario electoral doméstico. El plazo que Albares ha dado a Israel expira el viernes a las 12:00, es decir, a 48 horas exactas de la apertura de los colegios electorales del 17-M. Si Israel no responde y España ejecuta la retirada del embajador el viernes por la tarde, la noticia dominará la última jornada de reflexión del sábado, un escenario que beneficiaría al PSOE al proyectar una imagen de firmeza gubernamental frente a una injusticia que el 78 por ciento de los españoles condena. El PP es consciente de este riesgo y por eso García-Margallo insistió en el pleno en que «las decisiones de Estado no deben tomarse con el calendario de Andalucía en la mano». Pero la realidad es que el calendario no admite pausas: Abukeshek no puede esperar al lunes, los 15 países firmantes necesitan una respuesta antes del Consejo de Asuntos Exteriores de la UE que se celebra el martes, y la opinión pública española exige acción, no deliberación.

En el plano médico, la situación de Abukeshek se ha deteriorado significativamente en las últimas doce horas. El equipo consular que accedió a la prisión de Megiddo esta mañana —en una visita de apenas 22 minutos que las autoridades militares israelíes interrumpieron alegando «razones de seguridad»— informó de que el activista presenta signos de confusión mental intermitente, un síntoma compatible con la encefalopatía urémica que se produce cuando los riñones dejan de filtrar las toxinas de la sangre. Los médicos del equipo consular solicitaron formalmente la evacuación de Abukeshek a un hospital civil, una petición que Israel rechazó argumentando que los servicios médicos del centro penitenciario militar son «adecuados para el tratamiento». Médicos Sin Fronteras, que mantiene un equipo en la zona, emitió un comunicado a las 15:00 en el que califica la situación de «emergencia humanitaria individual que requiere intervención inmediata» y advierte de que sin diálisis en las próximas 36-48 horas, el daño renal podría ser irreversible. La Cruz Roja Internacional ha solicitado acceso al detenido, pero Israel no ha respondido a la petición.

La dimensión doméstica de la crisis se ha visto amplificada por la entrada en escena de Vox, cuya abstención en la votación de la proposición no de ley rompió el consenso que el Gobierno buscaba. Santiago Abascal justificó la abstención en un comunicado que acusa al Gobierno de «convertir una crisis diplomática en un mitin electoral» y cuestiona la legitimidad de la Flotilla Sumud al calificarla de «operación de propaganda propalestina con financiación opaca». La posición de Vox, minoritaria en el Congreso, encuentra sin embargo eco en sectores del electorado conservador que Moreno necesita movilizar en Andalucía, lo que crea una tensión adicional para el PP: cada gesto de firmeza contra Israel que Feijóo respalde le acerca al Gobierno y le aleja de los votantes que Vox corteja activamente en las provincias del sur. El cálculo es delicado porque las encuestas del 17-M muestran que la crisis de la Flotilla no es el tema que más preocupa a los andaluces —ese puesto lo ocupa la sanidad, seguida del empleo—, pero sí es el que más pasiones despierta en los extremos del espectro ideológico, donde cada voto que se pierde puede decidir un escaño.

Las próximas 36 horas concentran una densidad de decisiones que rara vez se produce en la política española. Albares volará mañana a Bruselas para coordinar con Borrell y los ministros de Exteriores de Irlanda, Bélgica y Eslovenia el borrador de la declaración que presentarán en el Consejo del martes, un texto que ya incluye la propuesta de revisar el acuerdo de asociación UE-Israel. Si Israel responde positivamente antes del plazo —una posibilidad que los diplomáticos consideran remota dada la posición del gabinete de Netanyahu—, la crisis se desescalará y el 17-M se celebrará sin el ruido de fondo de la Flotilla. Si no responde, la tarde del viernes traerá la retirada del embajador, y con ella una cascada de consecuencias que incluyen la posible activación de la denuncia ante el Comité contra la Tortura y una solicitud formal al Consejo de Seguridad de la ONU. En cualquiera de los escenarios, la salud de Abukeshek marcará el ritmo: si su estado empeora hasta requerir diálisis de emergencia, la presión sobre Israel será insostenible y la retirada del embajador podría quedar obsoleta como gesto, sustituida por medidas que hoy parecen impensables pero que el deterioro físico de un ciudadano español en una prisión extranjera puede convertir en inevitables.

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