En esa misma conversación, el cocinero aprovechó para desmontar otro tópico que arrastra su figura: la etiqueta de «cocina molecular». Adrià rechazó esa denominación y reivindicó el término «tecnoemocional» para definir la propuesta que desarrolló durante los 17 años de vida de elBulli, periodo en el que el restaurante creó 1.846 recetas distintas con el objetivo declarado de explorar los límites de la experiencia gastronómica.
Frente a quienes sostenían que técnicas popularizadas por el restaurante, como las espumas, habían quedado obsoletas, Adrià defendió su vigencia señalando que miles de restaurantes de todo el mundo seguían utilizando el sifón, uno de los instrumentos que su cocina ayudó a extender fuera de los laboratorios culinarios.
Siete años después del cierre de elBulli, consumado en 2011, el chef recordaba que unas 3.000 personas permanecían en lista de espera para conseguir una mesa que ya no existía. Pese a ese interés, descartó volver a dirigir un restaurante: «¿Para qué lo haría?», se preguntó.
«Casi todos los grandes cocineros del mundo, salvo algunas excepciones, ya no cocinan. Prueban, dirigen y conciben», explicó Ferran Adrià en la entrevista de 2018.
El cocinero situó entre sus discípulos a nombres que ocuparon después los primeros puestos de la gastronomía internacional, como Joan Roca, Massimo Bottura y René Redzepi. También mencionó a su hermano Albert Adrià, que había abierto seis establecimientos en Barcelona, entre ellos Enigma, que entonces figuraba en el puesto 95 de la lista de los 50 mejores restaurantes del mundo y al que Ferran consideraba un pequeño heredero del espíritu de elBulli.
«Yo diría que el 95 % de los restaurantes a los que he ayudado han tenido éxito», aseguró el cocinero catalán.
Harvard y una fundación de 12 millones
Por aquellos años, Adrià combinaba la docencia en la Universidad de Harvard con la dirección de la elBulli Foundation, dotada con 12 millones de euros de capital privado aportado por Telefónica, CaixaBank y la cafetera italiana Lavazza. La fundación trabajaba entonces en un centro de innovación en el antiguo emplazamiento del restaurante, en Cala Montjoi, cuya apertura se preveía para 2019 pero acumuló retrasos hasta inaugurarse en junio de 2023 como elBulli1846, museo y espacio de investigación sobre su cocina.
El otro gran proyecto del chef, la Bullipedia, una enciclopedia gastronómica sobre la relación del ser humano con la alimentación, estudiaba en 2018 cuatro siglos de cocina francesa. Según Forbes, en marzo de 2025 la colección sumaba 24 volúmenes, elaborados por un equipo de más de un centenar de expertos. El documental de Amazon Prime se inscribía en la misma estela de proyectos culturales en torno a su legado, un fenómeno que la gastronomía española comparte con otros rescates recientes del patrimonio nacional, como el retrato de Baroja 70 años tras su muerte.
Adrià, que según la Universidad Politécnica de Valencia no tuvo contacto con la hostelería hasta los 18 años, llegó a elBulli por unas prácticas y en 1984 ya ejercía como jefe de cocina, cargo que compartió con Christian Lataud hasta 1987. En 1990 los antiguos propietarios le cedieron el restaurante junto a Juli Soler, y en 1997 el local obtuvo su tercera estrella Michelin, además de ser elegido mejor restaurante del mundo en cinco ocasiones, una cifra récord. La revista Time incluyó al cocinero catalán en su lista de las cien personas más influyentes del planeta.