Brooks, de 62 años, describió su trabajo como una «autoinvestigación» más que como un estudio académico convencional. Quiere, dijo, «más amor y más felicidad» en su vida, y reconoció que conseguirlo «no es fácil» para alguien con su carácter: se sitúa en el percentil 90 de mal humor, con una marcada tendencia al afecto negativo, es decir, a sentir con intensidad las emociones desagradables.
Para explicar esa tendencia, Brooks propuso una clasificación de las personas según la intensidad de sus emociones positivas y negativas. Él se ubica entre los «científicos locos», con niveles altos de ambas. Los «animadores», por el contrario, combinan mucha emoción positiva con poca negativa y son, según el profesor, «las personas más felices», aunque suelen ser malos jefes porque no toleran bien las malas noticias.
Completan el esquema los «jueces», que viven ambos tipos de emoción con poca intensidad, y los «poetas», que sienten poca alegría y mucha tristeza. Estos últimos, según Brooks, «tienden a ser los más creativos y los más románticos». Pese a la carga negativa de su propio perfil, defendió que esa emoción es «muy importante para la protección» y que el objetivo no es eliminarla, sino gestionarla para que no desestabilice a la persona.
El Camino de Santiago a los 55 años
Brooks situó un punto de inflexión en su recorrido del Camino de Santiago a los 55 años, poco después de dejar la dirección de un laboratorio de ideas estadounidense en el que trabajaba unas 80 horas semanales y en el que, según relató, se perdió buena parte de la infancia de sus hijos. Se describió entonces «sin gasolina» y «quemado».
Quería completar la peregrinación en 33 días, pero su mujer se negó a acompañarlo en todo el trayecto, de modo que solo compartieron los últimos ocho. Al llegar a Santiago de Compostela, Brooks sostuvo que comprendió que su misión era unir a las personas en torno a la felicidad y el amor, una conclusión que marcó el rumbo posterior de su carrera académica.
El profesor planteó también una ecuación propia: el sufrimiento equivale al dolor multiplicado por la resistencia que se le opone, por lo que reducir esa resistencia importaría más que intentar reducir el dolor en sí. Advirtió que quien trata de eliminar por completo su sufrimiento corre el riesgo de eliminar, sin darse cuenta, el sentido de su propia vida.
«El peor error que puede cometer la gente es intentar no sufrir», afirmó Arthur Brooks, catedrático de la Universidad Vanderbilt, en el pódcast de Tim Ferriss.
Antes de dedicarse a la economía y las políticas públicas, Brooks fue trompista profesional y tocó en la Orquesta Municipal de Barcelona entre 1989 y 1992. Se doctoró en análisis de políticas públicas en 1998, presidió el Instituto Estadounidense de la Empresa y dio clases en la Escuela Kennedy y en la Escuela de Negocios de Harvard. Ha escrito más de 15 libros, uno de ellos junto a Oprah Winfrey. Su mirada sobre el bienestar personal contrasta con los enfoques clínicos de otras divulgaciones recientes, como la alerta de la SEN sobre el ictus.
Al cierre de la conversación con Ferriss, Brooks resumió su propuesta para quien no sepa qué hacer con su vida: apagar el móvil y querer a alguien, porque, según sus palabras, «la felicidad es amor».
