El título procede de una novela que el propio Baroja publicó en 1912, 44 años antes de su muerte: la historia de Sacha, una joven rusa atrapada entre el amor, los ideales y la cruda realidad. Sobre una idea del guionista habitual del director, Álvaro Lión-Depetre, Buttini construye un relato protagonizado por Ana, una estudiante a la que le toca investigar a Baroja como trabajo de máster, que atraviesa el mismo proceso de descubrimiento que el cineasta dice haber vivido al documentarse.
En la ficción, Ana comparte metraje con un Baroja joven; los interpretan Nahia Bergasa y Álvaro Subíes, actores principales del filme. De ese encuentro surge, según Buttini, «el principio de una gran amistad» entre la estudiante y el escritor, un recurso con el que el director busca despojar a don Pío de los clichés con que suele representarse su figura.
«Con quien se van a encontrar es con el Baroja más personal (.) van a descubrir a un personaje que no se ató con nadie y que fue adelante siempre con sus ideas, sin importarle lo más mínimo lo que pensaran de él. Algo que acabó pagando… o no, porque eso fue lo que él siempre quiso», afirma Miguel Ángel Calvo Buttini, director de 'El mundo es ansí'.
Es el séptimo largometraje de Buttini (Tudela, 1962), tras 'Mr. Nadie' (2025) y, antes, 'El siglo de Galdós' (2020) y 'Emilia' (2022), esta última dedicada a Emilia Pardo Bazán. El documental recoge los testimonios de Gregorio Luri, Ramón Barea, Soledad Puértolas, Bernardo Atxaga, María José Solano, Marta Sanz, Carmen Caro y Pío Caro-Baroja.
Del anciano del Retiro al autor de aventuras
Nacido en San Sebastián en 1872 y muerto en Madrid en 1956, Pío Baroja y Nessi es una referencia mayor de la Generación del 98, autor de más de sesenta novelas y considerado uno de los grandes renovadores de la narrativa española por su estilo directo y su mirada crítica. Buttini reivindica, más allá del tópico del anciano con boina de la estatua del Retiro, las aventuras como 'Zalacaín el aventurero', las 22 novelas de la serie 'Memorias de un hombre de acción' —en torno a su antepasado, el conspirador liberal y masón Eugenio de Avinareta— o la tetralogía del mar que encabeza 'Las inquietudes de Shanti Andía'.
La figura nunca ha estado exenta de controversia. Francisco Umbral llegó a decir que don Pío tenía «nada más» que dos problemas: las mujeres y la gramática, un juicio que Buttini contrasta con los entrevistados de su película. «Baroja fue uno de los dos o tres grandes escritores de su tiempo, con una capacidad intelectual impresionante», sostiene el director apoyándose en la valoración de Atxaga, y recuerda que esa formación se forjó cuando «no existía internet, y tenías que leer y viajar mucho para aprender algo».
El cineasta destaca la capacidad de Baroja para incorporar a su literatura a pensadores como Kant y para retratar la España y la Europa de su tiempo —la política, la pobreza, la justicia— en títulos como 'El árbol de la ciencia'. Ese ejercicio de relectura conecta con otras aproximaciones recientes a autores clásicos difundidas en esta sección, como la frase de García Márquez sobre los demonios que vuelve a circular citada como suya.
El entierro de Baroja ofrece la medida de su influencia: al día siguiente de su muerte, víspera de Todos los Santos, fue sepultado en el cementerio civil de Madrid en una ceremonia a la que asistió Ernest Hemingway, lector devoto del escritor, y en la que portaron el féretro, entre otros, Miguel Pérez Ferrero, Camilo José Cela y el pintor Eduardo Vicente. Para Buttini, el objetivo de la cinta es devolver a Baroja su dimensión de persona: alguien que «creía profundamente en el ser humano» y desarrolló, en plena época de guerras y dictadura, «todo un personaje tanto personal como literario» desde una independencia radical.
