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Felipe VI participa en el documental de Netflix sobre el asesinato de Miguel Ángel Blanco

La plataforma estrena en julio 'Las 48 horas que lo cambiaron todo', con testimonio directo del Rey sobre los hechos de 1997.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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El Rey Felipe VI prestará testimonio en un documental producido por Netflix sobre el secuestro y asesinato del concejal del PP Miguel Ángel Blanco, perpetrado por ETA en julio de 1997. La plataforma anunció este lunes el estreno para el próximo mes de julio. Es la primera vez que el Jefe del Estado participa en una producción de la compañía estadounidense.

El proyecto y su alcance documental

El título elegido por Netflix condensa la cronología del crimen: 'Miguel Ángel Blanco: las 48 horas que lo cambiaron todo'. La banda terrorista ETA secuestró al edil de Ermua el 10 de julio de 1997 y lo asesinó el 12 del mismo mes tras cumplir el plazo del ultimátum que había formulado al Gobierno de José María Aznar. La plataforma no ha detallado todavía la duración ni el número de capítulos del documental, aunque sí ha confirmado que incorpora archivos de la época, testimonios de protagonistas directos y la participación del actual Jefe del Estado.

La producción se inscribe en una tendencia consolidada dentro de la industria audiovisual: el documental histórico de plataforma que aborda conflictos políticos o terroristas del pasado reciente europeo. En los últimos años, Netflix, HBO Max y otros operadores han producido piezas similares sobre el IRA, los Años de Plomo en Italia o la Fracción del Ejército Rojo en Alemania. En el caso español, la ficción sobre ETA había tenido ya presencia notable en cine y televisión, pero la participación directa de la Casa Real en un formato documental de estas características no tenía precedente.

La implicación personal del Rey en los hechos de 1997

La relevancia de la participación de Felipe VI en este proyecto no es meramente institucional. En julio de 1997, Don Felipe tenía exactamente 29 años, la misma edad que Miguel Ángel Blanco en el momento de su asesinato. Esa coincidencia no pasó inadvertida entonces ni ha sido olvidada después. El entonces Príncipe de Asturias presidió en representación de la Familia Real el funeral celebrado en Ermua el 14 de julio, en una jornada en la que decenas de miles de personas acompañaron el féretro desde la parroquia de Santiago Apóstol hasta el cementerio municipal de la localidad vizcaína.

La imagen del heredero caminando junto a la familia Blanco Garrido constituyó, en términos de comunicación institucional, uno de los actos más cargados de significado de su primera etapa pública. Don Felipe había concluido su ciclo académico —que incluyó formación militar y estudios en la Universidad de Georgetown, en Washington— apenas un año antes. El funeral de Ermua fue, según han señalado posteriormente analistas de la Casa Real, el primer momento en que el entonces Príncipe asumió un protagonismo institucional de primer orden ante una crisis de alcance nacional.

Las palabras que pasaron a la historia

Al término de la ceremonia fúnebre, el Príncipe de Asturias tomó la palabra ante los medios de comunicación. Sus declaraciones, breves y medidas, se convirtieron en parte del relato colectivo de aquellos días. Expresó que el dolor de la familia Blanco Garrido era también el dolor de la Familia Real y de todos los españoles que, en sus propias palabras, amaban y respetaban la vida y la libertad. Cerró su intervención con una frase que condensaba el estado de ánimo de la movilización ciudadana: «Los españoles y, en particular, los vascos han hablado con una sola voz y han dicho: ¡Basta ya!».

Esa expresión —'basta ya'— adquiriría mayor resonancia institucional tres años después, cuando en 2000 nació la plataforma ciudadana Basta Ya, que aglutinó a intelectuales, profesores y ciudadanos vascos contrarios a ETA y que fue distinguida con el Premio Sajarov del Parlamento Europeo en 2000. La genealogía lingüística de ese eslogan arranca, en el imaginario colectivo, de las manifestaciones de julio de 1997 y de las palabras pronunciadas en Ermua.

El asesinato de Blanco como punto de inflexión democrático

El caso de Miguel Ángel Blanco ocupa un lugar singular en la historia del terrorismo en España, no por ser el crimen con mayor número de víctimas —ETA asesinó a 853 personas entre 1959 y 2010, según el recuento del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo— sino por la respuesta social que desencadenó. El ultimátum de 48 horas, transmitido por los medios en tiempo real, convirtió el secuestro en un acontecimiento seguido de forma masiva y generó una movilización espontánea sin parangón en la historia democrática española.

Las manifestaciones convocadas durante el secuestro y tras el asesinato se produjeron simultáneamente en decenas de ciudades. Las imágenes de concentraciones nocturnas con velas encendidas frente a sedes del Gobierno vasco y de ayuntamientos de todo el país definieron lo que los analistas denominaron posteriormente el 'espíritu de Ermua', una reacción cívica que muchos historiadores consideran determinante para el proceso que condujo al abandono definitivo de las armas por parte de ETA en octubre de 2011.

Desde la Transición, solo la intentona golpista del 23 de febrero de 1981 había producido una respuesta institucional y ciudadana de magnitud comparable. En ambos casos, la Corona jugó un papel central: Juan Carlos I ante el intento de golpe de Estado, y el entonces Príncipe Felipe ante el asesinato que sacudió la conciencia colectiva sobre el terrorismo. La comparación, aunque asimétrica en naturaleza, permite calibrar el peso simbólico que el documental de Netflix recupera.

La memoria de las víctimas, eje del proyecto

En el acto de homenaje de Estado celebrado en 2022 con motivo del 25 aniversario del asesinato, Felipe VI retomó públicamente el hilo de aquella experiencia personal. Declaró que nunca podría olvidar cada instante de aquel día, que tenía entonces los mismos años que Miguel Ángel Blanco cuando lo asesinaron, y subrayó la necesidad de que las nuevas generaciones conozcan lo que ocurrió. «No podemos permitir que haya generaciones que ignoren lo que pasó», afirmó junto a la Reina Letizia en esa conmemoración.

Esa preocupación por la transmisión de la memoria enlaza directamente con el debate normativo y político sobre el reconocimiento institucional a las víctimas del terrorismo. La Ley 29/2011, de 22 de septiembre, de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo —modificada posteriormente en varios aspectos— establece el marco de derechos, prestaciones y medidas de memoria a favor de las víctimas y sus familias. El Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, con sede en Vitoria-Gasteiz y creado al amparo de esa legislación, ejerce como organismo de referencia en la preservación y difusión de ese patrimonio histórico.

Primera vez de la Corona en una producción de Netflix

Más allá del contenido histórico, el anuncio tiene una dimensión institucional propia: Felipe VI nunca había participado con anterioridad en una producción de Netflix ni en ningún proyecto documental de una plataforma de streaming de alcance global. La Casa Real española ha mantenido históricamente una relación con los medios audiovisuales marcada por la selectividad y el control del mensaje. Las entrevistas televisivas del Rey son escasas y se producen en formatos acotados, generalmente en el entorno de efemérides nacionales o en medios de referencia.

La decisión de participar en este documental supone, por tanto, una apertura hacia un formato y un canal de distribución distintos a los convencionales. Netflix opera en más de 190 países y cuenta, según sus propios datos financieros publicados en el primer trimestre de 2024, con más de 260 millones de suscriptores en todo el mundo. Eso convierte este documental en un vehículo de proyección internacional de la memoria del caso Blanco —y de la respuesta institucional española— de un alcance muy superior al de cualquier emisión en abierto de ámbito nacional.

Estreno en julio y contexto de recepción

Netflix ha fijado el estreno para el mes de julio, fecha que no parece casual: coincidirá aproximadamente con el 28 aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco. La proximidad temporal a esa efeméride permitirá que el documental dialogue con los actos de recuerdo que habitualmente convocan asociaciones de víctimas, instituciones vascas y organismos del Estado. Aún no se ha dado a conocer la fecha exacta de lanzamiento dentro del mes.

La recepción del proyecto en el debate público español estará condicionada por la persistencia de la memoria de ETA como asunto políticamente sensible. El relato sobre el terrorismo etarra, sus víctimas y la respuesta del Estado sigue siendo objeto de disputa en distintos ámbitos: desde las tensiones en torno a la política penitenciaria aplicada a presos de la organización hasta los debates sobre el relato educativo en el País Vasco. En ese contexto, la participación del Rey en un documental de alcance global añade un peso institucional difícil de ignorar al proyecto de Netflix, que deberá ser valorado, en última instancia, por su rigor histórico y por la amplitud de voces que incorpore.

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