El acto conmemorativo del 11-S mantiene desde hace un cuarto de siglo el mismo formato: la lectura ininterrumpida de los nombres de los fallecidos por parte de sus familiares, interrumpida únicamente por toques de campana y minutos de silencio que marcan los momentos clave de la tragedia. El primero se produce a las 8.46 de la mañana, hora de Nueva York —las 14.46 en la España peninsular—, cuando el vuelo American Airlines 11 impactó contra la Torre Norte del World Trade Center. Le siguen el segundo impacto contra la Torre Sur, el ataque al Pentágono, el derrumbe de la Torre Sur, la caída del vuelo United 93 sobre suelo de Pensilvania —cuyo destino se cree que era el Capitolio o la Casa Blanca— y, finalmente, a las 10.28, el desplome de la Torre Norte.
Ese guion, invariable desde 2002, podría verse alterado este año por primera vez. Varios familiares han manifestado su intención de mostrar su rechazo de forma visible si Mamdani acude al memorial, y algunos han anunciado que ni siquiera viajarán a Nueva York por su presencia. El aniversario coincide con un cuarto de siglo desde el atentado y ha concentrado una atención mediática e institucional superior a la de ediciones anteriores.
Monica Ilken, viuda de Patrick Ilken, fallecido en la Torre Sur donde trabajaba aquella mañana, es una de las voces más críticas. Fundadora de la organización September's Mission y miembro del patronato del Museo y Memorial del 11-S, ha dedicado los últimos veinticinco años a labores de memoria en torno a la Zona Cero. «Este 25º aniversario es muy importante para muchas familias. Yo no tengo nada contra el alcalde, pero hay mucha gente descontenta porque va a venir», ha declarado tras depositar una rosa blanca sobre la inscripción con el nombre de su marido. «Él debería respetar eso y decir 'no os molestaré, estáis llorando a vuestros muertos'. Este es un espacio sagrado».
El malestar no es unánime. Otros familiares y allegados sostienen que la presencia del alcalde de turno en la ceremonia es una tradición ininterrumpida desde los atentados y que cuestionarla desvirtúa el sentido del acto. Todos los regidores de Nueva York, con independencia de su signo político, han asistido a los aniversarios desde Rudolph Giuliani, que ocupaba la alcaldía el día de los atentados.
Mamdani, de 34 años, ganó la alcaldía de Nueva York en noviembre de 2025 convertido en la primera persona de confesión musulmana en dirigir la ciudad y en uno de los perfiles más disruptivos de la política municipal reciente, con un programa que combina vivienda pública, transporte gratuito y una agenda fiscal orientada a las grandes fortunas. De militancia socialista, su llegada al cargo se ha producido en paralelo a una polarización creciente de la vida política estadounidense durante la segunda presidencia de Donald Trump.
Parte de la controversia en torno a su figura procede de episodios de su trayectoria previa como activista y legislador estatal. Mamdani ha evitado condenar de forma explícita la expresión «globalización de la intifada», utilizada por sectores de la izquierda propalestina, limitándose durante la campaña a señalar que «desaconseja» su uso. También se le ha reprochado su cercanía con comentaristas de la izquierda estadounidense, entre ellos Hasan Piker, cuyas declaraciones sobre política exterior han generado polémica.
Bruce Blakeman, candidato republicano a la gubernatura del estado de Nueva York en los comicios de noviembre, ha capitalizado la controversia. «No es bienvenido en el aniversario del 11-S porque todavía tiene que decir que se opone a la globalización de la intifada», ha declarado el candidato, en una intervención que sitúa la polémica del memorial dentro de la contienda electoral estatal que se resolverá en las urnas dentro de dos meses.
El Ayuntamiento de Nueva York no ha alterado la agenda oficial del alcalde para el aniversario y ha reiterado su intención de que Mamdani participe en la ceremonia como representante institucional de la ciudad, conforme a la costumbre. La organización del acto, a cargo de la fundación gestora del memorial, no ha introducido cambios en el protocolo ni ha establecido restricciones de acceso más allá del dispositivo de seguridad habitual, reforzado este año por el carácter redondo del aniversario.
El precedente más cercano de tensión en torno al memorial se remonta a los años posteriores a 2001, cuando distintos alcaldes debieron gestionar críticas por decisiones relacionadas con la reconstrucción de la Zona Cero. En ningún caso anterior, sin embargo, la propia presencia del regidor en la ceremonia había sido cuestionada de forma abierta por familiares de las víctimas.
David Margules, fotógrafo que ha documentado el proceso de reconstrucción del World Trade Center y ha asistido a todos los aniversarios, ha advertido de que el ambiente podría tensarse este jueves. «Si acude, va a haber lío. Sé que muchos familiares no se van a quedar callados», ha señalado desde el propio recinto, mientras los operarios ultimaban el perímetro de seguridad horas antes del inicio del acto.
La jornada se desarrolla además con actos paralelos en el Pentágono y en Shanksville (Pensilvania), donde cayó el vuelo 93, con la previsión de que acudan autoridades federales. Está por ver si la lectura de nombres transcurre sin incidentes o si, como temen algunos asistentes habituales, se producen gestos de protesta visibles durante la intervención del alcalde. El desenlace podría marcar el tono de futuras ediciones y reabrir el debate sobre el papel de las autoridades municipales en un acto que, hasta ahora, se había mantenido al margen de la confrontación política.


