La Estrategia de Seguridad Nacional de 2021, aún vigente, define las estrategias híbridas como «la coordinación de diferentes líneas de acción y de distintos instrumentos dirigidos a explotar las vulnerabilidades de un Estado con el fin de desestabilizarlo o coaccionarlo». Ese mismo documento contemplaba un plan específico de seguridad para Ceuta y Melilla que, cinco años después, nunca llegó a materializarse y permanece guardado sin desarrollar.
El coronel retirado Jesús Alberto García Riesco remonta los antecedentes de esta estrategia a la Marcha Verde de 1975 o al incidente de Perejil de 2002, aunque sitúa en 2021 el precedente más directo de lo ocurrido este verano. Aquel año, unas 8.000 personas entraron de forma irregular en España en un episodio vinculado al traslado a un hospital español del líder del Polisario, Brahim Ghali, que deterioró gravemente las relaciones bilaterales con Rabat.
El entonces director del Gabinete de Pedro Sánchez, Iván Redondo, compareció en el Congreso una semana después de aquella crisis y calificó lo sucedido como «una herramienta más de las utilizadas en el marco de las estrategias híbridas». La frase, pronunciada hace cinco años, es la que ahora los analistas citan para argumentar que el Gobierno ya identificó el patrón mucho antes del asalto de julio, sin que ello derivara en una respuesta estructural.
El aviso de Luis de la Corte en 2025
El profesor Luis de la Corte advirtió en un artículo publicado en diciembre de 2025 en la Academia de las Ciencias y las Artes Militares que las actuaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla respondían a una lógica de zona gris. El texto, redactado meses antes de los hechos de julio, se interpreta ahora como un aviso temprano de lo que llegaría a mayor escala.
«Las actuaciones de Marruecos sobre Ceuta y Melilla pueden ser interpretadas a través del concepto de zona gris, conflicto sin escalar a confrontación abierta, usando estrategias híbridas utilizadas para avanzar en el desarrollo de una agenda exterior revisionista, contraria al statu quo», escribió el profesor Luis de la Corte en diciembre de 2025.
La acumulación de indicios en torno al 30 y 31 de julio aleja a los expertos de la hipótesis de un hecho espontáneo. El traslado de personas hacia la zona fronteriza en camiones, la compra de trajes de neopreno en los mismos establecimientos y el repunte de actividad en redes sociales tras la sentencia del Tribunal Supremo que rechazó las devoluciones en caliente de quienes cruzan a nado configuran, según estas fuentes, una secuencia coordinada y no una convergencia casual.
Uno de los puntos que continúan sin esclarecerse es el comportamiento de las fuerzas de seguridad marroquíes durante el asalto. Documentos desclasificados por el Gobierno, entre ellos un informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras de la Policía Nacional, constatarían cierta indolencia de los agentes marroquíes en el control del paso fronterizo.
«Se observa cierta presencia policial y militar al otro lado de la frontera, con escasa actividad de prevención y contención», recoge un informe policial sobre el comportamiento de las autoridades marroquíes durante los sucesos de julio.
Más allá de la pasividad, algunos análisis apuntan a la posibilidad de que agentes marroquíes facilitasen activamente el cruce, ya fuera señalando rutas a nado o coordinando los camiones que trasladaron a parte de los inmigrantes a lo largo de cientos de kilómetros hasta la frontera. Otro elemento señalado sería la presencia de militares marroquíes encubiertos entre quienes lograron entrar en Ceuta, con una participación que, según algunas informaciones, se habría extendido a emboscadas contra patrullas de las Fuerzas Armadas españolas. Varios de esos efectivos habrían regresado a Marruecos antes de la visita de los Reyes a la ciudad autónoma, evitando los procesos de filiación e identificación en los triajes posteriores.
El componente marítimo del episodio resultó igualmente significativo. El propio Gobierno confirmó que buques de guerra marroquíes se adentraron el 30 y 31 de julio en aguas de soberanía española, en un movimiento que Pedro Sánchez ha intentado circunscribir a un hecho «puntual». La Armada respondió desplegando hasta tres buques en labores de disuasión, en una jornada en la que las fragatas de ambos países estuvieron cerca de colisionar. A ello se sumaron órdenes de la Marina marroquí a pesqueros que faenaban en la zona para que invadieran aguas españolas, en lo que se interpreta como un instrumento adicional para dispersar la atención de las fuerzas de seguridad.
Paralelismos y diferencias con el modelo ruso
El marco de guerra híbrida en el que los expertos insertan estos episodios guarda similitudes, aunque también diferencias relevantes, con el empleado por Rusia en otros escenarios, como el de los ataques ucranianos contra infraestructuras energéticas rusas. A diferencia de esos casos, el repertorio atribuido a Rabat combinaría presión migratoria, despliegue naval y diplomacia pública en un mismo episodio fronterizo, sin recurrir a la confrontación armada directa.
Informaciones posteriores apuntan a un despliegue más amplio de medios por parte de Rabat durante aquellas jornadas, como el posible uso de cazas, fragatas y satélites marroquíes en el asalto a Ceuta de julio. El Gobierno español mantiene la caracterización de los hechos como un incidente acotado, en contraste con la lectura que los analistas militares hacen de una estrategia sostenida en el tiempo.

