Solo en el último mes esas hortalizas cultivadas se encarecieron un 18,5%, una subida que no es puntual sino prolongada. El repunte convive con una inflación general que en septiembre rozaba el 5%, según el INE, y resulta muy superior a la media. Las bayas frescas, categoría que incluye las fresas, cuestan un 47,4% más que hace un año, y los cítricos, pese a bajar un 5% en el último mes, acumulan un 15,1% interanual.
Andrés Góngora, secretario general de COAG y productor, atribuye el encarecimiento a una combinación de factores que se retroalimentan: la reducción de la superficie dedicada al cultivo, el clima extremo y la proliferación de plagas. «Si reduces superficie, se traduce en una mayor dependencia de terceros», afirma, en referencia a la necesidad creciente de importar para cubrir la demanda interna cuando la cosecha nacional no alcanza.
Esa dependencia, según Góngora, desmiente un supuesto asentado durante años en el sector: que recurrir a terceros países resultaba, en todo caso, más barato que sostener la producción local. Los precios actuales, sostiene, contradicen esa lógica.
El productor describe un proceso de siembra y recolección alterado por la climatología. «Cuando siembras prevés una recolección escalonada, y la sequía y los golpes de calor desestabilizan la recolección», apunta. La consecuencia son plantas que producen por debajo de lo previsto y episodios de vacío en los que la oferta no cubre la demanda prevista por los compradores.
El calor extremo también ha retrasado la floración al interferir en los ciclos de polinización. «Para los tomates de ahora, las abejas tuvieron que polinizar en agosto y el calor hace que la flor se retrase», detalla, lo que explica parte del desajuste entre la producción prevista y la real en las últimas semanas.
«Si lo pasamos mal las personas que nos podemos refugiar, imagina las plantas que están expuestas», lamenta Andrés Góngora, secretario general de COAG.
El origen climático no se limita a España. Marruecos, uno de los principales competidores en el mercado europeo de hortalizas de invierno, ha advertido de que su propia cosecha sufrirá retrasos por el mismo fenómeno meteorológico, lo que reduce el margen de los supermercados españoles para compensar con importaciones la escasez nacional.
A las dificultades climáticas se suma la falta de herramientas para combatir las plagas. Góngora reclama más disponibilidad de productos fitosanitarios frente a la proliferación inusual de enfermedades, entre ellas el virus del rugoso, que ha reducido de forma adicional el volumen recolectado en las últimas campañas.
Los sobrecostes que trasladan los supermercados
Góngora atribuye también parte de la responsabilidad a los supermercados, que trasladarían al precio final los sobrecostes en combustible y energía, agravados por el conflicto en Oriente Próximo. La combinación de mayor coste logístico y menor disponibilidad en origen, sostiene, «pone un precio que desanima al consumidor».
El Ministerio de Economía ha alertado a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia para que vigile que el encarecimiento de la energía no se traslade de forma injustificada a los precios de los alimentos. La CNMC es el organismo que supervisa la competencia en los mercados y puede abrir expedientes si detecta prácticas que distorsionen la formación de precios en la cadena alimentaria.
El vicepresidente y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, señaló que la repercusión de las crisis energéticas en la alimentación tarda entre ocho y doce meses en manifestarse plenamente en los lineales. Esa transmisión diferida ya se comprobó tras la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, cuando el encarecimiento del gas y los carburantes tardó meses en aflorar en el coste de los alimentos frescos.
El encarecimiento de los frescos se produce en un contexto de presión más amplia sobre el coste de la vida en España, que alcanza también a otros mercados como el inmobiliario, donde un economista ha advertido de que el reciente decreto de vivienda empuja el alquiler por habitaciones como vía de escape ante la escalada de precios.
Pese al alza de las hortalizas, las bayas y los cítricos, la inflación general de los alimentos se ha mantenido por debajo del 3%, según el INE, lo que indica que el impacto de estas categorías no se ha trasladado de forma homogénea al conjunto de la cesta. Con la referencia de Cuerpo, el efecto de la actual coyuntura energética podría seguir aflorando en los lineales durante los próximos ocho a doce meses.


