La carpintería Rutia cuenta con tres establecimientos en Zaragoza —San José, el Actur y el centro— y un taller en La Puebla de Alfindén, donde se preparan los encargos de particulares y profesionales. El padre de José, prejubilado, sigue colaborando tras toda una vida dedicada al negocio: «No fue al colegio, no tuvo oportunidad de estudiar y lleva trabajando desde niño», recuerda su hijo, que empezó a trabajar con 14 años.
«La gente joven, y no tan joven, que hemos cogido, tiene unos estándares de trabajo, de horarios, de sueldo, que si no se cumplen pues no vienen a trabajar, vuelven a casa de su padre y ya está», José Rutia, carpintero.
Rutia defiende que el oficio sigue ofreciendo salidas económicas sin necesidad de una carrera universitaria. «Tenemos oficiales que no tienen nada que envidiar a nadie con cualquier carrera, uno bueno cobra mucho dinero a final de mes, pero eso viene de una carrera de dedicación al oficio», sostiene, aunque no ofrece cifras concretas. Para él, lo decisivo es la actitud: «Sirve más el interés en aprender».
El carpintero también apunta al encarecimiento de los costes de producción como un obstáculo añadido para el sector: «Sube la luz, sube el gasoil, suben las materias primas, sube todo», lamenta, en un contexto de alzas energéticas que afecta a múltiples actividades, como recoge el informe de E&Y sobre el sobrecoste eléctrico del decreto de centros de datos.