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El MV Hondius fondea frente a Granadilla con un sexto fallecido y cuarenta y siete contagiados mientras Tedros, García y Marlaska coordinan desde Tenerife la evacuación del amanecer del domingo con aviones militares de Estados Unidos y Reino Unido

El sexto fallecido es un pasajero noruego de 62 años muerto por síndrome de distrés respiratorio agudo asociado a hantavirus cepa Andes. Países Bajos fleta un Boeing 737 para repatriar a pasajeros argentinos y holandeses. La UATAN del Hospital de La Candelaria está operativa con capacidad BSL-3 para 120 pacientes. El segundo caso sospechoso en Barcelona ha sido descartado tras PCR negativa.

Por Redacción de El Hemiciclo· Granadilla de Abona, Tenerife·
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Las luces de emergencia del MV Hondius parpadean en la oscuridad del Atlántico como las pulsaciones de un corazón enfermo, un ritmo intermitente de destellos blancos y rojos que se puede distinguir desde el paseo marítimo de Granadilla de Abona si uno sabe dónde mirar y tiene la paciencia de esperar a que el oleaje se calme lo suficiente como para que la silueta del crucero de expedición se recorte contra la línea del horizonte. Son las nueve y cuarenta y cinco de la noche del sábado nueve de mayo, y el barco que ha tenido en vilo a la comunidad sanitaria internacional durante los últimos cinco días acaba de completar su maniobra de fondeo a una milla y cuatro décimas de la costa sur de Tenerife, frente a la playa de La Jaquita, en un punto que el Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo ha designado como zona de exclusión sanitaria con un radio de doscientos metros que ninguna embarcación civil puede atravesar sin autorización del delegado del Gobierno en Canarias.

La operación de evacuación que se prepara para las primeras horas del domingo es, según fuentes del Ministerio de Sanidad, la más compleja que España ha organizado en su territorio desde la crisis del ébola de dos mil catorce, cuando la auxiliar de enfermería Teresa Romero fue ingresada en el Hospital Carlos III de Madrid y se activó un protocolo de aislamiento que movilizó a cientos de profesionales sanitarios y que puso a prueba la capacidad del sistema nacional de salud para gestionar una amenaza biológica de nivel cuatro. Pero la evacuación del Hondius presenta desafíos logísticos que no existían en el caso Romero: los pacientes no están en un hospital sino en un barco fondeado a más de un kilómetro de la costa, la mayoría son ciudadanos extranjeros de diecisiete nacionalidades diferentes con necesidades de repatriación que requieren coordinación diplomática con sus respectivos gobiernos, y la cepa Andes del hantavirus que ha causado el brote tiene una tasa de letalidad del treinta y ocho por ciento en los casos que desarrollan síndrome cardiopulmonar, una cifra que la OMS ha calificado esta noche de extremadamente preocupante y que ha elevado el nivel de alerta internacional a la fase cuatro del Reglamento Sanitario Internacional, un escalón por debajo de la emergencia de salud pública de importancia internacional que se declaró durante la pandemia de covid-19. El plan de evacuación, cuyos detalles ha podido conocer El Hemiciclo a través de fuentes presentes en la sala de crisis de Costa Adeje, contempla tres fases secuenciales que se ejecutarán entre las seis de la mañana y las seis de la tarde del domingo si las condiciones meteorológicas lo permiten.

La primera fase, prevista entre las seis y las nueve de la mañana, consistirá en la evacuación prioritaria de los cuarenta y siete pacientes positivos, que serán trasladados del barco a tierra mediante lanchas sanitarias del Servicio de Urgencias Canario (SUC) equipadas con cámaras de aislamiento portátiles de presión negativa que han sido enviadas desde el Hospital La Paz de Madrid en un vuelo militar que ha aterrizado esta tarde en el aeropuerto de Tenerife Sur. Los pacientes serán clasificados según la gravedad de sus síntomas en tres categorías: los críticos — actualmente once personas, incluyendo tres que requieren ventilación mecánica — serán trasladados directamente a la Unidad de Aislamiento de Alta Tecnología (UATAN) del Hospital Nuestra Señora de La Candelaria, una instalación de nivel BSL-3 que fue construida en dos mil veintiuno con fondos europeos de recuperación post-covid y que esta noche ha sido declarada plenamente operativa con capacidad para ciento veinte pacientes en aislamiento simultáneo. Los moderados — veintidós personas con fiebre, dolor muscular y síntomas respiratorios leves — serán ingresados en las plantas de aislamiento del Hospital Universitario de Canarias en La Laguna. Y los leves — catorce personas con síntomas mínimos o asintomáticas que han dado positivo en la PCR — serán confinados en un ala aislada del hotel Iberostar Anthelia que ha sido requisada por el Gobierno de Canarias mediante decreto de emergencia sanitaria firmado esta tarde por el presidente Fernando Clavijo.

La segunda fase, entre las nueve y las dos de la tarde, se ocupará de la evacuación de los pasajeros y tripulantes que han dado negativo en todas las pruebas PCR realizadas a bordo — un total de ciento treinta y seis personas — pero que deberán cumplir una cuarentena de catorce días en tierra antes de poder abandonar la isla. Aquí es donde la dimensión diplomática de la crisis se ha hecho más compleja: de los ciento treinta y un pasajeros del Hondius, ochenta y nueve son de nacionalidad argentina u holandesa, y tanto Argentina como Países Bajos han exigido la repatriación de sus ciudadanos en aviones dedicados que eviten el contacto con pasajeros de otros vuelos comerciales. Países Bajos ha resuelto la cuestión con la eficiencia que caracteriza a su diplomacia de crisis: el Ministerio de Asuntos Exteriores holandés ha fletado un Boeing 737-800 de la compañía Transavia que aterrizará en Tenerife Sur el lunes a las diez de la mañana y que trasladará a los pasajeros holandeses y argentinos con residencia en Europa directamente al aeropuerto militar de Eindhoven, donde completarán la cuarentena en las instalaciones de la base aérea. Argentina, por su parte, ha solicitado a España que los pasajeros argentinos sin residencia europea sean incluidos en el vuelo holandés y trasladados después a Buenos Aires en un avión de Aerolíneas Argentinas que la compañía estatal ha comprometido para el martes, una gestión que el embajador argentino en Madrid, Roberto García Moritán, ha negociado personalmente con el ministro de Exteriores José Manuel Albares en una llamada telefónica que se ha prolongado durante cuarenta y cinco minutos esta tarde.

La participación militar internacional en la evacuación ha sido el aspecto que más ha sorprendido a los observadores diplomáticos, no tanto por su magnitud — se trata de dos aviones de transporte militar — como por la rapidez con la que se ha materializado. Estados Unidos ha confirmado a las ocho de la tarde, a través del mando europeo del Departamento de Defensa (EUCOM), el envío de un avión de transporte C-17 Globemaster III desde la base aérea de Ramstein en Alemania, equipado con una unidad médica de aeroevacuación de veinticuatro camas que será utilizada para trasladar a los pacientes más graves a hospitales de referencia en el continente europeo si la capacidad del sistema sanitario canario resulta insuficiente. Reino Unido, por su parte, ha ofrecido un Airbus A400M Atlas desde la base de Brize Norton en Oxfordshire, que transportará equipamiento médico de aislamiento y personal sanitario militar del Royal Army Medical Corps especializado en enfermedades infecciosas tropicales. Ambos aviones tienen prevista su llegada al aeropuerto de Tenerife Sur entre las cinco y las seis de la madrugada del domingo, una hora antes del inicio de la evacuación. La participación de EEUU y UK ha sido interpretada por los analistas como una señal de la gravedad con la que la comunidad internacional percibe el brote del Hondius: no se trata de un gesto de solidaridad simbólica sino de una contribución operativa que responde a la preocupación de que la cepa Andes del hantavirus pueda establecer cadenas de transmisión en territorio europeo si la evacuación no se gestiona con los más altos estándares de bioseguridad.

La confirmación por parte de la OMS de la transmisión persona a persona de la cepa Andes del hantavirus es la noticia que más ha inquietado a la comunidad científica internacional a lo largo de esta jornada. Hasta ahora, las cepas conocidas del hantavirus se transmitían exclusivamente a través del contacto con roedores infectados o con sus excreciones — orina, heces, saliva —, y la posibilidad de contagio entre humanos se consideraba anecdótica y limitada a unos pocos casos documentados en Argentina y Chile durante brotes anteriores de la cepa Andes. Pero el brote del Hondius ha proporcionado la evidencia más sólida hasta la fecha de que esta cepa puede transmitirse entre personas a través de gotículas respiratorias en espacios cerrados, un mecanismo que recuerda inquietantemente al del SARS-CoV-2 y que eleva de forma dramática el potencial pandémico del virus. El doctor Tedros Adhanom, que ha viajado personalmente a Tenerife desde Ginebra en un vuelo que ha aterrizado esta tarde a las cuatro, ha declarado en la sala de crisis que la OMS considera que el riesgo de propagación internacional es actualmente moderado-alto pero que puede ser contenido si la evacuación se ejecuta con los protocolos de bioseguridad de nivel tres que el organismo ha recomendado. La declaración de Tedros, que ha sido transmitida en videoconferencia a los ministros de Sanidad de los veintisiete Estados miembros de la UE, ha incluido una frase que ha hecho saltar las alarmas en varias capitales europeas y que resume la gravedad del momento con una claridad que no admite interpretaciones ambiguas: la cepa Andes del hantavirus es diferente de todo lo que hemos visto antes en este género viral, y debemos actuar con la premisa de que puede transmitirse entre humanos con una eficiencia que todavía no hemos podido cuantificar con precisión.

El segundo caso sospechoso de hantavirus en Barcelona ha sido finalmente descartado esta noche tras conocerse el resultado negativo de la PCR específica realizada en el laboratorio de referencia del Hospital Clínic, una noticia que ha aliviado momentáneamente la presión sobre las autoridades sanitarias catalanas pero que no elimina el riesgo de que aparezcan nuevos casos en tierra vinculados al crucero. El paciente, un hombre de cincuenta y cuatro años residente en Badalona que había tenido contacto con un familiar que desembarcó del Hondius en la escala de Santa Elena el pasado sábado tres de mayo — una escala que ahora se investiga como el posible punto de fuga que permitió la salida del virus del barco —, ingresó el jueves en el Hospital Clínic con fiebre de treinta y nueve grados, mialgia intensa y trombocitopenia que los médicos de urgencias consideraron compatible con un cuadro inicial de hantavirus. La PCR negativa descarta la infección por hantavirus pero no aclara la causa de los síntomas, que los médicos atribuyen ahora a una posible infección por dengue contraída durante un viaje reciente del paciente a República Dominicana, una hipótesis que se confirmará con los resultados de las pruebas serológicas que se esperan para el lunes. En Países Bajos, sin embargo, la situación es menos tranquilizadora: el Instituto Nacional de Salud Pública (RIVM) ha confirmado un segundo caso positivo en Rotterdam, un familiar de un pasajero del Hondius que desembarcó en Santa Elena y que regresó a Europa por vía aérea antes de que se declarara la cuarentena del barco. Este segundo caso holandés, que se suma al primero confirmado el jueves, refuerza la tesis de la transmisión persona a persona y ha llevado al gobierno holandés a activar un rastreo de contactos que afecta a más de doscientas personas en la zona metropolitana de Rotterdam.

En la sala de crisis del hotel Iberostar Anthelia, donde las cortinas están corridas y las luces de neón del techo bañan los rostros exhaustos de los participantes con una claridad despiadada, Tedros, García y Marlaska repasan los últimos detalles de la operación de evacuación del domingo con una minuciosidad que revela la consciencia compartida de que cualquier error en las próximas doce horas podría tener consecuencias sanitarias, diplomáticas y políticas de una magnitud difícil de calcular. El director de la OMS, que a sus sesenta y un años ha gestionado el ébola en África, el covid-19 en todo el planeta y la viruela del mono en Europa, ha insistido en que la prioridad absoluta es evitar que el virus salga del perímetro de control establecido en Tenerife, una prioridad que implica medidas que algunos de los presentes consideran excesivas pero que Tedros defiende con la autoridad que le confiere su experiencia: controles sanitarios con PCR obligatoria en todos los vuelos que salgan de los aeropuertos canarios durante los próximos catorce días, rastreo de contactos retrospectivo de todos los pasajeros que desembarcaron en Santa Elena, y la creación de un cordón sanitario virtual alrededor de la isla de Tenerife que incluya la vigilancia epidemiológica activa de todos los centros de salud y hospitales del archipiélago. La ministra García, que ha llegado esta mañana a las ocho desde Madrid y que no ha dormido desde el jueves, ha aceptado todas las recomendaciones de Tedros y ha añadido una medida adicional de su cosecha: la activación del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) en modo veinticuatro horas con un equipo de treinta epidemiólogos que monitorizarán en tiempo real la evolución del brote y coordinarán la respuesta con los sistemas de salud de las diecisiete comunidades autónomas.

La noche avanza sobre Granadilla de Abona con la lentitud solemne de las noches que preceden a las batallas, y en el paseo marítimo de la localidad tinerfeña, donde normalmente a esta hora del sábado los vecinos pasean con sus perros y los turistas buscan un restaurante para cenar, se ha instalado un silencio vigilante que solo rompen las sirenas de las ambulancias que trasladan equipamiento médico desde el aeropuerto y el zumbido de los drones de vigilancia que el Ejército del Aire ha desplegado sobre la zona de exclusión marítima. Los pescadores de Granadilla, que conocen estas aguas mejor que nadie y que han sido los primeros en avistar las luces del Hondius cuando el barco ha completado su maniobra de fondeo a las nueve y cuarenta y cinco, observan la escena desde el muelle con una mezcla de preocupación y curiosidad que se traduce en conversaciones en voz baja y en llamadas telefónicas a familiares del norte de la isla para contarles lo que ven: un barco iluminado como un árbol de Navidad fondeado a poco más de un kilómetro de la playa, rodeado por dos patrulleras de la Guardia Civil y una lancha de Salvamento Marítimo que mantienen el cordón de seguridad, mientras en el cielo tres helicópteros — dos del SAR y uno de la Guardia Civil — describen círculos lentos con sus focos encendidos, barriendo la superficie del mar en busca de cualquier embarcación que intente acercarse al crucero. A bordo del Hondius, donde las luces de emergencia siguen parpadeando con ese ritmo que evoca un electrocardiograma, ciento ochenta y tres personas esperan el amanecer con la incertidumbre de quienes saben que las próximas horas determinarán si salen de esta pesadilla con vida o si la cepa Andes del hantavirus añade más nombres a una lista de fallecidos que ya es demasiado larga para un crucero que zarpó hace dos semanas de Ushuaia con la promesa de mostrar a sus pasajeros las maravillas de la Antártida y que ha acabado mostrándoles el rostro más temible de la naturaleza.

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