El episodio, según su relato, se desencadenó nada más instalarse junto a Meghan Markle en suelo canadiense, en lo que en su momento se presentó como unas vacaciones tras el nacimiento de su primer hijo, Archie, en mayo de 2019. La pareja buscaba, en sus propias palabras, «tener algo de espacio, lejos de todo, para poder pensar» antes de tomar una decisión sobre su futuro dentro de la institución.
«Estar en Canadá, lejos del ambiente estresante en donde mi cuerpo estaría lleno de adrenalina, en solo dos o tres días experimenté una caída de la adrenalina, algo que nunca había vivido antes», relata el príncipe Harry en la entrevista con 'MasterClass'.
Harry describe el fenómeno como una dependencia fisiológica del estrés acumulado durante años de exposición mediática y protocolo. «Es como si necesitara estrés para conseguir la adrenalina y así hacer que mi cuerpo funcionara porque me convertí inútil en casa», añade, en una reflexión que vincula con la ruptura que se formalizaría pocas semanas después.
Fue en enero de 2020, justo antes de que se declarara la pandemia global, cuando el matrimonio anunció su intención de abandonar sus funciones como miembros activos de la Casa Real. A ese anuncio le siguieron varias reuniones con la reina Isabel II, el entonces príncipe Carlos —hoy Carlos III— y el príncipe Guillermo para negociar los términos de la salida, un proceso que derivó en la renuncia a sus tratamientos oficiales y en su traslado posterior a Montecito, California.
Casi siete años después de aquella crisis, Harry y Meghan sorprendieron este septiembre al instalarse de nuevo en Reino Unido, cerrando un ciclo que comenzó con aquel retiro canadiense. El duque no ha precisado en la entrevista los motivos del regreso, pero sí ha insistido en que aquel episodio depresivo marcó un punto de inflexión en su manera de entender su propia salud mental. El matrimonio ya había protagonizado otros episodios públicos de la familia, como el divorcio de Cristina e Iñaki Urdangarin que sacudió a la realeza europea.
Un patrón que viene de la infancia
No es la primera vez que Harry aborda públicamente su relación con el estrés y el trauma, aunque suele situar el origen en la muerte de su madre, Diana de Gales, en 1997, cuando él tenía 12 años, o en su posterior paso por el ejército. En el episodio 'Redefining Grief: Building Resilience Through Loss', publicado con motivo del día mundial de la salud mental, explicaba el mecanismo de supresión emocional que arrastró durante años.
«Durante 15 o 20 años cuando me preguntaban si estaba bien mi respuesta siempre era que sí. Estaba entumecido, cerrado emocionalmente», explicaba el príncipe Harry en ese episodio, grabado según 'People' en su residencia de Montecito a principios de este verano.
En esa misma conversación, Harry relacionaba su entrada en el ejército a los 20 años con la misma búsqueda de distracción que después identificaría como motor de su adrenalina. «Era una fuerza que me empujaba lo que me impulsó a unirme al ejército con 20 años. Era la distracción perfecta. No podía pensar en mucho más que en la tarea que tenía enfrente», relata, en una declaración que conecta sus dos grandes rupturas vitales: la pérdida de su madre y el abandono de la Casa Real.