El plató terminó reuniendo solo a la mitad de los invitados previstos. Sobre el escenario quedaron el ultraderechista Renan Santos, el exgobernador de Goiás Ronaldo Caiado, de perfil conservador, y el médico y candidato Augusto Cury. Los atriles reservados a Lula y a Flávio Bolsonaro, situados de forma contigua tras el sorteo previo de posiciones, permanecieron vacíos durante toda la emisión.
Renan Santos abrió su intervención señalando directamente esos dos atriles desocupados. Calificó a los ausentes de "criminales" y sostuvo que su falta de comparecencia suponía una falta de respeto "a todos los brasileños". "Viven peleándose por ahí en internet (.) pero son cobardes. No vinieron aquí porque no tienen el coraje para hablar de los crímenes que cometieron", declaró el candidato ultraderechista.
Mientras se desarrollaba el cara a cara televisado, Lula concedía su entrevista a TV Record en franja horaria solapada, una decisión de calendario interpretada como una contraprogramación para restar audiencia al debate. En esa comparecencia, el mandatario dedicó buena parte de sus respuestas a lamentar lo que describió como una degradación de la discusión política y a cuestionar el papel creciente de las redes sociales en las campañas.
El presidente expresó su "nostalgia" por las contiendas de décadas pasadas. "La situación ha ido empeorando. Hoy, si comparas la contienda actual con la de aquel entonces, te das cuenta de que ha disminuido la importancia de los políticos que se postulan a las elecciones", afirmó, en referencia a las elecciones de 1989, las primeras por voto directo en Brasil tras el fin del régimen militar que gobernó el país entre 1964 y 1985. Aquellos comicios supusieron también su primera candidatura a la Presidencia, derrotada por Fernando Collor de Mello en segunda vuelta.
Lula fue explícito al cargar contra los candidatos cuya proyección pública depende principalmente de su actividad en internet. "Hay gente que cree que hacer bromas en internet o causar sensación en internet le da el derecho a ser presidente de la República. Ser presidente es otra cosa", sostuvo, sin citar nombres. Pese al tono crítico, reivindicó la participación electoral: advirtió de que el desapego ciudadano hacia la política puede terminar beneficiando a "minorías" movilizadas que sí acuden a votar, en un llamamiento a votar de cara a la primera vuelta.
La renuncia de Zema, comunicada el mismo domingo mediante una nota oficial de su campaña, se sumó a las bajas de última hora. El exgobernador de Minas Gerais atribuyó su decisión a la ausencia de los dos aspirantes con mayor intención de voto, argumentando que un debate sin Lula ni Flávio Bolsonaro perdía buena parte de su sentido como cita de contraste entre los principales proyectos.
El contexto electoral lo marca la encuesta divulgada por la firma demoscópica Datafolha, la primera desde el arranque oficial de las campañas, que sitúa a Lula al frente de la intención de voto en primera vuelta con un 39%, frente al 33% atribuido a Flávio Bolsonaro. Ninguno de los dos alcanzaría, según ese sondeo, la mayoría absoluta necesaria para evitar una segunda vuelta.
El sistema electoral brasileño, regulado por el Código Electoral y supervisado por el Tribunal Superior Electoral, contempla que si ningún candidato supera el 50% de los votos válidos en la primera vuelta del 4 de octubre, los dos aspirantes más votados disputarán un balotaje en las semanas posteriores, un mecanismo vigente desde la Constitución de 1988 y aplicado en la práctica totalidad de los procesos presidenciales desde entonces.
La ausencia de los dos principales candidatos en un debate televisado no carece de precedentes recientes en la política brasileña: en la campaña de 2022, tanto Lula como Jair Bolsonaro, padre de Flávio, evitaron algunos de los debates organizados por cadenas privadas, alegando estrategias de comunicación centradas en otros formatos. La diferencia esta vez es que la ausencia simultánea de ambos vació el debate de su principal atractivo competitivo.
Ni el equipo de campaña de Flávio Bolsonaro ni la Presidencia de la República ofrecieron de forma inmediata una explicación pública detallada sobre los motivos concretos de sus respectivas ausencias más allá del compromiso televisivo de Lula, lo que deja abierta la incógnita de si se repetirá un esquema similar en los próximos encuentros previstos antes de la primera vuelta.
La campaña entra ahora en una fase de mayor intensidad, con nuevos debates y encuestas previstos en las semanas que restan hasta el 4 de octubre. El resultado de esa primera vuelta determinará si Brasil afronta un balotaje entre Lula y Flávio Bolsonaro o si alguno logra imponerse directamente, un desenlace que a día de hoy no puede darse por descontado pese a la ventaja que reflejan los primeros sondeos.



