El anuncio, realizado por una compañía con más de 130 años de historia en el sector minero sueco, situó a la Unión Europea ante una posibilidad hasta entonces reservada a China, Estados Unidos o Australia: contar con una fuente propia de materiales críticos para la transición energética y la industria de defensa. Kiruna, la localidad donde se ubica el yacimiento, lleva más de un siglo vinculada a la extracción de hierro, lo que facilita en parte la logística del nuevo proyecto al compartir infraestructura con la mina existente.
La proporción de tierras raras respecto al total del mineral extraído sería del 0,18%, una concentración que en la minería de estos elementos se considera aprovechable industrialmente pese a su aparente modestia. David Hognelid, jefe de estrategia de productos especiales de LKAB, explicó que la combinación de volumen total y concentración hace del yacimiento una opción «rentable y sostenible», aunque matizó que el desarrollo del proyecto se encuentra todavía en una fase preliminar.
Sobre el valor económico del hallazgo circulan estimaciones cercanas a los 64.000 millones de euros, calculadas a partir de los precios de mercado del óxido de neodimio-praseodimio —en torno a 446.500 yuanes por tonelada— y del metal mixto de praseodimio-neodimio —unos 546.500 yuanes por tonelada—, ambos cotizados en yuanes en los mercados chinos, que concentran la mayor parte del refinado mundial. Convertidas a euros con un tipo de cambio aproximado de 7,8 yuanes, esas cotizaciones equivalen a unos 57.244 y 70.064 euros por tonelada; con un valor promedio de 63.654 euros, el millón de toneladas estimado arrojaría un valor total próximo a los 63.654 millones de euros. La cifra, de confirmarse con estudios geológicos más precisos, superaría la valoración de proyectos comparables como Halleck Creek, en Wyoming (Estados Unidos), tasado en unos 37.000 millones de dólares.
Estas cifras dependen de variables aún abiertas: el precio de las tierras raras fluctúa con fuerza según la oferta china, que domina el refinado global, y las estimaciones de tonelaje se basan en sondeos que la propia LKAB ha calificado de iniciales. La empresa ya comenzó las obras de acceso a las galerías de exploración, pero la evaluación completa del potencial del yacimiento se prolongará durante varios años antes de que exista una cifra definitiva y auditada.
Entre diez y quince años de trámites antes de la primera tonelada
El obstáculo principal no es geológico sino administrativo. Según las previsiones de la propia compañía, los trámites para obtener los permisos de explotación y completar los estudios de impacto ambiental exigidos por la legislación sueca podrían prolongarse entre diez y quince años. LKAB ha reconocido que queda «un largo camino» por recorrer antes de que el yacimiento pueda entrar en producción efectiva.
La normativa medioambiental sueca, una de las más exigentes de la Unión Europea, obliga a evaluar en detalle los efectos de la extracción sobre el ecosistema local, que incluye zonas próximas a territorios habitados por comunidades sami, pueblo indígena con derechos reconocidos sobre el uso tradicional de estas tierras para el pastoreo de renos. Cualquier proyecto minero de esta envergadura en el norte de Suecia debe conciliar la explotación con esos derechos, un equilibrio que en el pasado ha generado litigios y retrasos en otras minas de la región. Representantes de comunidades sami han reclamado ser parte activa en las consultas previas a cualquier autorización, en línea con los convenios internacionales sobre pueblos indígenas que Suecia ha suscrito.
El telón de fondo del debate europeo es la dependencia casi total del continente respecto a China para el refinado de tierras raras, una situación consolidada desde los años noventa, cuando Pekín, mediante precios subvencionados, desplazó a productores occidentales como la mina de Mountain Pass en California, que llegó a cerrar por falta de competitividad antes de reabrir décadas después. Buena parte de las tierras raras procesadas que llegan al mercado comunitario tiene origen chino, un dato que explica el interés inmediato que despertó el anuncio sueco entre gobiernos y fabricantes de tecnología.
La Unión Europea aprobó en 2024 el Reglamento de Materias Primas Críticas, que fija el objetivo de que al menos el 10% de las materias primas estratégicas consumidas en el bloque se extraigan en territorio comunitario para 2030, además de metas de procesamiento y reciclaje. El yacimiento de Kiruna se citó de forma reiterada en Bruselas como ejemplo de proyecto capaz de contribuir a ese objetivo, aunque los plazos de tramitación previstos por LKAB —hasta quince años— chocan con el horizonte de 2030 marcado por la normativa comunitaria.
Desde el punto de vista geoestratégico, disponer de una fuente propia de neodimio y praseodimio tendría implicaciones directas para la fabricación de vehículos eléctricos, los aerogeneradores marinos del Báltico y del mar del Norte y determinados sistemas de defensa que emplean imanes de alto rendimiento. Suecia, miembro de la OTAN desde 2024 tras el giro en su política de neutralidad motivado por la invasión rusa de Ucrania, sumaría con ello un activo adicional dentro de la Alianza y de la propia Unión Europea.
Ni el Gobierno sueco ni la Comisión Europea han fijado fechas concretas de extracción comercial. Organizaciones ecologistas locales han advertido de que la presión política para acelerar los plazos no debería traducirse en una relajación de los controles ambientales exigidos por la ley sueca, mientras LKAB sostiene que el desarrollo será compatible con esos estándares. El proyecto continúa en la fase de caracterización geológica sin fecha oficial para el inicio de la extracción industrial.
Los próximos hitos relevantes serán la publicación de estudios de reservas más detallados, la apertura formal del proceso de evaluación de impacto ambiental ante las autoridades suecas y las eventuales decisiones de inversión que LKAB deba someter a sus accionistas y a organismos financieros europeos interesados en la autonomía tecnológica del continente.


