El complejo, situado en el Alto Guadalquivir, combinaba una zona residencial, donde habitaba la familia propietaria de la explotación, con una almazara dedicada a la producción de aceite de oliva, una actividad que ya tenía peso económico en la Hispania romana y que sigue definiendo la economía de la provincia dos milenios después. Las excavaciones, según los responsables del proyecto, continúan ofreciendo resultados por encima de lo previsto.
El fragmento de mosaico recién aparecido presenta motivos geométricos elaborados con teselas blancas, negras y rojizas, una técnica y una paleta cromática habituales en las residencias romanas de cierto nivel económico y que reflejan la posición de quienes habitaron el espacio. La pieza completa parcialmente otro mosaico ya conocido, lo que permite reconstruir con mayor precisión la distribución del patio porticado que organizaba la vivienda principal de la villa.
Junto al mosaico se han recuperado también una basa de columna y un capitel de piedra tallada, elementos que aportan información sobre la monumentalidad del conjunto arquitectónico y ayudan a los investigadores a perfilar cómo era originalmente el edificio, más allá de los restos que suelen conservarse a ras de suelo en este tipo de yacimientos.
Las excavaciones se desarrollan de forma simultánea en dos áreas diferenciadas del complejo. Por un lado, la zona residencial, vinculada a la vida doméstica y social de los propietarios de la explotación agrícola. Por otro, la antigua almazara, cuya recuperación resulta especialmente relevante para entender el funcionamiento de las grandes explotaciones oleícolas del Alto Guadalquivir durante la Hispania romana y su papel dentro de la economía del Imperio.
Uno de los retos permanentes de este tipo de excavaciones es la conservación de las piezas una vez salen a la luz. Muchos mosaicos, explican los responsables del proyecto, permanecieron enterrados durante años precisamente porque esa cobertura de tierra los protegía de la humedad, los cambios bruscos de temperatura y otros factores que aceleran su deterioro. Su exposición exige por tanto un plan de conservación específico antes de integrarlos en cualquier recorrido visitable.
Un proyecto ligado al oleoturismo
El hallazgo se enmarca en el Plan de Sostenibilidad Turística en Destino «Jaén, capital del oleoturismo en España», una iniciativa que persigue conectar el legado romano de la provincia con la cultura del aceite de oliva que continúa siendo su principal seña de identidad económica. La antigua almazara de Los Robles quedará integrada en el futuro Centro de Innovación Paisajes del Olivar, un espacio pensado para unir historia, patrimonio, investigación y turismo, según la información difundida sobre la actuación.
La actuación cuenta con financiación de los fondos europeos Next Generation EU, dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España, el instrumento con el que la Unión Europea distribuye ayudas y préstamos a los Estados miembros para proyectos de modernización económica, digital y de sostenibilidad tras la pandemia. Este tipo de fondos ha financiado en los últimos años actuaciones de recuperación patrimonial en distintas comunidades autónomas, dentro de la línea destinada a la competitividad turística de los territorios.
Jaén no es una provincia nueva en el mapa del patrimonio romano andaluz. Yacimientos como el de Cástulo, con sus mosaicos y su museo monográfico, o los restos de villas romanas repartidos por el Alto Guadalquivir, han situado tradicionalmente a la provincia como un enclave clave para entender la romanización de la Bética. Los Robles se suma ahora a ese catálogo con un enfoque que integra la excavación arqueológica dentro de una oferta turística centrada en el aceite de oliva, cultivo del que Jaén es históricamente la principal provincia productora de España.
El objetivo del proyecto es que tanto la zona productiva como la residencial de la villa formen parte de un recorrido completo para los visitantes una vez concluyan los trabajos de excavación y consolidación. Esa fase, sin embargo, no tiene todavía un calendario cerrado, ya que las campañas arqueológicas continúan ofreciendo hallazgos que obligan a revisar los plazos iniciales.
La combinación de arqueología y turismo no es una fórmula inédita en España. Casos como el de la villa romana de La Olmeda, en Palencia, o el yacimiento de Baelo Claudia, en Cádiz, han demostrado en las últimas décadas que la puesta en valor de estos enclaves puede generar recursos económicos para las comunidades locales sin comprometer la conservación de los restos, siempre que los proyectos cuenten con financiación estable y personal técnico especializado.
Los próximos meses serán determinantes para fijar el alcance del hallazgo. Los equipos de restauración deberán evaluar el estado de conservación del mosaico y decidir si permanece expuesto de forma permanente o si, como ha ocurrido con otras piezas del yacimiento, se procede a su cobertura temporal hasta que el proyecto disponga de las infraestructuras necesarias para garantizar su exhibición pública en condiciones adecuadas.

