"El Ejército seguirá cumpliendo todas las tareas relacionadas con el acuerdo marco dentro de las capacidades disponibles, mientras que las fuerzas de ocupación israelíes continúan sus ataques y violaciones de los entendimientos establecidos en el acuerdo", señaló Haykal, de acuerdo con la agencia estatal libanesa NNA.
El pronunciamiento del jefe militar se produce en un momento de tensión sobre el ritmo de aplicación del pacto suscrito a finales de junio de 2026, que contempla la retirada progresiva de las tropas israelíes de las denominadas "zonas piloto" en el sur de Líbano, un proceso que debería traspasar el control efectivo del terreno a las fuerzas armadas regulares libanesas. El acuerdo se enmarca en un esquema más amplio, con mediación estadounidense, que incluye además el compromiso de avanzar en el desarme de Hezbolá, la formación político-militar chií que durante décadas ha mantenido una estructura armada paralela al Estado libanés en el sur del país y en el valle de la Bekaa.
Beirut sostiene desde hace semanas que los reiterados ataques israelíes contra objetivos en el sur de Líbano, y lo que las autoridades libanesas describen como incumplimientos del pacto, están obstaculizando el despliegue efectivo de las Fuerzas Armadas en las áreas que deberían quedar bajo su control exclusivo. Israel, por su parte, ha justificado en ocasiones anteriores sus operaciones alegando la necesidad de impedir la reconstrucción de infraestructura militar de Hezbolá cerca de la frontera, un argumento empleado de forma recurrente desde el alto el fuego de noviembre de 2024 que puso fin a la última gran escalada. El Hemiciclo no ha podido contrastar de forma independiente la versión israelí sobre los incidentes más recientes ni el alcance de los ataques denunciados por Beirut, sobre los que el propio Ejército libanés se ha ceñido a un lenguaje genérico sobre "violaciones" del acuerdo.
Un marco heredado de la resolución 1701
La zona fronteriza entre Líbano e Israel, delimitada por la conocida como Línea Azul que Naciones Unidas trazó en el año 2000 tras la retirada israelí del sur libanés, ha sido escenario de tensiones intermitentes durante más de dos décadas, con episodios que se remontan a la invasión israelí de 1982 y a la guerra de 2006 entre Israel y Hezbolá. Aquel conflicto se cerró con la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada en agosto de 2006, que sigue siendo el marco de referencia para el despliegue en la región: establece una zona libre de armas y personal militar no autorizado entre el río Litani y la frontera, bajo supervisión conjunta del Ejército libanés y la fuerza de interposición de la ONU, la UNIFIL, presente en el sur desde 1978.
El acuerdo marco de junio de 2026 constituye, en la práctica, un intento de actualizar y reforzar ese esquema tras la última guerra abierta entre Israel y Hezbolá, iniciada en octubre de 2023 en paralelo al conflicto en Gaza. Aquella escalada se prolongó durante más de un año con intercambios de fuego transfronterizos, bombardeos israelíes sobre el sur y el valle de la Bekaa, y la muerte del entonces líder de Hezbolá, Hasan Nasralá, en septiembre de 2024.
El Gobierno libanés, encabezado desde enero de 2025 por el presidente Joseph Aoun —exmilitar y antiguo comandante del propio Ejército—, ha situado el monopolio estatal de la fuerza como uno de los ejes centrales de su programa, en un país que arrastra desde 2019 una de las crisis económicas más severas de su historia reciente, según ha documentado el Banco Mundial en sucesivos informes sobre Oriente Próximo. Esa fragilidad condiciona la capacidad de una institución militar mermada por años de recortes para sostener un despliegue prolongado en el sur.
La reunión de Haykal con Edward Gabriel se inscribe en los contactos periódicos que Beirut mantiene con interlocutores de Washington, actor que ha ejercido de mediador en las negociaciones indirectas entre Líbano e Israel desde el fin de la guerra de 2023-2024, en coordinación con Francia, potencia que mantiene vínculos estrechos con Líbano desde el mandato francés sobre el país entre 1920 y 1943.
El desarme de Hezbolá, condición explícita del esquema negociado, afronta obstáculos internos considerables. La formación, representada en el Parlamento y en el Ejecutivo, ha condicionado en el pasado cualquier entrega de armamento a una retirada israelí completa y verificable de todo el territorio libanés, incluidas las granjas de Chebaa, un enclave fronterizo cuya soberanía disputan Líbano, Siria e Israel desde 1967.
El desenlace del proceso dependerá en gran medida del calendario de retirada israelí de las zonas piloto pactadas en junio, cuyos plazos no han sido hechos públicos de forma íntegra, así como de la capacidad del Ejército libanés para sostener el despliegue sin incidentes que reactiven la escalada. Beirut mantiene abierta la vía diplomática con Washington y París mientras reclama el cese de los ataques, y de la aplicación efectiva del pacto dependerá que el traspaso de control avance o quede en punto muerto.


