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Un informe militar duda de la superioridad española sobre Marruecos

Un análisis de la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas advierte de que la modernización militar marroquí desde 2002 erosiona la disuasión española en Ceuta y Melilla

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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El asalto masivo a la valla de Ceuta registrado el jueves 30 de julio ha reactivado un debate que las Fuerzas Armadas españolas venían analizando desde hace años: si España conserva la superioridad militar necesaria para disuadir a Marruecos de intentos similares.

El documento, titulado «Estrategias de disuasión española frente a amenazas no compartidas en el siglo XXI», dedica sus dieciséis páginas a examinar las herramientas políticas, diplomáticas y militares con las que cuenta España para persuadir a Rabat de que un asalto a Ceuta o Melilla no resulta rentable. Su conclusión central es que ese poder de disuasión se ha erosionado de forma sustancial respecto a la situación de comienzos de siglo.

El punto de partida del análisis es la crisis del islote de Perejil, en julio de 2002, cuando un contingente marroquí ocupó el peñón deshabitado frente a las costas de Ceuta y España respondió con una operación militar relámpago que recuperó el enclave sin apenas resistencia. Aquel episodio, resuelto en pocas horas con mediación estadounidense, se cita en el informe como ejemplo de una disuasión militar española entonces incontestable: «Eventos como la rápida respuesta militar durante la crisis de la isla de Perejil demostraron la capacidad de España para defender su soberanía», recoge el texto.

Desde entonces, sin embargo, Marruecos ha emprendido un programa de rearme sostenido que el informe cifra en unos 70.000 millones de dólares invertidos en las dos décadas posteriores a Perejil, según las estimaciones del propio documento. Esa inversión ha permitido a las Fuerzas Armadas Reales incorporar cazas F-16 estadounidenses, fragatas francesas de última generación y sistemas de drones, además de avanzar en un proyecto de satélites de observación con apoyo tecnológico israelí.

El comandante Arias Otero, autor del análisis, sostiene en el texto que «una relativa superioridad militar es la mejor estrategia de disuasión frente a las pretensiones marroquíes sobre Ceuta y Melilla», pero admite a continuación que «el creciente gasto militar de Marruecos y la modernización de sus fuerzas armadas plantean desafíos futuros para mantener esta superioridad relativa». El informe evita dar por perdida esa ventaja, aunque la describe como cada vez más estrecha, y concluye que «es vital continuar invirtiendo y modernizando nuestras fuerzas armadas para mantener esta ventaja relativa como principal eje de contención frente a la amenaza de una tensión estratégica con Marruecos».

De la ventaja incontestable de 2002 al equilibrio erosionado

La presencia continuada de tropas españolas en las dos ciudades autónomas y la memoria de la respuesta de 2002 siguen siendo, según el documento, elementos de contención activos. El trasfondo de la disputa remite a la propia génesis de las plazas: la presencia española en Melilla se remonta a 1497 y en Ceuta a 1580, cuando pasó a la Corona tras la unión con Portugal. Marruecos reclama ambas ciudades como territorio pendiente de descolonización, una posición que Rabat mantiene de forma constante desde su independencia en 1956, mientras España las considera parte integral del territorio nacional, con estatuto de ciudades autónomas desde 1995.

El Estrecho de Gibraltar, que separa apenas catorce kilómetros a las dos orillas en su punto más angosto y por el que transita una parte sustancial del tráfico marítimo mundial, confiere a Ceuta y Melilla un valor geoestratégico que trasciende lo simbólico. Cualquier alteración del statu quo afecta a rutas comerciales y a la posición de la OTAN en el flanco sur de Europa: España es miembro de la Alianza desde 1982, mientras Marruecos mantiene con ella una relación de cooperación reforzada sin ser Estado miembro.

El impulso al gasto militar marroquí se explica en parte por la disputa del Sáhara Occidental con el Frente Polisario y por el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre ese territorio en diciembre de 2020, a cambio de la normalización de relaciones de Rabat con Israel en el marco de los Acuerdos de Abraham. Esa normalización abrió la puerta a la cooperación militar y tecnológica israelí que el informe menciona respecto a los proyectos de satélites espía.

España, por su parte, ha incrementado su presupuesto de defensa en el marco del compromiso asumido ante la OTAN de acercarse al objetivo del 2% del PIB en gasto militar, un umbral que el Ministerio de Defensa no había alcanzado en ejercicios anteriores según las cifras remitidas a la Alianza. El propio informe de la ESFAS sitúa en esa brecha de inversión sostenida una de las claves del estrechamiento de la ventaja relativa sobre Marruecos.

Las posiciones de las partes ante el asalto del 30 de julio

El Ministerio de Defensa no ha realizado declaraciones públicas sobre el contenido específico de este análisis interno, que circula en el ámbito académico militar desde su publicación en julio de 2025. Este tipo de documentos responden a ejercicios de prospectiva estratégica y no constituyen necesariamente la posición oficial del Estado Mayor de la Defensa.

El Gobierno de Marruecos, por su parte, ha sostenido en las horas posteriores al asalto a la valla de Ceuta que había alertado a las autoridades españolas con antelación sobre movimientos migratorios en la zona, una versión que Rabat plantea como prueba de cooperación bilateral en el control fronterizo. España no ha confirmado públicamente los términos de ese supuesto aviso.

El episodio del 30 de julio reabre además el debate sobre el reparto de competencias en la vigilancia de las fronteras de Ceuta y Melilla, donde conviven efectivos de la Guardia Civil y del Ejército de Tierra en el lado español, en un esquema de cooperación bilateral reforzado tras la crisis migratoria de Ceuta de mayo de 2021, cuando cerca de 10.000 personas entraron en la ciudad en pocos días en un contexto de tensión diplomática entre Madrid y Rabat.

A partir de ahora, el foco se traslada a si el Ministerio de Defensa incorpora las conclusiones de este tipo de análisis a la actualización de sus planes de contingencia para las ciudades autónomas, y a si el incremento presupuestario previsto para los próximos ejercicios se traduce en un refuerzo efectivo de las capacidades disuasorias españolas en el Estrecho. El propio informe insiste en que la modernización sostenida es la única vía para no perder la ventaja relativa frente a un vecino cuyo gasto militar no deja de crecer.

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