El territorio yemení sigue fragmentado entre el control hutí en el norte, incluida la capital, Saná, y el Gobierno reconocido internacionalmente con sede en Adén, apoyado por una coalición liderada por Arabia Saudí desde 2015. Los recientes avances del movimiento hutí, según la ONU, han reabierto frentes que se creían estabilizados tras años de líneas de contacto relativamente fijas, generando nuevos movimientos de población hacia zonas ya saturadas de desplazados.
Naciones Unidas mantiene clasificada la situación en Yemen como una de las mayores crisis humanitarias del mundo, con millones de personas dependientes de la ayuda internacional para necesidades básicas de alimentación y salud. Sus agencias llevan meses alertando de recortes presupuestarios que obligan a reducir raciones y suspender programas en distintas gobernaciones del país.
A la falta de fondos se suma un obstáculo adicional: las restricciones que las propias autoridades hutíes imponen a las organizaciones humanitarias que operan en el norte, según la ONU. Esas limitaciones afectan a la libertad de movimiento del personal, a los permisos administrativos y a la capacidad de las agencias para verificar de forma independiente cómo se distribuye la ayuda entre la población desplazada.
El resultado es una brecha entre las necesidades crecientes sobre el terreno y la capacidad efectiva de respuesta. El propio avance militar hutí genera nuevos contingentes de desplazados internos que quedan fuera del radio de alcance habitual de las agencias, ya limitado por la guerra.
La tensión en torno a los hutíes no se limita al frente yemení. El grupo, respaldado por Irán, ha lanzado en los últimos meses ataques con drones y misiles contra objetivos en Arabia Saudí, incluido un episodio que afectó a la seguridad en torno a La Meca y que llevó a Turquía y Pakistán a ofrecerse a Riad para reforzar la defensa del lugar sagrado.
La guerra yemení se remonta a 2014, cuando los hutíes tomaron Saná y expulsaron al Gobierno reconocido internacionalmente, lo que precipitó al año siguiente la intervención de la coalición saudí. Desde entonces, distintas iniciativas de mediación auspiciadas por Naciones Unidas han logrado treguas parciales, pero ninguna ha derivado en un acuerdo político definitivo que ponga fin a la partición territorial del país.
Los organismos humanitarios insisten en que la crisis yemení combina dos factores que rara vez coinciden con tanta intensidad: un conflicto armado activo y una economía colapsada, con el rial yemení depreciado y los servicios públicos básicos, como sanidad y saneamiento, prácticamente inoperativos en amplias zonas del país. La ONU vuelve a situar la falta de financiación y las trabas a las operaciones como los dos frentes más urgentes para la población atrapada en la zona hutí.


