Rossini presentó en la capital española el libro "Agente Rossini. La historia del hombre que pudo haber evitado el 11-S", del periodista Álvaro Soto, un trabajo de dos años que reconstruye la trayectoria de este exagente nacido en el Bronx e ingresado al FBI en 1991. Cinco años después de su llegada a la agencia, en 1996, fue asignado como enlace a la unidad conjunta creada por la CIA para dar seguimiento a Osama bin Laden, el puesto desde el que, según su relato, tuvo acceso a la información clave.
El punto de quiebre, dice Rossini, ocurrió el 5 de enero de 2000, fecha que asegura no olvidar nunca. Ese día leyó un cable que revelaba que uno de los asistentes a una cumbre yihadista en Kuala Lumpur había obtenido un visado para entrar a Estados Unidos. Junto a un compañero, elaboró un informe destinado al FBI, pero, según cuenta, sus superiores en la CIA decidieron no hacerlo circular.
"Yo vivo con el horror de saber que, si yo hubiera comunicado la información que tenía, esas dos torres estarían todavía en pie", declaró Mark Rossini, exagente del FBI.
El sospechoso al que se refiere el cable era Khalid al-Mihdhar, quien terminaría siendo uno de los secuestradores del avión que se estrelló contra el Pentágono. Rossini relata que, al reclamar que el reporte llegara al FBI, la respuesta de sus superiores en la CIA fue tajante: "No lo vamos a pasar y tú no vas a decir nada".
El seguimiento que nunca se activó
El destinatario natural de esa información, de haber circulado, habría sido John O'Neill, entonces jefe de contraterrorismo del FBI y mentor de Rossini. "Si esa información hubiera llegado al FBI, se hubiera hecho lo que se hace en esos casos, esperar al sospechoso en el aeropuerto, seguirlo, pincharle el teléfono. Nos hubiéramos enterado de lo que planeaba y lo hubiéramos evitado", asegura el exagente.
O'Neill nunca recibió ese aviso ni pudo activar un operativo de vigilancia sobre Al-Mihdhar. Meses después, se convirtió en una de las cerca de 3,000 víctimas de los atentados al morir en las Torres Gemelas. La descoordinación entre ambas agencias que él denuncia fue después documentada por la Comisión del 11S, creada por el Congreso estadounidense en 2002, cuyo informe de 2004 impulsó la reforma que en 2005 creó la Dirección Nacional de Inteligencia para centralizar el flujo de datos entre agencias.
Rossini atribuye buena parte de la tragedia a esa descoordinación estructural entre el FBI y la CIA en aquellos años. "Tras el 11S se tomaron medidas y ya no existe la descoordinación entre el FBI y la CIA que había hace 25 años", sostiene, en lo que identifica como el único saldo positivo de aquella jornada.
El factor saudí
El exagente introduce un segundo elemento en su análisis: 15 de los 19 terroristas que secuestraron los cuatro aviones aquel 11 de septiembre eran ciudadanos de Arabia Saudí, un dato que, sostiene, nunca recibió el escrutinio político que merecía por razones geoestratégicas.
"Arabia Saudí es un tema sensible. El precio del petróleo es más importante que la sangre de las personas", sentencia Mark Rossini.
Rossini enmarca su testimonio en un clima que, según percibe, busca diluir la memoria del atentado. "Muchos quieren que aquello se olvide", afirma, y contrapone a esa tendencia su propia insistencia en "contar la verdad" un cuarto de siglo después. El 11S reconfiguró también la política de seguridad hemisférica y la cooperación con Washington en materia de terrorismo, un asunto que sigue vigente en la agenda regional, como refleja la llegada de Marco Rubio a Ecuador para reforzar la cooperación de seguridad con el presidente Daniel Noboa.
El biógrafo Álvaro Soto describe a Rossini como "un personaje fascinante, con luces y sombras", una caracterización que el propio protagonista no rehúye. Tras el 11S atravesó episodios de depresión y alcoholismo, y más tarde una etapa de cercanía con figuras de Hollywood que terminó cuando fue acusado de filtrar a una actriz información confidencial de una investigación del FBI, lo que le costó el empleo.
Rossini admite haber cometido "errores", pero sostiene que el caso no habría llegado a los tribunales de no ser por los enemigos que se granjeó dentro de la CIA al denunciar públicamente los fallos de coordinación previos al atentado. Tras dejar la agencia inició una carrera como investigador privado marcada por episodios controvertidos, entre ellos su vínculo laboral con un empresario de Europa del Este señalado en las presuntas injerencias rusas en las elecciones estadounidenses de 2016 que llevaron a Donald Trump a la Casa Blanca.
Fue el propio Trump quien, años después, lo indultó al verse implicado en un caso de sobornos en Puerto Rico. Rossini resume así el balance de aquel día que marcó su vida y la de miles de familias: para él, el 11S "solo ha traído desgracias", porque desde entonces, sentencia, "vivimos con miedo".