El reparto previsto, de 156 aviones al año según la nota de Lockheed Martin, distribuye unos 85 cazas anuales entre la Fuerza Aérea, la Armada y los Marines, mientras el resto se destina a clientes extranjeros. El paquete no se limita a la entrega de aeronaves: incluye los primeros repuestos de cada aparato, diez años de kits de modificación y el sostenimiento completo de la flota mundial, es decir, mantenimiento, logística y formación tras la entrega.
A cambio de ese compromiso de compra a largo plazo, Lockheed Martin aportará de su propio capital al menos 7.000 millones de dólares para iniciativas de apoyo al programa F-35, aunque ni el Departamento de Guerra ni la empresa han detallado en qué proyectos concretos se invertirá esa cifra. Según la compañía, el dinero se destinará a ampliar su capacidad industrial y su red logística, sumándose a las piezas que ya aporta a la reserva mundial de repuestos del avión. La propia Lockheed calcula que el programa sostendrá 317.000 empleos en Estados Unidos durante la próxima década y generará unos 79.000 millones de dólares de actividad económica anual, cifras de las que no ha publicado el desglose.
El subsecretario de Guerra, Michael P. Duffey, presentó el acuerdo como una transformación en la forma de adquirir material militar en Estados Unidos.
«Al alinear los incentivos financieros con el rendimiento real, garantizamos que nuestros combatientes tengan las capacidades letales que necesitan», declaró Michael P. Duffey, subsecretario de Guerra de Estados Unidos.
Jim Taiclet, presidente y consejero delegado de Lockheed Martin, enmarcó la inversión de la empresa en una lógica de anticipación industrial. Habló de «hacer las inversiones por adelantado necesarias para ampliar la capacidad» y fijó como meta «construir una cadena de suministro más resistente», en línea con el objetivo declarado de evitar los cuellos de botella que han lastrado el programa en años anteriores.
El fin de la negociación lote a lote
Hasta ahora, los F-35 se compraban mediante contratos negociados de uno en uno, por lotes. El último acuerdo de este tipo, que agrupa los lotes 18 y 19 y cubre 296 aviones, quedó cerrado el 29 de septiembre de 2025, según consta en el informe anual que Lockheed Martin presentó ante la Comisión de Bolsa y Valores estadounidense (SEC). El nuevo marco sustituye ese modelo por una demanda previsible a diez años que, según la empresa, permitirá a sus proveedores comprar materias primas y piezas críticas en grandes volúmenes.
OJ Sanchez, presidente de Lockheed Martin Aeronautics, defendió que el acuerdo «da a los proveedores estabilidad para planificar el futuro», lo que a su juicio mejorará la disponibilidad para misión, el porcentaje de aviones listos para volar y combatir en cada momento. La compañía atribuye a la rigidez del ciclo anual de contratación buena parte de la tensión acumulada en su base industrial durante los últimos ejercicios.
Los cazas salen de una línea de montaje de más de 1,6 kilómetros en Fort Worth, Texas, donde Lockheed Martin ha documentado en vídeo el recorrido completo del primer F-35 fabricado para Polonia, uno de los países que se beneficiará de las economías de escala que la empresa promete extender a todos sus clientes internacionales a través de los lotes 21 a 30. El motor F135 del avión ya se monta incluso en Finlandia.
La magnitud del programa F-35 ya es considerable antes de este nuevo marco: más de 1.375 unidades están en servicio en todo el mundo, según datos de Lockheed Martin, con una flota que ha superado el millón de horas de vuelo operando desde 42 bases en trece países que despliegan el avión en su propio territorio. El Gobierno estadounidense aspira a reunir 2.456 aeronaves entre la Fuerza Aérea, los Marines y la Armada.
Hasta el 31 de diciembre de 2025, Lockheed había entregado 1.293 F-35 de producción a todos sus clientes: 927 de la versión A, de pista convencional; 238 de la versión B, capaz de aterrizar en vertical; y 128 de la versión C, diseñada para portaaviones. Las tres variantes comparten sistemas como el casco que permite a los pilotos ver a través del fuselaje, un componente que también requiere repuestos y mantenimiento durante toda la vida útil del aparato.
El acuerdo coincide con el refuerzo de la industria de defensa occidental en varios frentes: mientras Lockheed busca blindar su cadena de suministro para el F-35, Volkswagen ha pactado ceder su planta de Osnabrück a un fondo israelí para fabricar defensa y Marruecos negocia con Israel la adquisición del escudo antimisiles 'Honda de David', en una reconfiguración global de capacidades militares y acuerdos industriales entre fabricantes y gobiernos.
Ni precio ni votación parlamentaria todavía
Ni el Departamento de Guerra ni Lockheed Martin han revelado el valor total del acuerdo ni el precio por unidad de cada avión. La empresa promete ahorros de miles de millones de dólares para el contribuyente estadounidense, pero no los ha cuantificado en ningún documento público. Tampoco se ha concretado el destino final de los 7.000 millones que Lockheed se compromete a aportar.
El siguiente paso corresponde al Congreso de Estados Unidos, que deberá aprobar en los próximos meses la autorización plurianual y las partidas presupuestarias necesarias para activar el marco. Solo tras esa aprobación, la Oficina del Programa Conjunto del F-35 y Lockheed Martin negociarán los precios, los plazos y las condiciones definitivas de un contrato formal. Sin ese trámite legislativo, el acuerdo firmado el 22 de octubre carece de capacidad de ejecución.
Por el momento tampoco varía el ritmo de producción de la fábrica de Fort Worth: Lockheed mantiene su previsión de 156 aviones al año, la misma cadencia actual, sin que el nuevo marco implique de forma inmediata un aumento de la capacidad fabril. El acuerdo queda así anunciado pero suspendido a la espera de la validación presupuestaria que el Congreso estadounidense deberá resolver en los próximos meses.

