Las negociaciones estarían en fase avanzada, de acuerdo con informaciones procedentes de medios marroquíes e israelíes. El interés de Rabat se enmarca en un plan de modernización militar por capas que combina interceptores de corto, medio y largo alcance, una doctrina de defensa aérea escalonada semejante a la que emplea el propio Israel.
Junto al escudo antimisiles, Marruecos negocia también la adquisición de los misiles balísticos LORA, de precisión y fabricación israelí, con un alcance declarado de hasta 400 kilómetros. La combinación de ambos sistemas ampliaría de forma notable el radio de acción de las fuerzas armadas marroquíes desde su propio territorio, sin necesidad de desplegar activos fuera de sus fronteras.
La cooperación militar entre Rabat y Tel Aviv se formalizó en diciembre de 2020, cuando ambos países normalizaron relaciones bajo el marco de los Acuerdos de Abraham, impulsados por Estados Unidos. Desde entonces, Israel se ha consolidado como el segundo proveedor de armamento de Marruecos, solo por detrás de Estados Unidos, en un giro estratégico sobre el mapa de alianzas en el Magreb.
Cualquier venta de equipos de esta envergadura requiere el visto bueno de Washington, dado el componente estadounidense en la fabricación del sistema a través de Raytheon. Las relaciones entre Rabat y la Administración Trump atraviesan un momento de entendimiento que haría previsible, aunque no garantizado, el aval norteamericano a la operación.
El reforzamiento armamentístico marroquí coincide con otros movimientos de recomposición industrial en defensa a ambos lados del Mediterráneo, como el reciente acuerdo de Volkswagen para ceder su planta de Osnabrück a un fondo israelí dedicado a fabricar armamento, que ilustra el creciente peso de la industria militar israelí en el tablero internacional.
Un radio de acción de 300 kilómetros desde territorio marroquí, sumado al eventual despliegue de los misiles LORA, situaría dentro de su alcance potencial el archipiélago canario, localizado a unos 100 kilómetros de la costa africana, además de Ceuta, Melilla y zonas del sur peninsular como Sevilla o Murcia. Esa circunstancia geográfica dificultaría potenciales operaciones aéreas y alteraría la planificación defensiva española.
España y Marruecos mantienen una relación bilateral marcada por episodios alternos de tensión y acercamiento desde la Transición, con el Sáhara Occidental y la gestión de las fronteras de Ceuta y Melilla como ejes recurrentes de fricción. La crisis diplomática de mayo de 2021, con la entrada masiva de migrantes en Ceuta, fue uno de los puntos más agudos de ese pulso. El eventual fortalecimiento del escudo antimisiles marroquí añadiría una variable militar a ese equilibrio entre dos socios de la OTAN.