El equipo, bautizado CERBERUZ, se llevó 775.000 dólares en la final celebrada del 24 al 28 de agosto en la Universidad de Alabama, en Tuscaloosa, donde compitieron 14 equipos finalistas de todo Estados Unidos. Según la nota de la NASA, 500.000 dólares correspondieron al premio de prototipo y 275.000 al de gemelo digital; el resto de la bolsa llegó de la primera fase del concurso, ganada en 2025, y de distintos premios por hitos intermedios.
En la categoría de prototipo, el segundo puesto fue para Terasynth, de Orlando (Florida), con 225.000 dólares, mientras que en gemelo digital quedó segundo Moon Made, de Boulder (Colorado), con 125.000. El LunaRecycle Challenge reparte en total 3 millones de dólares y forma parte de los Centennial Challenges de la NASA, un programa que busca reducir los residuos que generan las misiones largas a la Luna; su primera fase sumó más de 1.200 inscripciones, un récord en veinte años de este tipo de concursos.
«Es increíble ver cómo estas tecnologías pasan del concepto a demostraciones de prototipo y gemelo digital en ese tiempo», declaró Jennifer Edmunson, responsable de los Centennial Challenges en el Centro Marshall de la NASA, en Huntsville (Alabama).
El sistema de CERBERUZ separa primero los residuos no biológicos en termoplásticos y el resto de materiales, lo muele todo hasta obtener un polvo fino y lo introduce en una inyectora bautizada PERSEPHONE, que funde el plástico y lo empuja dentro de un molde mientras el resto del polvo queda suspendido en la mezcla. El resultado son piezas de material compuesto que, según la NASA, también pueden emplearse como filamento para impresión 3D.
El reto de la espuma Zotek F30
Lo más singular del proyecto es el tratamiento que da al Zotek F30, una espuma de embalaje aeroespacial termoestable que no vuelve a fundirse con el calor y que, según el MIT, carece de solución de reciclaje incluso en la Tierra. CERBERUZ no la descarta: la usa como relleno que refuerza el plástico fundido. Su ligereza extrema obliga a manejar volúmenes enormes para reunir una masa útil. «Recibíamos grandes envíos de Zotek y una sola persona podía llevarlos sobre la cabeza», recordó José Soto, estudiante de posgrado de Aeronáutica y Astronáutica que dirige el preprocesado del equipo.
El proceso se apoya en métodos mecánicos movidos por electricidad, sin el consumo de agua habitual en muchos sistemas de reciclaje ni la química que rompe los plásticos en otros procesos, lo que evita residuos tóxicos en un entorno donde cada recurso llega desde la Tierra a un coste altísimo. Enviar suministros al espacio es tan caro que lo sobrante se abandonaba en la superficie: las bolsas de residuos que dejaron las misiones Apolo entre 1969 y 1972 siguen allí. «Queríamos construir algo que de verdad tuviera sentido en la Luna, no solo en un laboratorio», resumió Lanie McKinney, estudiante de posgrado y líder del equipo, en la nota difundida por el MIT.
Junto a la máquina, el equipo desarrolló DEIMOS, un gemelo digital de la inyectora que se alimenta de producciones reales para prever cómo se comportará cada mezcla de material y cada forma de pieza, calculando el llenado del molde, la deformación y el riesgo de que la pieza encoja antes de fabricarla. El equipo nació en el Space Resources Workshop del MIT, fundado en 2017, reúne a alumnos de cuatro departamentos y contó con el asesoramiento del exastronauta Jeffrey Hoffman, hoy profesor, y del investigador George Lordos, quien señaló que reciclar residuos en piezas útiles «puede ayudar a reducir los materiales que hay que lanzar desde la Tierra».
Todas las demostraciones se realizaron en condiciones terrestres, con aire y gravedad normal, y ni el MIT ni la NASA han explicado cómo se comportaría el sistema en el vacío y con el polvo abrasivo de la superficie lunar. Tampoco se han hecho públicos datos sobre cuántos kilos de basura procesa la máquina por hora, su consumo energético o la resistencia de sus piezas frente a las fabricadas de forma convencional, y la NASA no ha anunciado ningún plan para incorporar el sistema a una misión concreta.
El hallazgo se suma a una línea de investigación aeroespacial activa en distintos campus, en la que también se enmarca el reciente lanzamiento de la sonda japonesa MMX hacia Fobos para traer muestras de la luna de Marte. El equipo del MIT ha anunciado su intención de reinvertir el premio en el taller del Space Resources Workshop, en equipos para futuras ediciones del concurso.