La contienda enfrentó de nuevo a las dos corrientes que dividen al electorado brasileño desde hace más de una década: el progresismo articulado en torno al Partido de los Trabajadores y el conservadurismo que tomó forma con la irrupción de Jair Bolsonaro en 2018. La candidatura de Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente, buscó capitalizar ese electorado en un país donde la familia mantiene una base de apoyo consolidada pese a las inhabilitaciones y procesos judiciales que han afectado al patriarca.
Lula llega a este nuevo mandato con una biografía marcada por episodios personales de gran dureza: la pérdida de dos esposas y la muerte de su primer hijo y de un nieto. Son circunstancias que acompañan una trayectoria pública nacida en el movimiento obrero del ABC paulista a finales de los años setenta, en plena dictadura militar, y que le llevó a fundar el Partido de los Trabajadores en 1980.
El nuevo Gobierno hereda un escenario fiscal exigente. Como recogió El Hemiciclo, Brasil arrancó el mandato anterior de Lula con una deuda pública del 82,9% del PIB, un nivel que limita el margen de maniobra para las políticas sociales que constituyen el eje tradicional del programa del PT. La gestión de ese pasivo, unida a la necesidad de sostener el crecimiento, figura entre los primeros desafíos de la etapa que ahora se abre.
La trayectoria de Lula incluye su paso por la cárcel entre 2018 y 2019, tras una condena por corrupción en el marco de la operación Lava Jato que posteriormente anuló el Tribunal Supremo Federal, lo que le permitió volver a presentarse. Ese episodio judicial marcó un hecho sin parangón reciente en la política latinoamericana: un expresidente encarcelado que regresó después al poder por la vía electoral.
Ningún presidente había encadenado cuatro mandatos
Desde el retorno a la democracia en 1985, ningún presidente brasileño había encadenado un cuarto mandato. La Constitución de 1988 no permite más de dos periodos consecutivos, por lo que las etapas de Lula se han sucedido con intervalos marcados por los Gobiernos de Fernando Henrique Cardoso, Dilma Rousseff, Michel Temer y Jair Bolsonaro, antes de su regreso en 2023.
El resultado se produce en un contexto regional en el que varios países de América Latina han alternado en los últimos años entre proyectos de izquierda y derecha. Brasil, la mayor economía de Sudamérica, afronta esta nueva fase bajo un liderazgo que combina una biografía personal marcada por el dolor con una permanencia política que pocos dirigentes democráticos han logrado sostener en el tiempo.
Sobre su victoria, el propio Lula resumió el sentido que le atribuye a la remontada frente al bolsonarismo.
"Mi victoria es una derrota de la mentira", declaró Luiz Inácio Lula da Silva, presidente reelegido de Brasil.