Los seis puntos del memorándum, cuyo texto completo no ha sido publicado pero cuyo contenido ha sido confirmado a El Hemiciclo por fuentes diplomáticas europeas presentes en Mascate como observadores, establecen un marco de desescalada que los analistas de política internacional califican de «minimalista pero funcional». El primer punto es el cese inmediato de todas las hostilidades navales en el estrecho de Ormuz, el golfo Pérsico y el golfo de Omán, lo que incluye la prohibición de maniobras militares no notificadas, interceptaciones de buques comerciales y sobrevuelos a baja altura. El segundo punto garantiza el libre paso de buques comerciales por el estrecho de conformidad con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, una disposición que Irán había resistido durante meses alegando que su soberanía sobre las aguas territoriales le permitía regular el tráfico marítimo. El tercer punto crea un comité de verificación conjunto con representantes de EEUU, Irán y Omán que se reunirá semanalmente para monitorizar el cumplimiento del acuerdo. El cuarto punto establece la retirada progresiva de los elementos adicionales de la V Flota estadounidense desplegados en la zona desde el inicio de la crisis en febrero, un proceso que se completará en 90 días si no se producen incidentes. El quinto punto abre un canal de comunicación directa entre el Mando Central de EEUU (CENTCOM) y la Marina de la Guardia Revolucionaria iraní para gestionar incidentes en tiempo real. Y el sexto punto, el más delicado políticamente, compromete a ambas partes a iniciar negociaciones sobre un acuerdo permanente de seguridad marítima en un plazo de seis meses, una ventana que coincide con la fase final de la campaña presidencial estadounidense y que muchos analistas interpretan como un intento de Trump de presentar un logro diplomático antes de las elecciones de noviembre.
La reacción de los mercados energéticos ha sido tan rápida como predecible: el Brent, que cotizaba a 99,40 dólares al cierre europeo del jueves, cayó a 98,20 dólares en cuanto se conoció la firma y ha seguido bajando durante la tarde hasta los 97,80 dólares a las 18:00 hora de Madrid, una caída acumulada del 1,6 por ciento en 24 horas que los analistas de Goldman Sachs atribuyen en un 70 por ciento al memorándum de Mascate y en un 30 por ciento a la desaceleración industrial global provocada por los aranceles de Trump. La caída del petróleo tiene consecuencias directas para España: cada dólar que baja el Brent reduce la factura energética del país en aproximadamente 120 millones de euros anuales, lo que significa que el descenso de 128 dólares (máximo de abril) a 97,80 dólares representa un ahorro potencial de 3.624 millones de euros anuales si el precio se estabiliza en estos niveles. Para los consumidores, el impacto se traducirá en una bajada de entre 4 y 6 céntimos por litro de gasolina y diésel en las próximas dos semanas, según las estimaciones de la Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos, un alivio modesto pero visible en las gasolineras justo cuando la temporada de verano aumenta el consumo de carburante.
La firma del memorándum ha provocado una reacción en cadena en las instituciones europeas que se ha desarrollado a lo largo de esta tarde con la velocidad que solo los acontecimientos geopolíticos de primer orden generan en Bruselas. Kaja Kallas, la Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores, ha convocado a las 15:00 una reunión extraordinaria de directores políticos de los 27 Estados miembros para las 09:00 del lunes, una reunión que preparará el Consejo de Asuntos Exteriores del martes y que ahora deberá abordar tres temas en lugar de los dos previstos: la crisis de la flotilla Sumud y la posición sobre Israel, la respuesta a los aranceles de Trump y la posición de la UE sobre el memorándum de Mascate. La inclusión del tercer tema es significativa porque plantea un dilema estratégico: la UE ha sido durante meses una de las voces más críticas con la escalada en el estrecho de Ormuz y ha presionado tanto a EEUU como a Irán para una solución negociada, pero el memorándum ha sido firmado sin participación europea y con mediación exclusivamente omaní, lo que deja a la UE en la posición incómoda de aplaudir un acuerdo en cuya negociación no ha participado y del que no tiene garantías de cumplimiento.
Arabia Saudita, que durante toda la crisis ha rechazado las presiones estadounidenses para permitir el uso de bases saudíes en caso de acción militar contra Irán, ha emitido esta tarde un comunicado cauteloso en el que «acoge con satisfacción» el memorándum pero advierte de que «cualquier acuerdo permanente debe incluir a todos los Estados ribereños del Golfo», una referencia apenas velada a la exclusión de Riad de las negociaciones de Mascate. La posición saudí es relevante porque refleja una tendencia que los analistas de Oriente Medio llevan observando desde 2023: la creciente independencia de la política exterior saudí respecto a Washington, simbolizada por la negativa del príncipe heredero Mohammed bin Salman a secundar automáticamente las iniciativas estadounidenses en la región. Para la UE, la posición saudí ofrece una oportunidad: si Bruselas logra posicionarse como mediador entre Washington, Teherán y Riad en las negociaciones del acuerdo permanente, podría recuperar parte de la influencia geopolítica que la firma bilateral de Mascate le ha arrebatado.
Los aranceles de Trump, que han pasado a un segundo plano informativo por la firma del memorándum, siguen siendo el tema que más preocupa a las capitales europeas de cara a la cumbre extraordinaria del 5 y 6 de junio. La amenaza de subir los aranceles sobre automóviles europeos del 25 al 35 por ciento si no hay acuerdo antes del 4 de julio sigue vigente, y el memorándum de Mascate, lejos de suavizar la posición de Trump, podría endurecerla: un presidente que acaba de lograr un éxito diplomático en Oriente Medio se sentirá fortalecido para mantener la presión comercial sobre Europa, especialmente si los mercados celebran el memorándum con subidas que refuercen la narrativa de «Trump, el negociador». La UE, por su parte, sigue sin una posición unificada sobre la respuesta a los aranceles: Francia y España abogan por represalias proporcionales en servicios digitales y tecnología, Alemania e Italia prefieren negociar exenciones sectoriales, y los países nórdicos y del Este proponen una combinación de concesiones en agricultura y firmeza en industria. La cumbre de junio será el escenario donde estas posiciones deberán conciliarse, y el memorándum de Mascate añade una variable más al cálculo: si el petróleo sigue bajando, la presión económica de los aranceles se suaviza parcialmente, lo que podría dar más tiempo a los europeos para negociar sin la urgencia de una crisis energética añadida.
La flotilla Sumud, que esta mañana parecía el tema dominante del Consejo de Asuntos Exteriores del martes, ha quedado parcialmente eclipsada por el memorándum de Mascate, pero las fuentes europeas insisten en que la posición sobre Israel no ha cambiado. El documento español de 14 puntos que Albares presentará el martes cuenta con el apoyo inicial de Irlanda, Bélgica y Eslovenia, y Kallas ha confirmado en la convocatoria de esta tarde que la discusión sobre la flotilla se mantendrá como primer punto del orden del día, con el memorándum de Mascate como segundo y los aranceles como tercero. La Alta Representante ha añadido una nota personal a la convocatoria que las fuentes diplomáticas describen como «inusualmente directa»: Kallas pide a los directores políticos que acudan el lunes con mandatos claros de sus ministerios porque «la UE no puede permitirse otra reunión del Consejo que termine en declaraciones genéricas sin medidas concretas», una referencia a la frustración acumulada por la incapacidad del Consejo para adoptar posiciones firmes en las últimas crisis.
Los mercados financieros europeos, cerrados desde el jueves a las 17:30, no podrán procesar la firma de Mascate hasta el lunes, pero los futuros y los mercados afterhours ya han dado una señal inequívoca de optimismo. El futuro del IBEX 35 ha subido esta tarde de 17.980 a 18.250 puntos, una ganancia del 1,5 por ciento que los analistas atribuyen casi exclusivamente al memorándum y a la caída del petróleo. El futuro del DAX alemán ha subido un 1,2 por ciento, el del CAC francés un 0,9 por ciento y el del FTSE británico un 0,7 por ciento. El euríbor a 12 meses ha bajado dos puntos básicos hasta el 2,79 por ciento, reflejando la expectativa de que la caída del petróleo alivie las presiones inflacionistas y permita al BCE mantener su calendario de bajadas de tipos. Para los mercados, el memorándum de Mascate es lo que el argot financiero llama un «cisne blanco»: un acontecimiento positivo inesperado que reduce simultáneamente dos de las principales fuentes de incertidumbre — el riesgo geopolítico en Ormuz y el precio del petróleo — y que podría marcar el inicio de un rally de primavera que compense las pérdidas acumuladas desde la escalada arancelaria de abril.
La firma de Mascate deja a Europa en una encrucijada estratégica que el Consejo del martes deberá abordar con una claridad que hasta ahora le ha faltado. La UE ha sido durante meses espectadora de tres crisis simultáneas — Ormuz, aranceles, flotilla — que han tensado sus instituciones hasta el límite y que han revelado las grietas de una política exterior que funciona por unanimidad en un mundo que exige velocidad. El memorándum de Mascate es una oportunidad: si la UE logra insertarse en el proceso de negociación del acuerdo permanente, contribuir a una solución para la flotilla que preserve su credibilidad y articular una respuesta coordinada a los aranceles que proteja su industria sin provocar una guerra comercial total, la semana del 19 al 23 de mayo podría ser recordada como el momento en que Europa recuperó la iniciativa. Si no lo logra, será recordada como otra semana en que las instituciones europeas discutieron mientras el mundo decidía sin ellas.


