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Irán acusa a EEUU de iniciar la guerra tras siete meses de bloqueo en Ormuz

Teherán anuncia una nueva zona restringida en el estrecho mientras continúan los ataques cruzados con Washington en el Golfo Pérsico

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
4 min de lectura
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El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmail Baghaei, acusó este domingo a Estados Unidos de haber iniciado la guerra que asola la región desde el 28 de febrero de 2026 y de pretender que el resto del mundo pague sus consecuencias económicas. En un mensaje en la red social X, Baghaei sostuvo que Washington «desató una guerra ilegal y brutal», interrumpiendo el tráfico marítimo comercial por el estrecho de Ormuz y disparando los precios de la energía.

Baghaei acompañó su mensaje de una imagen de la serie de animación estadounidense Los Simpson, un gesto con el que buscaba subrayar lo que calificó de «completamente absurdo»: que Washington reclame normalidad en el comercio marítimo tras haber sido, a su juicio, quien rompió el statu quo en el estrecho. «El estrecho de Ormuz permaneció abierto hasta el 28 de febrero, cuando Estados Unidos atacó a Irán», escribió el portavoz, según el mensaje difundido en su cuenta. «Inició la guerra, pero espera que el mundo entero pague la factura», añadió, en referencia a la subida de los precios energéticos que las autoridades iraníes atribuyen a la ofensiva estadounidense.

Ese 28 de febrero marca, según la cronología que maneja Teherán, el inicio de la actual escalada bélica. Desde entonces, el estrecho de Ormuz —por donde, según datos históricos de la Agencia de Información de Energía de Estados Unidos (EIA), transita en torno a una quinta parte del petróleo comercializado por vía marítima en el mundo— ha quedado convertido en el epicentro de la disputa. Irán lo bloqueó como respuesta a los ataques estadounidenses y ha condicionado el paso de buques a la obtención de permisos de sus autoridades, una medida que ha logrado paralizar casi todas las exportaciones de petróleo de la región.

Estados Unidos, por su parte, ha respondido estableciendo un cerco sobre puertos y buques iraníes, en un intento de estrangular la capacidad exportadora de Teherán. En las últimas semanas, según coinciden expertos en petróleo y en Oriente Medio, Washington habría logrado restablecer parcialmente el tráfico marítimo mediante una ruta meridional que bordea las aguas de Omán, evitando así el grueso del bloqueo iraní. Es precisamente ese repunte parcial el que Teherán pretende ahora neutralizar.

Frente a ello, Rezaei anunció este domingo en la televisión estatal iraní que Teherán delimitará en los próximos días una nueva «zona restringida» cerca del estrecho, que se solaparía con la línea donde comienza el cerco naval estadounidense y se extendería hacia otras áreas del golfo Pérsico. El funcionario advirtió que cualquier embarcación que penetre en ese perímetro será incorporada a la lista de sancionados por las autoridades iraníes, lo que en la práctica ampliaría el radio de las restricciones militares sobre una de las rutas comerciales más sensibles del planeta.

La medida, de confirmarse en los términos anunciados, agravaría la incertidumbre en los mercados de crudo, ya tensionados por siete meses de conflicto. El estrecho de Ormuz, con apenas 33 kilómetros de anchura en su punto más angosto y compartido por las aguas territoriales de Irán y Omán, constituye desde hace décadas uno de los puntos de paso estratégicos más vigilados por la diplomacia internacional, comparable en su valor geopolítico al canal de Suez o al estrecho de Malaca.

Escalada de ataques en el golfo

La disputa retórica se produce en paralelo a una escalada de acciones militares directas. La Guardia Revolucionaria iraní reivindicó el sábado ataques contra tres petroleros que, según su versión, navegaban por «rutas no autorizadas» dentro del estrecho, así como contra otras tres embarcaciones vinculadas a Estados Unidos, entre ellas un portaaviones y un destructor de la Armada estadounidense, en operaciones que Teherán presentó como respuesta a ataques previos de fuerzas norteamericanas contra tres petroleros iraníes frente a la isla de Jarg.

Esa cadena de acciones se enmarca en los bombardeos que Washington ejecutó esta semana contra territorio iraní, calificados por las autoridades de Teherán como los más intensos en más de un mes de conflicto. Según esas mismas fuentes, los ataques causaron al menos diecinueve muertos, entre ellos cuatro personas que participaban en una boda, una cifra que no ha sido corroborada de forma independiente por organismos internacionales. En represalia, Irán ejecutó bombardeos contra bases militares estadounidenses ubicadas en Kuwait, Jordania y los Emiratos Árabes Unidos, extendiendo así el frente del conflicto más allá de sus fronteras inmediatas.

Estados Unidos no ha ofrecido, hasta el momento, una respuesta pública detallada a las acusaciones de Baghaei sobre el origen de la guerra ni al reproche de que pretenda trasladar al resto del mundo el coste económico del bloqueo. La posición oficial de Washington, sostenida desde el inicio de la escalada, ha girado en torno a la necesidad de garantizar la libertad de navegación en Ormuz y de contener lo que sus autoridades describen como actividad militar iraní desestabilizadora en la región, sin que ello implique, según su discurso, una declaración de guerra formal.

El episodio actual recuerda, salvando las distancias, a la llamada «guerra de los petroleros» de 1984-1988, cuando Irán e Irak atacaron buques mercantes en el golfo Pérsico durante su guerra de ocho años, lo que llevó a Estados Unidos a escoltar petroleros bajo bandera estadounidense en la Operación Ernest Will. Aquel precedente ilustra cómo el estrecho de Ormuz ha sido, desde hace cuatro décadas, un termómetro de las tensiones regionales con capacidad de arrastrar a potencias externas al conflicto.

El impacto económico del bloqueo se concentra en la evolución de los precios del petróleo, sensibles a cualquier interrupción del tráfico por Ormuz. La dependencia de economías asiáticas como China, Japón, India y Corea del Sur del crudo que transita por ese corredor multiplica el riesgo de una crisis de suministro global si el cierre se prolonga. La Unión Europea, que redujo su dependencia del petróleo de Oriente Medio tras la crisis energética derivada de la invasión rusa de Ucrania en 2022, ha mantenido un perfil más discreto, centrado en llamamientos a la contención y en la protección de sus intereses energéticos.

De cara a los próximos días, la atención se centra en si Irán llega a delimitar formalmente la nueva zona restringida anunciada por Rezaei y en cómo reacciona Washington ante esa ampliación del perímetro de exclusión naval. La posibilidad de que la ruta meridional cercana a Omán, que ha permitido restablecer parte del tráfico petrolero, quede también bajo las nuevas restricciones iraníes es uno de los escenarios que los analistas vigilan con mayor atención, dado su potencial impacto en el suministro global de crudo durante los próximos meses.

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