El cantante, que insistió en que nunca ha querido ser "un músico activista", explicó que la controversia le colocó "en medio de un debate importante y apasionado sobre la libertad de expresión y el tema político más complejo del planeta". Según relató sobre el escenario, tras la salida de Macklemore no sabía "si esta gira iba a continuar ni siquiera si quería seguir siendo artista".
Sheeran dedicó buena parte de su intervención a fijar postura sobre el conflicto en Oriente Próximo, algo inusual en sus actuaciones. "Lo que sucedió en Israel y en el Festival del Museo de Nome el 7 de octubre fue horrible y agravó siglos de sufrimiento judío", señaló, antes de añadir que "la injusticia sistémica que estamos presenciando en Cisjordania no puede pasarse por alto".
"Lo que está sucediendo en Gaza es catastrófico, injustificable y desproporcionado. Nos duele profundamente la magnitud de la devastación y la pérdida de vidas civiles y de niños", declaró Ed Sheeran durante su concierto en Filadelfia.
La polémica se desató después de que varios artistas del cartel decidieran retirarse de la gira en solidaridad con Macklemore y con la causa palestina: los irlandeses Aaron Rowe y el grupo de folk Beoga, la banda danesa Lukas Graham y el productor Finneas Eilish, hermano de Billie Eilish. Sheeran reconoció que la ausencia de sus compañeros habituales le dejó ante un dilema logístico y personal. "¿Cómo voy a conseguir que haya músicos que se suban al escenario conmigo en una semana en la que nadie quiere subirse al escenario conmigo?", contó que se preguntó, antes de llamar a una amiga con la que había girado anteriormente y a otros músicos de su entorno, que aceptaron acompañarle "sabiendo que el mundo también podría odiarlos" por hacerlo.
El propio artista admitió haber modificado la puesta en escena por temor a la reacción del público. "No sabía si me iban a tirar cosas. No sabía si la gente estaría enfadada conmigo. Lo siento, pero hoy quité el escenario B porque tenía miedo de lo que pudiera pasar si me quedaba en el medio", confesó durante la actuación, en la que reconoció actuar "solo" por primera vez en mucho tiempo.
Sheeran también expresó inquietud por una práctica que, según dijo, se repite en distintos países donde actúa: la revisión previa del contenido de sus espectáculos por parte de los recintos. "Esto ocurre en muchos lugares donde actúo en todo el mundo, pero nunca debería suceder en el mundo libre", sostuvo. Afirmó además mantener conversaciones con personas de distintos ámbitos "para averiguar cómo contribuir de manera que ayude a las víctimas de estos tiempos terribles", admitiendo que aún está "escuchando y aprendiendo" sobre la cuestión.
La irrupción de la política en los grandes escenarios musicales no es nueva: durante la gira de Roger Waters en 2013, o en las intervenciones de artistas sobre la guerra de Vietnam en los años sesenta y setenta, los músicos han pagado con boicots su posicionamiento. Sheeran, cuyo repertorio se mueve tradicionalmente al margen de las causas políticas, defendió que sus conciertos han buscado siempre ser un espacio de "unidad, alegría, escapismo y amor" antes que una plataforma para sus opiniones, y remarcó que su prioridad seguía siendo el compromiso con el público que había comprado entradas.
Al cierre del concierto, el cantante pidió disculpas de nuevo a quienes asistieron con niños esperando solo música. "Entiendo que hay gente aquí con niños y que las familias no compraron la entrada para escucharme hablar, pero era algo que sentía que tenía que decir", afirmó, antes de rematar: "El mundo es un lugar que da miedo en estos momentos. Estados Unidos es un lugar que da miedo en estos momentos".

