La detención frente a la residencia de Modi
El operativo culminó cuando Gandhi y otros líderes del Congreso Nacional Indio intentaron llegar hasta las inmediaciones del domicilio oficial de Modi para exigir en persona la salida del Gobierno del ministro Pradhan. Amit Chavda, responsable del partido en el estado de Gujarat, denunció en redes sociales que «el Gobierno de Modi ha sobrepasado todos los límites del autoritarismo» y acusó a las fuerzas de seguridad de golpear «brutalmente» a jóvenes el día anterior. Según su relato, la Policía detuvo tanto a Kharge como a Gandhi, líder de la oposición, junto a numerosos dirigentes.
Exámenes filtrados y una huelga de hambre como detonantes
El origen de la crisis se remonta a las denuncias sobre la filtración de preguntas en las pruebas de acceso a la universidad, un episodio que los sectores estudiantiles atribuyen a la gestión del ministerio que dirige Pradhan. El malestar se intensificó después de que el activista Sonam Wangchuk, conocido por su papel en movimientos educativos y ambientales en la región del Ladakh, fuera hospitalizado de forma forzosa por la Policía en el marco de una huelga de hambre que mantenía desde hacía tres semanas, según el relato difundido por los convocantes.
Ese episodio actuó como catalizador de manifestaciones que se extendieron durante el fin de semana y alcanzaron su punto álgido el lunes en Nueva Delhi. Las cifras oficiales citadas por el entorno opositor —unas 180 personas afectadas, de las que unas 60 serían manifestantes y más de 110 agentes— no han sido corroboradas de forma independiente, por lo que deben tomarse como un balance preliminar sujeto a revisión. Los convocantes hablan de «cientos» de heridos en los enfrentamientos del lunes.
El debate sobre la inmunidad parlamentaria
La detención de Gandhi, diputado del Lok Sabha, la cámara baja del Parlamento indio, ha reabierto la discusión jurídica sobre los privilegios parlamentarios. La cuestión de fondo es si el arresto de un legislador en ejercicio durante una protesta pública requiere autorización previa del presidente de la Cámara, un mecanismo pensado para proteger la labor de representación frente a usos discrecionales de la fuerza pública. En el ordenamiento indio, los diputados no gozan de inmunidad absoluta salvo en el propio recinto y durante determinados periodos de sesión, de modo que un arresto en la vía pública abre un margen de controversia sobre su procedencia.
Un precedente: la emergencia de Indira Gandhi
Este tipo de controversias no son nuevas. Durante el estado de emergencia declarado por Indira Gandhi entre 1975 y 1977 —uno de los episodios más oscuros de la democracia india desde su independencia en 1947— se detuvo a decenas de opositores y se suspendieron libertades civiles, un precedente que la oposición actual invoca para advertir sobre riesgos de deriva autoritaria. La paradoja no es menor: Rahul Gandhi es nieto de Indira Gandhi y bisnieto de Jawaharlal Nehru, primer jefe de Gobierno de la India independiente.
Gandhi responsabiliza a Modi
Gandhi ha responsabilizado directamente al primer ministro de la crisis. «Narendra Modi debe renunciar por haber destruido el futuro de la juventud de India», afirmó antes de su arresto, según mensajes difundidos en redes recogidos por el entorno del Congreso. El dirigente había llamado a «cada indio patriota que cree que los estudiantes merecen justicia» a sumarse a la sentada (dharna) frente a la residencia del primer ministro, y advirtió: «Un ataque a los estudiantes es un ataque a cada familia india. El primer ministro Modi cree que puede escapar sin dar respuestas, sin enfrentar consecuencias. No podrá. No esta vez».
Un nuevo partido satírico en las calles
Las protestas han sido impulsadas también por el recién creado Partido Janta Cucaracha (CJP), una formación cuyo nombre parodia deliberadamente al Bharatiya Janata Party (BJP), el partido de Modi. Su fundador, Abhijeet Dipke, ha pedido a los manifestantes «no perder la esperanza» y ha asegurado que «quieren rompernos, pero no les dejaremos silenciarnos», en referencia a la respuesta policial contra los acampados que permanecen en las calles de Nueva Delhi. Los convocantes apuestan por mantener las protestas hasta que Pradhan dimita.
El silencio del Gobierno
Hasta el momento, ni el Gobierno de Modi ni el ministro Pradhan han ofrecido una respuesta pública detallada a las acusaciones de represión ni a las exigencias de dimisión, más allá de la actuación policial documentada por los propios convocantes. El derecho de réplica del Ejecutivo queda pendiente de una comparecencia oficial que, de producirse, previsiblemente abordará tanto el balance de heridos como las circunstancias del arresto de Gandhi y otros líderes opositores.
Un pulso con la vista puesta en las urnas
El episodio se produce en un contexto de tensión creciente entre el Gobierno de Modi, en el poder desde 2014, y una oposición liderada por el Congreso Nacional Indio que ha hecho de la defensa de la juventud y la denuncia del autoritarismo un eje de movilización. Según la valoración del propio partido, se trata de una de las mayores manifestaciones de calle registradas desde que Modi asumió el cargo, lo que eleva la relevancia política del episodio más allá de la disputa puntual sobre la filtración de exámenes.
Qué puede pasar ahora
De cara a los próximos días, los convocantes han anunciado su intención de mantener la acampada y la presión callejera hasta que Pradhan dimita o el Gobierno responda sobre la filtración de los exámenes. La resolución de la controversia sobre el arresto de diputados corresponde habitualmente a los tribunales indios o a la propia Mesa del Parlamento, sin que por ahora se haya anunciado actuación formal. La evolución del movimiento estudiantil, el estado de salud de Wangchuk tras su hospitalización forzosa y la eventual liberación de Gandhi y del resto de dirigentes detenidos marcarán si la crisis se encamina hacia una desescalada negociada o hacia un nuevo pulso de fuerza.


