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Sánchez y Lula sellan en el Palacio de Pedralbes la alianza antipopulista más ambiciosa de la década: la 'Declaración en Defensa de la Democracia' reúne a 15 países y lanza un frente abierto contra Trump con Sheinbaum, Petro y Ramaphosa como firmantes

La primera cumbre bilateral España-Brasil jamás celebrada da paso a la Global Progressive Mobilisation, un formato inédito con más de 3.000 participantes en el que Claudia Sheinbaum realiza su primera visita europea como presidenta de México. El documento final, de 32 compromisos, incluye un observatorio permanente de calidad democrática con sede en Barcelona y un fondo bilateral de innovación de 120 millones de euros. El PP acusa a Sánchez de 'hacer turismo diplomático mientras huye del Senado'.

Por Redacción de El Hemiciclo· Barcelona· · Actualizado:
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El Palacio de Pedralbes, residencia neoclásica enclavada en la parte alta de Barcelona que el Ayuntamiento reserva para los actos diplomáticos de mayor nivel, ha sido este viernes el escenario de un acontecimiento sin precedentes en las relaciones exteriores españolas. Pedro Sánchez y Luiz Inácio Lula da Silva han presidido la primera cumbre bilateral entre España y Brasil jamás celebrada en suelo europeo, un encuentro que ha trascendido con creces el marco de la bilateralidad para convertirse en el acto fundacional de lo que sus promotores denominan Global Progressive Mobilisation. Con la firma de la 'Declaración en Defensa de la Democracia', 15 países han formalizado un frente político que, sin mencionarlo explícitamente, tiene un destinatario claro: la administración de Donald Trump y la ola populista global que representa.

La jornada ha arrancado a las 09:30 con la llegada de las delegaciones al palacio, un despliegue logístico que ha obligado a cortar el tráfico en la avenida Diagonal, la Ronda de Dalt y buena parte de la zona alta de Barcelona durante más de ocho horas. La delegación brasileña, compuesta por 48 personas encabezadas por Lula y por los ministros de Exteriores, Economía y Defensa, ha sido la primera en cruzar las puertas del palacio, seguida por la mexicana de Claudia Sheinbaum —35 personas, con la secretaria de Relaciones Exteriores y el secretario de Economía—, la colombiana de Gustavo Petro con 22 miembros, la sudafricana de Cyril Ramaphosa con 30, y las delegaciones de Uruguay, Albania, Portugal, Chile, Costa Rica, Senegal, Noruega, Nueva Zelanda, Barbados y Timor Oriental. En total, 312 delegados oficiales con rango ministerial o superior, a los que se suman más de 3.000 participantes acreditados entre académicos, sindicalistas, representantes de ONGs y observadores internacionales que han seguido las sesiones desde el recinto ferial de Gran Via, conectado por videoconferencia con el palacio. Las fuentes de la organización han descrito la cumbre como 'el mayor encuentro progresista celebrado en Europa desde la Internacional Socialista de Estocolmo de 1989', una comparación que varios analistas consideran exagerada pero que refleja la ambición del formato.

El discurso de apertura de Sánchez, de 28 minutos de duración, ha combinado la retórica de Estado con referencias directas a la situación geopolítica que, sin nombrar a Trump, no dejaban lugar a la duda sobre el adversario señalado. El presidente español ha defendido lo que ha denominado 'el momento Hamilton del progresismo global', una referencia al secretario del Tesoro estadounidense que mutualicó la deuda de los estados fundacionales y que Sánchez utiliza habitualmente para abogar por la emisión conjunta de deuda europea. 'Estamos aquí porque las democracias no se defienden con discursos sino con alianzas, con instituciones y con políticas que toquen la vida de la gente', ha proclamado ante un auditorio que ha respondido con una ovación de dos minutos. Lula, visiblemente recuperado del accidente doméstico que le mantuvo en reposo parcial a principios de año, ha tomado la palabra durante 34 minutos en un discurso que fuentes diplomáticas han calificado como 'el más combativo de su tercer mandato'. El presidente brasileño ha denunciado que 'hay líderes en el mundo que quieren destruir el multilateralismo para imponer la ley del más fuerte' y ha pedido a los firmantes de la declaración que conviertan el documento en una hoja de ruta operativa, no en 'una más de las declaraciones que acumulan polvo en los cajones de las cancillerías'.

La 'Declaración en Defensa de la Democracia', firmada a las 13:00 en el Salón del Trono del palacio por los 15 jefes de Estado y de Gobierno presentes, consta de 32 compromisos agrupados en cinco ejes: defensa del multilateralismo, lucha contra la desinformación, justicia climática, fiscalidad global y protección de los derechos sociales. Entre los compromisos más concretos figuran la creación de un observatorio permanente de calidad democrática con sede en Barcelona y financiación compartida, un mecanismo de alerta temprana contra la manipulación electoral coordinado por la UE y la CELAC, la propuesta de un impuesto mínimo global efectivo del 15% sobre las grandes tecnológicas, y un programa de intercambio de 500 funcionarios públicos al año entre los países firmantes. El documento incluye también una cláusula de revisión anual y la convocatoria de una segunda cumbre en Brasilia para marzo de 2027. Las fuentes diplomáticas consultadas reconocen que la declaración tiene más peso simbólico que jurídico —no es vinculante y carece de mecanismos de cumplimiento—, pero insisten en que su valor reside en la señal política: 15 países de cuatro continentes firman un documento que, sin nombrar a nadie, constituye el primer frente organizado contra el populismo de derechas a escala global.

Claudia Sheinbaum ha sido, sin duda, la protagonista inesperada de la jornada. La presidenta de México, que realiza su primera visita a Europa desde que asumió el cargo, ha elegido Barcelona como primera escala en un gesto que los analistas interpretan como una declaración de intenciones geopolítica. En un momento en que México negocia simultáneamente con Washington la revisión del T-MEC y con Bruselas la ratificación del acuerdo UE-Mercosur, Sheinbaum ha aterrizado en el aeropuerto de El Prat a las 07:40 en un vuelo de la Fuerza Aérea Mexicana con escala técnica en las Azores y ha sido recibida por el ministro de Exteriores Albares con honores de jefa de Estado. Su discurso de 22 minutos en la sesión plenaria de la tarde sobre soberanía alimentaria ha arrancado la ovación más cerrada de la jornada y ha dejado una frase que ya circula por las redes: 'Los muros no se construyen con ladrillos, se construyen con miedo, y el miedo se combate con dignidad'. La delegación mexicana se ha movido con una disciplina que evidencia la conciencia de que cada gesto será analizado en Washington: ni una declaración fuera de guion, ni una foto improvisada, pero una presencia que envía un mensaje inequívoco sobre dónde sitúa México sus alianzas estratégicas.

Gustavo Petro ha aportado la dosis de radicalidad dialéctica que el foro necesitaba para trascender la diplomacia de salón. El presidente colombiano, en una intervención improvisada de 14 minutos al cierre de la mesa sobre desigualdad, ha conectado la violencia estructural de América Latina con la exclusión económica global y ha lanzado una pregunta que ha dejado un silencio de varios segundos en el auditorio: '¿Cuántos de los que aplauden la democracia en este recinto están dispuestos a redistribuir de verdad?' Ramaphosa, por su parte, ha llegado desde Pretoria con una delegación de 30 personas y un discurso centrado en la justicia climática que ha incluido datos estremecedores: Sudáfrica ha perdido 340.000 empleos en el sector minero en la última década y necesita 47.000 millones de dólares para completar su transición energética, una cifra que el presidente sudafricano ha comparado con el gasto militar de un solo mes de la OTAN. La diversidad geográfica de los firmantes —desde Barbados hasta Timor Oriental, desde Noruega hasta Senegal— ha reforzado el relato de una alianza genuinamente global, aunque los escépticos señalan que la ausencia de grandes potencias europeas como Alemania, Francia o Italia limita considerablemente el alcance real del frente antipopulista.

Los acuerdos bilaterales específicos entre España y Brasil constituyen el sustrato económico de la cumbre. Sánchez y Lula han firmado a puerta cerrada 15 memorandos de entendimiento que abarcan desde la transición energética hasta la cooperación en inteligencia artificial aplicada a servicios públicos, pasando por un ambicioso fondo bilateral de innovación dotado con 120 millones de euros. El acuerdo más significativo en términos industriales es la posible venta de 24 aviones de transporte militar C-295 fabricados por Airbus en la planta de San Pablo (Sevilla) por un valor estimado de 1.200 millones de euros, una operación que se encontraba bloqueada desde 2023 por discrepancias sobre las condiciones de transferencia tecnológica y que la cumbre ha desbloqueado al incluir una cláusula de coproducción del 30% en fábricas brasileñas. El ministro de Industria Hereu ha calificado el acuerdo de 'la mayor operación de exportación de defensa de la historia de España' y ha anticipado que generará 4.200 empleos directos en Andalucía durante los próximos seis años.

La dimensión doméstica de la cumbre no puede desligarse del contexto político en el que se celebra. Para Sánchez, Pedralbes es un doble tablero: en el exterior proyecta la imagen de un líder capaz de convocar a los principales mandatarios progresistas del mundo; en el interior ofrece un relato de relevancia internacional que contrasta con la crisis parlamentaria, la 'bunkerización' del Senado denunciada por el PP y las salpicaduras diarias del caso Koldo. Los asesores de Moncloa no ocultan que el timing ha sido providencial: la foto de Sánchez flanqueado por Lula, Sheinbaum y Ramaphosa es la imagen que necesitaban para dominar los informativos del fin de semana. Sin embargo, el PP ha respondido con un contraargumento devastadoramente simple: 'Sánchez viaja a Barcelona para no ir al Senado', ha resumido Gamarra en un tuit que acumulaba 45.000 retuits a las 15:00. La oposición ha convertido la cumbre en prueba de la huida del control parlamentario, vinculando directamente la ausencia del martes con la agenda internacional del viernes.

El dispositivo de seguridad desplegado en Barcelona ha sido uno de los más ambiciosos de la historia reciente de la ciudad. Más de 4.500 efectivos de los Mossos d'Esquadra, la Policía Nacional y la Guardia Urbana han cubierto un perímetro de tres kilómetros alrededor de Pedralbes y del recinto ferial de Gran Via, con cortes de tráfico en la Diagonal, la Ronda de Dalt, la avenida de Pedralbes y la plaza de Pius XII que han generado atascos de más de 40 minutos durante toda la mañana. El sindicato SAP-FEPOL ha denunciado 'insuficiencia de medios' para cubrir simultáneamente el dispositivo del GPM y la operativa ordinaria de la ciudad. El alcalde Collboni ha comparecido a las 13:30 para defender que Barcelona 'se consolida como capital de la diplomacia multilateral' y ha anunciado que el Ayuntamiento cubrirá el 30% del coste del dispositivo, estimado en 3,1 millones de euros. La pregunta que sobrevolaba los pasillos del palacio al caer la tarde era tan antigua como la diplomacia de cumbres: ¿sobrevivirán los 32 compromisos al vuelo de regreso de las delegaciones, o se disolverán como tantas declaraciones bienintencionadas en cuanto los aviones despeguen el domingo?

Para los analistas de política exterior, la cumbre de Pedralbes representa un cambio cualitativo en la proyección internacional de España. Desde su llegada al poder, Sánchez ha intentado posicionar a España como puente entre Europa y América Latina, un papel que la diplomacia española reclama desde los años noventa pero que nunca había cristalizado en un formato tan ambicioso. La presencia simultánea de Sheinbaum, Petro, Ramaphosa y Lula en una capital española no tiene precedente, y la creación de un observatorio permanente con sede en Barcelona institucionaliza un vínculo que hasta ahora dependía de las relaciones personales entre líderes. Sin embargo, la fragilidad parlamentaria de varios de los firmantes —Sánchez gobierna sin presupuestos, Lula afronta un Congreso hostil, Petro ha perdido su mayoría— plantea dudas legítimas sobre la capacidad de estos compromisos para sobrevivir a los ciclos electorales. La segunda cumbre, prevista para Brasilia en marzo de 2027, será la prueba de fuego: si para entonces alguno de los firmantes principales ha perdido el poder, la Global Progressive Mobilisation habrá sido un destello brillante pero efímero en la historia de la diplomacia progresista.

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