El formato elegido para la cumbre bilateral revela una ambición que supera con creces la liturgia habitual de los encuentros entre jefes de Estado. El programa arrancó a las 10:00 con una sesión plenaria de apertura en la que Sánchez y Lula se turnaron ante un atril doble —escenografía inédita en la diplomacia española— para pronunciar sendos discursos de 22 y 28 minutos respectivamente. El presidente brasileño, visiblemente recuperado del accidente doméstico que le mantuvo en reposo parcial a principios de año, desplegó una retórica combativa que conectó directamente con su discurso de investidura de enero de 2023: la democracia no se defiende con declaraciones sino con políticas concretas que toquen el bolsillo de la gente. Sánchez, por su parte, enmarcó el encuentro en lo que denominó 'el momento Hamilton del progresismo europeo', una referencia al secretario del Tesoro estadounidense que mutualicó la deuda de los estados fundacionales y que el presidente español ha utilizado con frecuencia para defender la emisión conjunta de deuda europea. La plenaria se cerró con la firma de cuatro memorandos de entendimiento —transición energética, inteligencia artificial aplicada a servicios públicos, cooperación en materia de regularización migratoria y creación de un fondo bilateral de innovación social dotado inicialmente con 120 millones de euros— que las delegaciones habían negociado durante las dos semanas previas a puerta cerrada en el Palacio de la Generalitat y en la sede de Casa América de Madrid.
La presencia de Claudia Sheinbaum ha sido, sin duda, el polo magnético de la jornada. La presidenta de México, que llegó al aeropuerto de El Prat a las 07:40 en un vuelo de la Fuerza Aérea Mexicana con escala técnica en las Azores, fue recibida por la ministra de Asuntos Exteriores, Albares, y por el conseller de Acción Exterior de la Generalitat en un protocolo que combinaba la formalidad institucional con la calidez deliberada de quien quiere transmitir proximidad. Su primera visita a Europa como mandataria ha sido interpretada por los analistas como una declaración de intenciones geopolítica: en un momento en que México negocia simultáneamente con Washington la revisión del T-MEC y con Bruselas la ratificación pendiente del acuerdo UE-Mercosur ampliado, Sheinbaum ha elegido Barcelona como escenario para proyectar la imagen de un México que mira al sur global sin darle la espalda al Atlántico norte.
El segundo bloque de la jornada, celebrado entre las 15:00 y las 18:30, se estructuró en torno a cuatro mesas redondas simultáneas que reflejaban la amplitud temática del GPM. La mesa sobre desigualdad, moderada por el economista Thomas Piketty conectado desde París por videoconferencia, reunió a los ministros de Economía de España, Brasil, Colombia y Sudáfrica en un debate que giró rápidamente hacia la fiscalidad de las grandes tecnológicas y la necesidad de un impuesto mínimo global efectivo. La mesa sobre transición energética, copresidida por Teresa Ribera en su doble condición de vicepresidenta y comisaria europea designada para la transición, abordó la experiencia brasileña de descarbonización del sector eléctrico y el potencial del hidrógeno verde como vector de cooperación industrial. La mesa sobre democracia digital se centró en las amenazas de la desinformación algorítmica y en la experiencia pionera de la legislación europea de inteligencia artificial como posible modelo exportable. Y la mesa sobre migraciones, inevitablemente conectada con la situación española tras la entrada en vigor del RD 316/2026 de regularización, puso sobre la mesa el contraste entre el modelo brasileño de acogida ampliada y las tensiones autonómicas que la plataforma telemática de Madrid acaba de desencadenar.
Gustavo Petro y Yamandú Orsi protagonizaron la que probablemente fue la intervención más emotiva de la jornada. El presidente colombiano, en un discurso improvisado de 14 minutos al cierre de la mesa sobre desigualdad, conectó la violencia estructural en América Latina con la exclusión económica y desafió al auditorio con una pregunta que dejó un silencio de varios segundos: '¿Cuántos de los que aplauden la democracia en este recinto están dispuestos a redistribuir de verdad?' Orsi, por su parte, representaba la esperanza de la nueva izquierda uruguaya y su breve pero incisiva intervención de 8 minutos sobre el futuro del Mercosur fue recibida como una señal de que Montevideo busca reconectar con el eje progresista continental tras el paréntesis de Lacalle Pou. Edi Rama, el primer ministro albanés que ha convertido a Tirana en un improbable laboratorio de digitalización administrativa, aportó el flanco balcánico con una intervención en la que defendió que el progresismo europeo no puede limitarse a los países fundadores de la UE y debe integrar a los Balcanes como socios plenos, no como eternos candidatos.
La dimensión europea del GPM quedó enmarcada por la presencia de António Costa, que ha convertido su primer año como presidente del Consejo Europeo en un ejercicio de equilibrismo entre las sensibilidades nacionales y la ambición de una agenda social continental. Costa evitó pronunciarse sobre la política interna española —una prudencia que las fuentes diplomáticas atribuyen al delicado momento parlamentario de Sánchez—, pero sí lanzó un mensaje que los asistentes interpretaron como una defensa velada del modelo de coaliciones amplias: 'Las democracias europeas necesitan mayorías que sepan dialogar, no minorías que se bloqueen entre sí'. La frase, pronunciada en español con acento portugués ante un auditorio que incluía a representantes de Sumar, del PSOE y de ERC, fue recibida con aplausos moderados y con un intercambio de miradas entre los asesores de Yolanda Díaz, que ocupaban la tercera fila del auditorio principal y que apenas unas horas antes habían recibido la noticia de la ruptura formal de Junts con su formación política.
El cierre del sábado a las 17:00 está previsto como el acto definitorio del GPM. Lula y Sánchez firmarán una declaración conjunta de 32 puntos que las fuentes de la organización describen como 'el documento más ambicioso jamás suscrito entre un país europeo y uno latinoamericano en materia de gobernanza progresista'. Entre los puntos más relevantes figuran la creación de un observatorio permanente de calidad democrática con sede en Barcelona, el compromiso de alcanzar un acuerdo marco UE-Mercosur antes de diciembre de 2026, la propuesta de un mecanismo de alerta temprana contra la desinformación electoral coordinado por la UE y la CELAC, y la creación de un programa de intercambio de 500 funcionarios públicos al año entre ambos países. La ambición del documento contrasta, sin embargo, con la fragilidad parlamentaria de al menos dos de sus firmantes: Sánchez gobierna sin presupuestos y acaba de perder el apoyo de Junts, mientras que Lula afronta un Congreso brasileño cada vez más hostil y una oposición bolsonarista que acaba de recuperar terreno en las encuestas. La pregunta que flotaba en los pasillos al caer la noche era tan antigua como la diplomacia de cumbres: ¿sobrevivirán los 32 puntos al vuelo de vuelta de las delegaciones?
El dispositivo de seguridad desplegado en Barcelona ha sido uno de los más grandes de la historia reciente de la ciudad. Más de 4.200 efectivos de los Mossos d'Esquadra, la Policía Nacional y la Guardia Urbana han cubierto un perímetro de seguridad de tres kilómetros alrededor del recinto ferial, con cortes de tráfico en la Gran Via, la avenida de la Reina Maria Cristina y la plaza de España que han generado atascos significativos durante toda la jornada. El sindicato SAP-FEPOL ha emitido un comunicado denunciando la 'insuficiencia de medios' para cubrir simultáneamente el dispositivo del GPM y la operativa ordinaria de la ciudad, especialmente tras el refuerzo de efectivos enviados a las oficinas de extranjería por la plataforma de regularización. La alcaldesa Collboni ha comparecido a las 13:00 para defender que Barcelona 'se consolida como capital de la diplomacia multilateral' y ha anunciado que el Ayuntamiento cubrirá el 30% del coste del dispositivo, estimado en 2,8 millones de euros.
Para Sánchez, la cumbre de Barcelona representa una jugada de doble tablero: en el exterior, proyecta la imagen de un líder capaz de convocar a los principales mandatarios progresistas del mundo en una capital española; en el interior, ofrece un relato de relevancia internacional que contrasta con la crisis parlamentaria que le ha estallado esta misma semana con la ruptura de Junts. Los asesores de Moncloa no ocultan que el timing ha sido providencial: la foto de Sánchez flanqueado por Lula, Sheinbaum y Ramaphosa es la imagen que necesitaban para dominar los informativos del fin de semana y desplazar del foco la guerra abierta con Puigdemont. Sin embargo, los mismos asesores reconocen en privado que el lunes, cuando los líderes hayan regresado a sus países y las cámaras enfoquen de nuevo al hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo, la aritmética parlamentaria seguirá siendo la misma: 120 escaños del PSOE que necesitan desesperadamente los 7 de Junts para aprobar cualquier decreto de mínimo calado. La cumbre brilla, pero su resplandor tiene fecha de caducidad.


