El escenario A — mayoría absoluta del PP — es el que las encuestas pre-prohibición consideraban más probable pero que la encuesta filtrada de esta tarde ha puesto en duda. Si Moreno obtiene 55 o más escaños, el efecto en el Congreso será inmediato y cuantificable. El grupo parlamentario popular ha preparado una batería de iniciativas que incluye una proposición no de ley instando al Gobierno a convocar una conferencia de presidentes autonómicos para discutir la respuesta española a los aranceles de Trump, una pregunta oral al presidente del Gobierno sobre el coste económico de la crisis diplomática con Israel, y una solicitud de comparecencia del ministro de Exteriores para explicar el contenido del debriefing de Moncloa con Carderera. La estrategia es transparente: vincular la victoria andaluza con un discurso de alternativa nacional que presente al PP como el partido capaz de gobernar España con mayoría suficiente, algo que Sánchez no logró en 2023 y que necesitó los apoyos de siete partidos minoritarios para compensar. Alberto Núñez Feijóo, que ha mantenido esta jornada de reflexión en su domicilio de Madrid sin actividad pública, tiene preparado un discurso para el domingo a las 21:00 que, en caso de absoluta, incluirá la frase: «Andalucía ha demostrado que España quiere gobiernos fuertes, no coaliciones débiles», un mensaje que apunta directamente a Sánchez y que abre, de facto, el camino hacia una eventual moción de censura o hacia la presión para un adelanto electoral que el PP lleva meses cultivando en los pasillos del Congreso.
El escenario B — PP sin absoluta, gobierno PP-Vox — es el que más tensión genera en las filas populares y el que más oportunidades ofrece al Gobierno de Pedro Sánchez. Si Moreno se queda en 51-54 escaños y necesita a Vox para gobernar, el PSOE activará una ofensiva parlamentaria que lleva semanas preparando en el más absoluto secreto. El equipo de Santos Cerdán, portavoz del grupo socialista, ha redactado una moción de reprobación contra el ministro de Hacienda del Gobierno andaluz que incluiría un repaso detallado de las «concesiones programáticas a la extrema derecha» que un pacto PP-Vox implicaría: veto parental en educación, recortes en violencia de género, expulsiones de menores no acompañados y eliminación de las leyes de memoria democrática. La moción no tiene efectos jurídicos directos — el Congreso no puede censurar a un gobierno autonómico — pero tendría un impacto mediático enorme al obligar a los diputados del PP a votar explícitamente en contra de una moción que denuncia los efectos de pactar con Vox, un voto que quedaría registrado y que el PSOE utilizaría en cada campaña futura. Además, el grupo socialista tiene preparada una interpelación urgente al presidente del Gobierno en la que Sánchez respondería vinculando el pacto andaluz con la necesidad de «proteger las instituciones del Estado de la influencia de la extrema derecha», una narrativa que el PSOE ha testado en focus groups con resultados favorables entre el electorado urbano progresista.
El escenario C — tripartito de izquierdas — es el más improbable según las encuestas pero el más transformador en términos de geometría parlamentaria. Si PSOE (25-27 escaños), Adelante Andalucía (7-9) y Por Andalucía (3-5) suman 55 o más, la investidura de Teresa Montero sería teóricamente posible, aunque requeriría una negociación de pacto que las diferencias programáticas entre los tres partidos harían extraordinariamente difícil. En el Congreso, un tripartito andaluz de izquierdas produciría un terremoto político de magnitud comparable al que provocó la moción de censura de 2018: demostraría que la derecha española puede perder comunidades que consideraba ganadas, reforzaría la posición de Sánchez frente a sus socios de gobierno y daría al PSOE un argumento poderoso para resistir las presiones de adelanto electoral. Los estrategas del grupo parlamentario socialista han preparado, para este escenario, una declaración institucional que celebraría «la victoria del pluralismo y la derrota del bipartidismo de derechas», acompañada de una proposición no de ley que instaría al Gobierno a transferir competencias adicionales a Andalucía en materia de empleo, vivienda y transición energética como «reconocimiento a la voluntad popular». El grupo de Sumar, por su parte, tiene preparada una rueda de prensa en la que Yolanda Díaz celebraría el resultado como «la demostración de que España necesita un gobierno de coalición progresista fuerte y amplio», un mensaje que apuntaría tanto a reforzar su posición dentro del Gobierno como a presionar al PSOE para que no ceda ante las demandas del PP en los grandes pactos de Estado.
Más allá de los escenarios electorales, el lunes 19 estará dominado en el Congreso por la coincidencia del resultado andaluz con la convocatoria de la Sala Segunda del Supremo para deliberar sobre el caso Koldo. La sentencia de Marchena, que las fuentes judiciales sitúan ahora a entre diez y quince días de su publicación, tendrá efectos directos sobre el equilibrio parlamentario: si el Tribunal Supremo condena a José Luis Ábalos y confirma la trama de comisiones ilegales en la compra de mascarillas, el PP y Vox dispondrán de material para una ofensiva parlamentaria sin precedentes contra el PSOE, que tendría que defender a un exministro condenado mientras simultáneamente gestiona la crisis diplomática con Israel, la guerra comercial con Estados Unidos y la emergencia sanitaria del hantavirus. La confluencia de todos estos frentes en una sola semana parlamentaria — del lunes 19 al viernes 23 de mayo — ha llevado a los letrados del Congreso a calificar extraoficialmente la semana como «la semana de las tormentas perfectas», un nombre que, dado el parte meteorológico de la AEMET para mañana, resulta tanto metafórico como literal.
La mesa del Congreso, presidida por Francina Armengol, tiene previsto reunirse el lunes a las 10:30 para calificar las iniciativas que los grupos han registrado durante el fin de semana. El registro parlamentario, que habitualmente recibe entre 30 y 50 iniciativas por semana, espera recibir más de 120 entre el domingo a las 20:01 — un minuto después del cierre de urnas, cuando expira la jornada de reflexión — y el lunes a las 10:00. La avalancha de registros está coordinada por los equipos parlamentarios de los partidos, que tienen documentos preparados para cada escenario y que activarán el envío electrónico desde sus terminales del Congreso tan pronto como los primeros datos del escrutinio confirmen cuál de los tres escenarios se ha materializado. El letrado mayor del Congreso, Fernando Galindo, ha advertido a los grupos de que la mesa aplicará un criterio estricto de calificación para evitar que el debate parlamentario de la próxima semana se convierta en «un ajuste de cuentas electoral disfrazado de actividad parlamentaria», pero todos los grupos saben que el letrado mayor tiene poca capacidad para filtrar iniciativas que formalmente cumplen los requisitos reglamentarios aunque materialmente sean pura munición política.
El Senado, por su parte, cobra una relevancia especial en el escenario post-17-M por su función como cámara de representación territorial. Los cuatro senadores que Andalucía designa directamente a través de su Parlamento autonómico cambiarán de composición en función del resultado electoral, lo que podría alterar la correlación de fuerzas en una cámara donde el PP ya tiene mayoría absoluta. Si el PP mantiene o amplía su presencia en el Parlamento andaluz, los cuatro senadores designados seguirán siendo populares, reforzando una mayoría que permite al PP bloquear leyes orgánicas en el Senado — aunque no vetarlas definitivamente, dado que el Congreso puede superar el veto por mayoría absoluta. Si, en cambio, el tripartito de izquierdas se materializa, al menos dos de los cuatro senadores andaluces pasarían al bloque de la izquierda, reduciendo la mayoría del PP en el Senado de 12 a 10 escaños, un margen que, aunque cómodo, podría generar problemas en votaciones donde la disciplina de partido falle. La aritmética del Senado es especialmente relevante para la tramitación de la Ley de Vivienda y de la reforma de la Ley de Extranjería, dos proyectos legislativos que el Gobierno tiene atascados precisamente por la oposición del PP en la cámara alta.
Los partidos minoritarios que sostienen al Gobierno de Sánchez observan las elecciones andaluzas con una mezcla de interés estratégico y distancia programática. ERC, Bildu, PNV y Junts no presentan candidaturas en Andalucía, pero el resultado del 17-M afecta directamente a su poder de negociación en el Congreso. Una victoria aplastante del PP reforzaría la narrativa de alternancia y debilitaría la posición de Sánchez frente a sus socios, que podrían endurecer sus exigencias ante un presidente percibido como débil. Un resultado ajustado del PP, en cambio, permitiría a Sánchez argumentar que la derecha no es invencible y que mantener la coalición es la mejor estrategia para evitar un gobierno del PP con Vox a nivel nacional. Los negociadores de Junts, en particular, han condicionado su apoyo a los Presupuestos Generales del Estado de 2027 al resultado de varias elecciones autonómicas, y el 17-M es la primera de la serie: si el PP pierde la absoluta, Junts estará más dispuesto a negociar; si la gana, Puigdemont endurecerá las condiciones hasta hacer los Presupuestos políticamente imposibles.
A las 18:30 de este viernes, cuando los despachos del Congreso empiezan a vaciarse y los asesores guardan sus portátiles con los tres escenarios grabados en cada disco duro, la política española entra en un compás de espera de catorce horas y media que terminará mañana a las 09:00, cuando el primer votante andaluz introduzca su papeleta en una urna que, sin saberlo, estará decidiendo no solo quién gobierna su comunidad sino también el tono, la intensidad y la dirección de la batalla política que se librará en el Congreso de los Diputados durante los próximos meses. La paradoja del federalismo electoral español es que un voto en Linares afecta a una pregunta parlamentaria en Madrid, un escaño en Sevilla altera una negociación en Barcelona y un pacto en Andalucía condiciona una ley en el Senado. Mañana, a las 20:00, cuando la primera estimación de escaños aparezca en las pantallas de los informativos, 350 despachos del Congreso encenderán sus luces simultáneamente y 350 diputados abrirán el documento correspondiente al escenario que se haya cumplido, y la maquinaria parlamentaria, que hoy descansa por imperativo legal, volverá a girar con la fuerza de siempre, alimentada por el resultado de unas urnas que están a quinientos kilómetros pero que deciden lo que ocurrirá aquí.

