Buena parte de los hablantes asume que imprimido es una forma incorrecta o coloquial frente a impreso, cuando ambas cuentan con siglos de uso documentado y pueden emplearse sin distinción en los tiempos compuestos y en la pasiva perifrástica. La RAE pone como ejemplo las frases «hemos imprimido veinte ejemplares» y «habían impreso las copias en papel fotográfico», gramaticalmente equivalentes.
La propia Academia detalla la cronología de cada forma: impreso figura en textos desde el siglo XIII, mientras que imprimido aparece en documentos cultos a partir del siglo XV. Pese a esa validez compartida, la institución señala que impreso resulta hoy la forma más habitual, en particular en el uso hispanoamericano.
El fenómeno no es exclusivo de imprimir. La RAE recuerda que solo un grupo muy reducido de verbos del español actual conserva esta doble terminación: junto a imprimido/impreso figuran freír, con las formas freído y frito, y proveer, con proveído y provisto. En los tres casos, ambas variantes son aceptadas por la norma culta.
Distinto es el caso de los adjetivos terminados en -to que proceden de participios latinos, como correcto, abstracto, confuso, tinto o contracto. La Academia advierte de que estas palabras, aunque históricamente funcionaron como participios, hoy solo operan como adjetivos y no admiten uso verbal. Por eso resultan incorrectas construcciones como «he contracto matrimonio» o «los exámenes son correctos por el profesor», frente a las formas válidas «he contraído matrimonio» y «los exámenes son corregidos por el profesor».
La RAE ha despejado también otra duda ortográfica frecuente, la del término bidé, que define en su diccionario como el «aparato sanitario con forma de recipiente, ovalado y bajo, que recibe el agua de un grifo y sobre el que se sienta una persona para su higiene íntima». La institución precisa que la palabra procede del francés bidet, pero que su adaptación correcta al español exige tilde en la e: bidé.
«La adaptación asentada en el uso en español es bidé», ha señalado la Real Academia Española en respuesta a una consulta sobre la grafía del término procedente del francés.
El Diccionario panhispánico de dudas recoge un ejemplo de uso literario para ilustrar la grafía: «En el Palacio Real no hay bidés», tomado de la obra Nosferatu, de Nieva, publicada en España en 1993. La Academia aclara con él tanto la forma singular como el plural del término, y precisa que escribir bidet, sin adaptar, constituye un galicismo válido únicamente en francés pero no en español.

