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Colombia vota en primera vuelta entre la continuidad del petrismo y el giro a la derecha

Los comicios presidenciales se celebran con el debate sobre el sistema constitucional en el centro de la campaña.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid·
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Colombia celebra la primera vuelta de sus elecciones presidenciales, una cita en la que se dirime la continuidad del proyecto político del petrismo o un viraje hacia la derecha. La campaña ha situado el sistema constitucional en el centro del debate. El resultado marcará la orientación del país y el rumbo de las reformas impulsadas en los últimos años.

Colombia celebra este domingo la primera vuelta de sus elecciones presidenciales en una jornada que enfrenta la continuidad del proyecto de Gustavo Petro —primer mandatario de izquierda en la historia del país, en el poder desde agosto de 2022— con una oferta de derecha y centroderecha que aspira a revertir las reformas emprendidas en los últimos tres años. El resultado no determinará un ganador definitivo, sino la correlación de fuerzas antes de la segunda vuelta.

La Constitución de 1991, objeto de disputa electoral

El eje estructural de la campaña no ha sido la gestión ordinaria del gobierno sino la arquitectura del propio Estado. La Constitución de 1991, aprobada mediante una Asamblea Nacional Constituyente convocada bajo la presidencia de César Gaviria, refundó Colombia tras décadas de violencia política y estableció un catálogo amplio de derechos fundamentales, la tutela como mecanismo de protección ciudadana y un diseño institucional de checks and balances que ha condicionado todos los gobiernos posteriores. La posibilidad de una reforma sustancial o de una nueva constituyente ha regresado al debate público durante esta campaña, activando sensibilidades profundas en ambos extremos del espectro político.

El petrismo ha defendido que la Constitución de 1991, pese a sus avances, ha sido instrumentalizada por poderes económicos y judiciales para bloquear reformas estructurales en salud, pensiones y política agraria. Sectores de derecha y centroderecha, por su parte, han advertido que cualquier proceso constituyente impulsado desde el ejecutivo supondría un riesgo para la separación de poderes y para la seguridad jurídica del país, según han sostenido públicamente dirigentes de partidos como el Centro Democrático y Colombia Justa Libres a lo largo de la campaña.

El petrismo ante el desgaste de tres años de gobierno

Petro llegó al poder en junio de 2022 con el 50,44 % de los votos en segunda vuelta, según datos certificados por la Registraduría Nacional del Estado Civil, derrotando al candidato de derecha Rodolfo Hernández en la ronda definitiva. Fue la primera vez en la historia republicana colombiana que un candidato identificado con la izquierda alcanzó la presidencia. Su coalición, agrupada bajo la etiqueta Colombia Humana-Pacto Histórico, impulsó proyectos de reforma al sistema de salud, una reforma agraria y una política de paz total con grupos armados que incluye negociaciones simultáneas con distintas organizaciones.

El ejercicio de gobierno ha generado tensiones institucionales documentadas: el Congreso archivó o modificó sustancialmente varias de las reformas bandera del ejecutivo, y la relación entre el gobierno y la Corte Constitucional ha sido objeto de controversia pública. La candidatura continuista afronta la primera vuelta con el desgaste inherente a cualquier ciclo de poder y con la necesidad de demostrar que la movilización electoral de 2022 mantiene su vigor tres años después.

La derecha ante una restauración con nuevo contexto regional

Las fuerzas de derecha y centroderecha colombianas gobernaron de forma casi ininterrumpida durante las últimas décadas, con figuras como Álvaro Uribe Vélez —presidente entre 2002 y 2010 y referente ideológico del Centro Democrático— e Iván Duque —su sucesor hasta 2022— como ejes del modelo de seguridad democrática y ortodoxia económica que el petrismo vino a cuestionar. Un eventual triunfo del bloque de derecha en esta elección se inscribiría, por tanto, en el patrón histórico dominante, aunque el contexto regional lo dota de una significación distinta.

América Latina acumula desde 2019 una serie de experimentos constituyentes de resultado dispar: Chile rechazó en referéndum dos propuestas de nueva constitución, en 2022 y 2023 respectivamente; Venezuela consolidó su sistema bajo la constitución bolivariana de 1999; Bolivia aprobó la suya en 2009. Estos precedentes han alimentado el debate colombiano sobre si una reforma de fondo es viable sin desestabilizar las instituciones, y han sido invocados por distintas fuerzas durante la campaña como argumentos tanto a favor como en contra del cambio constitucional.

El sistema electoral y el papel decisivo del centro

El marco normativo aplicable es el Código Electoral colombiano, que establece que la presidencia se obtiene con mayoría absoluta de los votos válidos en primera vuelta. Si ningún candidato supera ese umbral —escenario que se ha repetido en todas las elecciones presidenciales desde 1994—, se celebra una segunda vuelta tres semanas después entre los dos candidatos más votados. Este diseño otorga a los partidos de centro y a sus electorados un poder de arbitraje determinante: sus apoyos explícitos o tácitos en la ronda definitiva han decidido el resultado en varias ocasiones, incluida la de 2022.

La primera vuelta funciona así como una medición de fuerzas que no cierra ningún resultado pero sí establece qué candidatos tienen capacidad negociadora para articular mayorías. Los acuerdos programáticos o tácticos que se firmen en las semanas siguientes a la jornada de hoy definirán en buena medida la geometría política de la segunda vuelta.

Las reformas en juego y las relaciones regionales

Más allá del debate constitucional, los comicios tienen implicaciones directas sobre políticas concretas. La reforma al sistema de salud, que el gobierno Petro impulsó para sustituir las Entidades Promotoras de Salud (EPS) por un modelo de gestión pública, quedó sin aprobación legislativa en su forma original y sigue sin resolución definitiva. La política agraria, articulada en torno a la compra de tierras para redistribución, y la llamada paz total con grupos armados —que incluye mesas de negociación con el ELN y conversaciones con disidencias de las FARC— son igualmente objeto de posiciones irreconciliables entre los bloques en disputa.

En el plano regional, Colombia mantiene relaciones diplomáticas tensas con Venezuela desde la ruptura bajo Duque, parcialmente normalizadas por Petro, y ha sido interlocutor en distintos procesos de mediación latinoamericana. Un cambio de gobierno implicaría, según han señalado analistas de la región, una reorientación de esas relaciones hacia posiciones más alineadas con los gobiernos de derecha del continente, como los de Argentina o Ecuador.

Plazos y escenarios tras la jornada de hoy

Si ningún candidato supera el 50 % este domingo —el escenario más probable según los sondeos publicados antes del cierre de campaña—, la segunda vuelta se celebraría tres semanas después, en una fecha que la Registraduría fijará conforme al calendario electoral vigente. Ese período será de intensa negociación política. La dirección que tome Colombia —si profundiza el ciclo de reformas iniciado en 2022 o si lo interrumpe mediante la alternancia— tendrá consecuencias sobre el modelo de gestión del conflicto armado interno, el tratamiento de la cuestión constitucional y el posicionamiento del país en una región donde la polarización entre proyectos de distinto signo no ha amainado. La jornada de hoy ofrece el primer dato concreto para calibrar esa correlación de fuerzas.

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