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China rechaza una «competencia maliciosa» con Estados Unidos por la inteligencia artificial

El portavoz Guo Jiakun advirtió que los «discursos de amenaza» solo «perturban la gobernanza global de la IA» y «no benefician a nadie».

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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El gobierno de China rechazó este lunes que sostenga una carrera de «confrontación y competencia maliciosa» con Estados Unidos por el dominio de la inteligencia artificial, en respuesta a las advertencias de directivos tecnológicos estadounidenses sobre los riesgos de una aceleración descontrolada. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Guo Jiakun, pidió a «todas las partes» trabajar de forma «abierta, inclusiva» y «orientada hacia el bien común» en el desarrollo de esta tecnología.

"Los discursos de amenaza, confrontación y competencia maliciosa solo sirven para perturbar el proceso de gobernanza global de la IA y no benefician a nadie", declaró Guo Jiakun, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China.

El pronunciamiento de Pekín llega en un momento de tensión creciente entre las dos mayores economías del mundo por el control de una tecnología que ambos gobiernos consideran estratégica para su seguridad nacional y su liderazgo económico. Estados Unidos mantiene desde hace años restricciones a la exportación de semiconductores avanzados hacia China, con el objetivo declarado de frenar el acceso de Pekín a los chips necesarios para entrenar modelos de inteligencia artificial de última generación.

A pesar de esas barreras, la innovación china en el sector se ha expandido apoyada en tecnología de código abierto y en el respaldo estatal, aunque la mayoría de analistas coincide en que Estados Unidos conserva la delantera, mientras las empresas chinas intentan competir con la magnitud de inversión que los fondos estadounidenses destinan a sus laboratorios de IA.

La declaración del portavoz responde de forma directa a los llamamientos del director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, quien pidió ralentizar el desarrollo de la inteligencia artificial pero sin que ello permita a China tomar la delantera tecnológica. Esa postura resume el dilema que enfrentan varios de los principales laboratorios estadounidenses: reclamar cautela ante los riesgos de la tecnología sin ceder terreno frente a su principal competidor.

El propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha restado importancia a los riesgos de la inteligencia artificial y ha situado el objetivo de mantener la ventaja sobre China por encima de cualquier freno regulatorio. "Quien gane en inteligencia artificial, gana", declaró el mandatario estadounidense, en una frase que ilustra el enfoque geopolítico con que Washington aborda la competencia tecnológica.

Las advertencias de directivos estadounidenses

La disputa diplomática se produce en paralelo a un debate cada vez más intenso dentro de Estados Unidos sobre los peligros de un desarrollo acelerado de la inteligencia artificial. Jacob Coxon, exinvestigador de Anthropic, advirtió la semana pasada que "hay una alta probabilidad de que todos podamos morir en un futuro inmediato" si continúa el ritmo actual de avance tecnológico, una afirmación que reavivó el debate público sobre los límites necesarios.

"Necesitamos maneras de garantizar que las técnicas de alineación y seguridad se mantengan a la vanguardia del progreso en las capacidades de los modelos", escribió el director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, en la red social X.

Esa postura fue respaldada por el jefe de Microsoft, Satya Nadella, quien sostuvo que el desarrollo de la inteligencia artificial "no puede ser controlado por un puñado de entidades". Coxon, por su parte, planteó ante la BBC la necesidad de "algún tipo de desaceleración coordinada con China si queremos evitar una carrera a escala internacional", una idea que choca con los intereses de seguridad nacional que ambos gobiernos anteponen a cualquier acuerdo bilateral.

Chang Jun Yan, profesor adjunto del programa de estudios militares de la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam de Singapur, calificó de "prácticamente imposible" un pacto entre Washington y Pekín para regular el desarrollo de la inteligencia artificial. "Como parte de los intereses fundamentales de seguridad nacional de cada estado, la cooperación para avanzar con más lentitud y seguridad en relación con la IA es muy, muy improbable", sostuvo el académico.

Pekín también ha reconocido públicamente los riesgos de la tecnología, aunque enmarcados en un discurso de soberanía y control estatal. El ministro de Seguridad del Estado, Chen Yixin, escribió el domingo que China debe "equilibrar el desarrollo y la seguridad" e introducir y mejorar "las leyes y directrices éticas pertinentes", además de reforzar la prevención de riesgos para "salvaguardar los intereses del pueblo y la seguridad nacional". El funcionario advirtió además sobre el uso de la inteligencia artificial por parte de "fuerzas hostiles", en referencia a servicios de inteligencia extranjeros.

En julio, China impulsó la creación de la Organización Mundial de Cooperación en IA, con el objetivo de participar en la definición de las reglas globales sobre gobernanza de la tecnología. El líder chino, Xi Jinping, amplió esa apuesta el domingo durante la cumbre de los BRICS celebrada en India, donde propuso la creación de una comunidad internacional para la inteligencia artificial de código abierto, en línea con su ofrecimiento como mediador en otros frentes internacionales, como recogió recientemente su propuesta de mediación para la paz en el Golfo desde los BRICS.

Trump recibe a Xi la próxima semana

El trasfondo de estas declaraciones es la preparación de un encuentro entre Trump y Xi Jinping en la Casa Blanca la próxima semana, en el que ambas partes buscan incluir la inteligencia artificial en la agenda de conversaciones, según informó el diario South China Morning Post. Ese mismo diario apunta que el asunto figuraría en los contactos entre el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino, He Lifeng, quien dirige la agencia que supervisa la planificación económica del país, incluido el desarrollo de la inteligencia artificial.

Existen bases técnicas que podrían favorecer cierta cooperación puntual entre ambas potencias, más allá de la retórica de confrontación. La investigadora sénior sobre China del Atlantic Council, Kenton Thibaut, señaló que Washington y Pekín comparten una comprensión similar de los riesgos en juego, y que los desarrolladores chinos tendrían razones técnicas para colaborar con Estados Unidos, entre ellas la posibilidad de observar cómo se implementan sus modelos fuera de China y detectar vulnerabilidades comunes.

El encuentro entre Trump y Xi, previsto para la próxima semana, será la prueba de si la disputa por la inteligencia artificial se mantiene como un frente más de rivalidad estratégica o si abre, aunque sea de forma limitada, algún espacio de entendimiento entre las dos potencias que concentran la mayor parte de la inversión y el desarrollo mundial en esta tecnología.

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