"China está dispuesta a trabajar con los demás miembros de los BRICS para desempeñar el papel que le corresponde en el logro de la paz y la estabilidad en Oriente Próximo y la región del Golfo", declaró Xi Jinping, presidente de China, a su llegada a Nueva Delhi.
La ofensiva de Estados Unidos e Israel del 28 de febrero, que derivó en la expansión de la guerra en Irán y en el resto de Oriente Próximo, dejó a Pekín en un papel de mediador discreto, respaldando los esfuerzos de Pakistán y planteando distintas fórmulas para alcanzar un acuerdo. Ese antecedente es el que Xi retomó en la capital india, donde los líderes de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, junto con los socios del bloque ampliado, discuten desde este fin de semana la agenda del grupo.
El mensaje de Xi se apoya en la tesis que Pekín ha sostenido desde el estallido de la guerra: que el conflicto trasciende las fronteras regionales y que su resolución exige apego a los principios del derecho internacional. China ha insistido en que "la presión militar no es la solución" y ha cuestionado también la estrategia de asfixia económica, en lo que supone una crítica a la política de sanciones aplicada contra Teherán.
En sus declaraciones, Xi subrayó que la guerra "no responde a los intereses comunes de la comunidad internacional" y remarcó que "el diálogo y la negociación son el camino correcto" para poner fin a las hostilidades. La formulación repite el lenguaje que Pekín ha empleado en otros foros multilaterales, en los que ha evitado alinearse abiertamente con ninguno de los bandos del conflicto mientras defiende una salida negociada.
El posicionamiento chino se inscribe en un debate internacional en el que otros actores han elevado el tono frente a conflictos que involucran a Estados Unidos, como reflejan los exiliados nicaragüenses que piden a Washington una intervención militar contra Ortega. Frente a esas fórmulas de presión, Pekín ha optado por presentarse como interlocutor de una salida negociada.
La cumbre de los BRICS en Nueva Delhi reúne a las principales economías emergentes fuera del bloque occidental. En ese escenario, Xi busca consolidar el papel de China como interlocutor alternativo a Estados Unidos en la gestión de la crisis del Golfo, un frente que desde febrero ha concentrado buena parte de la atención diplomática mundial. "La guerra no responde a los intereses comunes de la comunidad internacional", insistió el mandatario chino, según Xinhua.