La encuesta del Centro de Estudios Andaluces (CENTRA) publicada este sábado a las nueve de la mañana — una hora que los estrategas electorales consideran óptima para garantizar la máxima cobertura mediática del fin de semana — ha confirmado las tendencias que vienen dibujándose desde hace semanas pero con matices que han puesto en alerta a los cuarteles generales de todos los partidos. El Partido Popular de Juanma Moreno se sitúa en el 42,4% de intención de voto, una cifra que le coloca a las puertas de la mayoría absoluta pero que, según los analistas demoscópicos, dependerá de variables tan impredecibles como la participación diferencial en las circunscripciones rurales de Jaén y Córdoba, donde el PP ha ganado más de seis puntos en los últimos tres meses a costa de un PSOE que se desangra por la herida abierta del caso Koldo y por la percepción generalizada de que el partido de Pedro Sánchez ha perdido la conexión con el electorado andaluz de clase trabajadora que fue su base histórica durante cuarenta años. El PSOE se hunde hasta el 20,1%, su mínimo histórico en Andalucía, y la candidata socialista María Jesús Montero afronta la recta final de la campaña con la doble presión de tener que defender un partido lastrado por los escándalos judiciales en Madrid y de competir en un territorio que su formación gobernó ininterrumpidamente desde mil novecientos ochenta y dos hasta dos mil dieciocho. Pero el dato que más ha inquietado a los analistas del PP es el crecimiento sostenido de Vox, que sube hasta el 14,7% en esta encuesta, un punto y medio más que en el sondeo anterior, y que podría traducirse en un aumento de entre dos y cuatro escaños que, si se suma a la pérdida de apoyos del PP en las circunscripciones de menor tamaño, podría obligar a Moreno a depender de la abstención de Vox para gobernar, un escenario que el presidente andaluz ha descartado públicamente pero que sus propios asesores contemplan ya como una posibilidad matemática que requiere preparación.
Alberto Núñez Feijóo ha pasado el día en Ceuta, una decisión que sus estrategas han calculado con la precisión de un relojero suizo: al visitar la ciudad autónoma en el Día de Europa, el líder del PP ha conseguido vincular tres mensajes en una sola jornada — la defensa de las fronteras españolas en un momento de dolor por la muerte de guardias civiles, la reivindicación del europeísmo como valor compartido por la derecha española y la propuesta concreta de un estatuto de región ultraperiférica para Ceuta y Melilla que permitiría a ambas ciudades acceder a fondos estructurales europeos que ahora les están vedados. La propuesta, que Feijóo ha detallado en una rueda de prensa celebrada en la sede de la Delegación del Gobierno en Ceuta con el telón de fondo del Estrecho de Gibraltar, consiste en solicitar la inclusión de las dos ciudades autónomas en el artículo 349 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, que actualmente reconoce como regiones ultraperiféricas a Guadalupe, Guayana Francesa, Reunión, Martinica, Mayotte, San Martín, Azores, Madeira y Canarias. Feijóo ha argumentado que Ceuta y Melilla cumplen los cinco criterios que el Tratado establece para esta categoría — lejanía del continente europeo, insularidad o aislamiento geográfico, reducida superficie, condiciones climáticas y económicas desfavorables y dependencia de un número reducido de productos — y ha anunciado que, si gobierna después de las próximas generales, elevará la solicitud al Consejo Europeo en su primera cumbre como presidente del Gobierno. La propuesta ha sido recibida con escepticismo por los analistas de política europea, que recuerdan que cualquier modificación del artículo 349 requiere unanimidad de los veintisiete Estados miembros y que Francia y Portugal, que tienen sus propias regiones ultraperiféricas, podrían oponerse a una ampliación que diluiría los fondos disponibles para sus territorios.
El debate electoral de Canal Sur que fue suspendido el viernes a las tres de la tarde cuando la cadena pública andaluza interrumpió su programación habitual para emitir un especial sobre la tragedia de Huelva será reprogramado para el lunes a las diez de la noche con un formato modificado que ha generado una negociación intensa entre los equipos de los cinco principales candidatos a lo largo de todo el sábado. El formato original preveía cinco bloques temáticos de quince minutos cada uno — economía, sanidad, educación, territorio y modelo autonómico —, pero la tragedia de la narcolancha ha obligado a incluir un bloque inicial de veinte minutos sobre seguridad marítima, narcotráfico y medios de las fuerzas de seguridad en Andalucía que no estaba previsto y cuya inclusión ha provocado un tira y afloja entre los partidos que ha durado hasta las ocho de la tarde. El PP ha sido el más interesado en ampliar este bloque, consciente de que la muerte de los guardias civiles le proporciona un terreno argumental donde puede atacar al gobierno central sin que el PSOE disponga de réplica eficaz; Vox ha apoyado la ampliación y ha propuesto incluso que el debate se centre exclusivamente en la seguridad, una propuesta que ha sido rechazada por el resto de formaciones; el PSOE ha aceptado la inclusión del bloque pero ha exigido que se limite a quince minutos y que no incluya preguntas sobre el caso Koldo, una condición que Canal Sur ha rechazado argumentando que la libertad editorial de la cadena no puede estar sujeta a vetos de los partidos; Sumar ha propuesto que el bloque se centre en las condiciones laborales de las fuerzas de seguridad más que en el narcotráfico en sí mismo; y Adelante Andalucía ha condicionado su participación a que se incluya también un bloque sobre vivienda que no figuraba en el formato original. Finalmente, a las ocho y quince de la tarde, los cinco partidos han aceptado un formato de seis bloques de doce minutos con el siguiente orden: seguridad marítima y narcotráfico, economía y empleo, sanidad, educación, vivienda y modelo territorial.
El acuerdo tácito entre los partidos andaluces para no hacer campaña activa mientras dure el luto nacional ha funcionado razonablemente bien durante la jornada del sábado, pero los observadores más experimentados de la política andaluza advierten de que la tregua tiene los días contados y que la reanudación de la campaña el martes — después del funeral del lunes — promete ser de una intensidad sin precedentes, con apenas cinco días hasta las urnas y con una agenda que ha mutado radicalmente respecto a la que los partidos habían preparado antes de la tragedia de Huelva. El PP de Juanma Moreno, que antes de la muerte de los guardias civiles basaba su campaña en la gestión económica de Andalucía y en el contraste entre la estabilidad del gobierno autonómico y el caos judicial del gobierno central, ha incorporado ahora la seguridad marítima como un tercer pilar de su discurso que le permite atacar simultáneamente al gobierno de Sánchez por su gestión del Interior y a Vox por su voto en contra de los presupuestos de Defensa que incluían partidas para la modernización del SERMAR. El PSOE de Montero, por su parte, se encuentra en la posición más incómoda de todas: tiene que defender la gestión de un ministerio del Interior que ha reconocido implícitamente su negligencia al abrir el expediente disciplinario, y al mismo tiempo tiene que evitar que la tragedia contamine aún más la percepción de un partido que ya arrastra el lastre de los casos Koldo, Begoña y Kitchen. Montero ha optado por una estrategia de perfil bajo durante la tregua: ha asistido a la capilla ardiente de Huelva a las dos de la tarde, ha expresado su pésame a las familias en privado y se ha abstenido de hacer declaraciones políticas, un silencio que sus asesores consideran la única opción viable en un momento en el que cualquier palabra puede ser utilizada en su contra.
Vox es el partido que más puede beneficiarse de la nueva dinámica electoral generada por la tragedia, y su equipo de campaña lo sabe. El candidato de Vox, Macarena Olona — que ha vuelto a Andalucía para esta tercera candidatura tras su fracaso en dos mil veintidós —, ha pasado el día en Algeciras, la ciudad que concentra las operaciones contra el narcotráfico en el Estrecho, donde ha visitado la base del SERMAR y se ha fotografiado con agentes del servicio que, según fuentes del partido, le han transmitido su frustración por la falta de medios en conversaciones que Olona ha grabado con su teléfono para utilizarlas como material de campaña a partir del martes. La estrategia de Vox es clara: convertir la seguridad marítima en una cuestión de soberanía nacional que conecte con su discurso habitual sobre inmigración ilegal y fronteras, un giro narrativo que le permite capitalizar el dolor ciudadano sin necesidad de moderar su tono. Las encuestas sugieren que este enfoque está funcionando: el crecimiento de Vox del 13,2% al 14,7% en apenas dos semanas coincide cronológicamente con el aumento de la tensión en el Estrecho y con la cobertura mediática de las operaciones del SERMAR, una correlación que los demoscópos no consideran casual. Sumar, por su parte, intenta navegar un terreno difícil entre la empatía con las víctimas y la crítica al modelo de seguridad que considera militarista y represivo, y Adelante Andalucía ha centrado su mensaje en la responsabilidad del narcotráfico como fenómeno social vinculado a la pobreza y la exclusión de las comarcas costeras del suroeste andaluz.
El Día de Europa ha pasado este año prácticamente desapercibido en el resto de España, eclipsado no solo por el duelo de Huelva sino también por la percepción generalizada de que la Unión Europea se encuentra en un momento de fragilidad existencial que hace difícil celebrar con entusiasmo los valores de integración y cooperación que inspiraron la Declaración Schuman de mil novecientos cincuenta. La ceremonia del Congreso, con sus cuatro diputados y su café institucional, ha sido el reflejo parlamentario de un desencanto europeísta que las encuestas registran con creciente claridad: según el último Eurobarómetro publicado en abril, solo el cincuenta y dos por ciento de los españoles considera que la pertenencia a la UE ha sido positiva para España, frente al setenta y uno por ciento que opinaba lo mismo en dos mil diecinueve, antes de la pandemia, la crisis energética y la guerra comercial con Estados Unidos. Los analistas de política europea atribuyen este descenso a la incapacidad de Bruselas para ofrecer respuestas rápidas y visibles a las crisis que afectan a la vida cotidiana de los ciudadanos — la inflación, el empleo precario, la vivienda, la inmigración —, una incapacidad que el ultimátum arancelario de Trump ha puesto de manifiesto con una crudeza que resulta difícil de ignorar. En las calles de Madrid, las escasas banderas europeas que ondean en los edificios oficiales comparten espacio con los crespones negros del luto por Huelva, una imagen que resume con exactitud involuntaria el estado de ánimo de un país que tiene demasiados frentes abiertos para detenerse a celebrar una idea — la de Europa — que cada día le resulta más abstracta y más lejana.
La noche cae sobre un panorama político español que se parece cada vez más a un tablero de ajedrez donde ningún jugador puede mover sus piezas sin exponer su rey. El PP tiene la iniciativa pero no la mayoría; el PSOE tiene la defensa pero no la narrativa; Vox tiene el viento a favor pero no la credibilidad institucional; Sumar tiene el discurso pero no los votos; y Adelante Andalucía tiene la autenticidad territorial pero no la proyección mediática. A ocho días del 17-M, la campaña andaluza se ha convertido en un laboratorio involuntario de cómo una democracia gestiona la superposición de una tragedia humana, una crisis de seguridad, un escándalo judicial, una amenaza comercial exterior y una elección regional, todo al mismo tiempo y sin manual de instrucciones. Los asesores de los partidos trabajan esta noche a contrarreloj para preparar los discursos del martes, cuando se reanude oficialmente la campaña tras el funeral del lunes, conscientes de que el tono con el que cada candidato regrese a la arena pública determinará en buena medida el resultado del diecisiete de mayo. El primer debate de Canal Sur del lunes, el funeral de Huelva y las encuestas que se publicarán el martes compondrán un tríptico que podría redefinir una campaña que, hasta hace cuarenta y ocho horas, parecía decidida y que ahora se ha vuelto radicalmente impredecible.
En el Congreso de los Diputados, las luces del hemiciclo se han apagado a las ocho de la tarde después de la ceremonia del Día de Europa y no se volverán a encender hasta el lunes, cuando la actividad parlamentaria retome su pulso habitual con la sesión de la Comisión de Interior que prometió el presidente de la cámara para abordar la situación del SERMAR. El edificio de la Carrera de San Jerónimo, vaciado de diputados y de periodistas, conserva sin embargo la energía latente de las batallas que se librarán en sus muros la semana próxima: la posible sentencia del caso Koldo, la proposición del PP sobre el SERMAR, el control al gobierno sobre la crisis del Hondius, el debate sobre las relaciones comerciales con Estados Unidos y, sobrevolándolo todo, la campaña del 17-M que transformará cada intervención parlamentaria en un acto de campaña encubierto. España termina este sábado nueve de mayo de dos mil veintiséis como lo empezó: con más preguntas que respuestas, con más frentes que recursos para atenderlos y con una clase política que oscila entre la solemnidad del duelo y el cálculo del voto con una agilidad que resultaría admirable si no fuera tan profundamente cínica.

